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Martes , 16.10.2018 / 05:52 Hoy

¡Se acabó la crisis!

Mentiras, condición principal del funcionario que se llena las manos por tener poder político.

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Sí, se acabó, no importa que sea absurdo y permitido dentro de los lineamientos de un género como la comedia fársica, donde el autor, con premeditación, emplea el género para oponer resistencia al statu quo y hacer escarnio de élites y de la clase media.

El autor de Murieron por encima de sus posibilidades no solo desnuda los vicios de los que sustentan el poder económico, las cucarachas —no son únicamente españolas—, sino también de los neuróticos capaces de cometer un crimen por “accidente” y que son condenados a la psiquiatría por enfermos mentales, por atreverse a ir contra la norma establecida, es decir, por ser anarquistas. Ellos son los duendes aristofánicos, los novatos confundidos.

Sabemos que dentro del absurdo todo es posible, que dos amigos de negocios entren a una lavandería, se introduzcan por una lavadora y salgan a un restaurante donde uno de ellos le revela al otro que el negocio salió mal y que lo siente, permite que el otro amigo no pueda asimilarlo y lo estrangule. Esto, dentro del absurdo, no es absurdo: es normal, y por eso se convierte en un disparate cómico.

Cinco anarquistas deciden secuestrar al presidente del Banco Central de España, y lo más natural es que el alto funcionario se burle de ellos porque quieren acabar con los preceptos socioeconómicos del neoliberalismo. Así, el funcionario resulta más hábil porque los novatos son simplemente idealistas, y la perogrullada es de lo más simple pero tiene fuerza. La película plantea una utopía que causa hilaridad porque a todos nos queda el saco a la medida.

Aunque todo se vuelve apariencia y engaño, significa que estamos acostumbrados a ver crisis porque nacimos con ella, por eso estamos locos y pensamos que la mejor solución es secuestrar al potentado y secuaces para establecer otro absurdo: ponerle precio a sus órganos.

De esa forma resulta fascinante cuando aceptamos la metáfora como una proyección, una farsa cómica donde la imaginación enseña que todo se vuelve apariencia y engaño; por eso hay un restaurante dentro de una lavadora y, debajo de un pesquero por el que nadie daría un peso, las bodegas herméticas del gobierno llenas de dinero. Es decir mentiras, condición principal del funcionario que se llena las manos por tener poder político.

¡Se acabó la crisis! ¡Qué bueno que no ganan los de siempre! De esa forma los malos aquí se convierten en una humorada que satisface el deseo más oscuro de nuestro pensamiento: darle su merecido a los que se benefician con el manejo de las arcas del Estado.

“Murieron por encima de sus posibilidades” (España, 2014), dirigida por Isaki Lacuesta, con Raúl Arévalo e Imanol Arias.

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