Los santos de la frontera norte

Un proyecto académico sobre las religiosidades alternativas a la fe católica en el país se tradujo en una serie de seis documentales de importancia histórica, cultural y social.
Los santos de la frontera norte.
Los santos de la frontera norte. (Especial)

Ciudad de México

Con la serie de documentales generados como parte del proyecto “Mística popular transfronteriza. Tradiciones, mitos y santos populares en la frontera México-Estados Unidos”, el investigador del Colegio de la Frontera Norte, José Manuel Valenzuela Arce, pone de manifiesto que la matriz cultural, mística, y religiosa de nuestro país es profundamente luminosa.

Hasta el momento, este trabajo ha logrado concretar seis documentales, dirigidos por Pável Valenzuela Arámburo, Sergio Saldaña Romero y Oswald Tiznado Valenzuela, quienes buscan compartir una amplia reflexión sobre el tema, lleno de manifestaciones que cambian constantemente, o bien se adaptan a las circunstancia del entorno en que se encuentren.

José Manuel Valenzuela Arce considera que “desde los años setenta la religión predominante en el país, la católica, ha perdido fuerza y seguidores, quienes han encontrado consuelo en otras propuestas u organizaciones que a su vez son producto de complicados procesos sociales de cambio. Al ubicar nuestro trabajo en la región fronteriza norte, tenemos que reconocer que uno de los factores determinantes para el desarrollo de manifestaciones de religiosidad, están relacionadas con el crecimiento de cárteles, la violencia, la migración de las comunidades y la consecuente falta de oportunidades. En un principio, el estudio se enfocó en casos representativos de manifestaciones transfronterizas de devoción a figuras que se han convertido en santos contemporáneos por razones muy diversas. Tenemos el caso de Jesús Malverde y Juan Soldado en Sinaloa, el Niño Fidencio en Nuevo León y la Santa Muerte, culto que se manifiesta en el Distrito Federal, parte del norte de México, Tijuana y Nuevo Laredo, así como en el sur de Estados Unidos, en particular en la ciudad de Los Ángeles, California.

Todos ellos surgieron en sectores de la sociedad con pocas oportunidades de desarrollo, en zonas donde la inseguridad se ha extendido, al igual que lo ha hecho la lucha por el control de las plazas entre los propios criminales, lo cual ha cambiado la relación de las personas con estas figuras”.

El estudio, coordinado por José Manuel Valenzuela Arce, inició como una propuesta que incluía la edición de tres libros de análisis a través de ensayos y artículos, divididos por regiones para abarcar todo el país, “pero conforme avanzó nuestro trabajo encontramos que se podía extender al formato del documental, para desarrollar un discurso distinto y llegar a un público mucho más amplio, así que realizamos seis filmes con entrevistas o testimonios de los involucrados con cada caso, mismos que van de quienes profesan el culto, así como las diversas explicaciones de cómo surgieron. Son resultado de una labor etnográfica intensa, articulada en dos ejes principales que definimos como manifestaciones de la precarización social, de ahí que los favores solicitados por los devotos estén relacionados con la salud, con la posibilidad de sacar a un familiar de la cárcel, garantizar la educación de los hijos, el empleo, asuntos que no tendría por qué resolverse desde un campo supranatural.

“El segundo eje se refiere a una matriz cultural imperante en el país, vinculada con aspectos místicos y religiosos, lo cual la hace profundamente luminosa, esto significa que existe una impronta religiosa muy fuerte en la población mexicana, que no se corresponde de manera específica con la devoción católica —como sería la santería y las tradiciones prehispánicas”.

Por ejemplo, explica el especialista, detrás de la Virgen de Guadalupe está la diosa madre Tonantzin, y detrás del señor de Chalma está Oztoteotl. Un ejemplo más reciente es el de la Santa Muerte cuyo culto se nutre de fuentes que no se contraponen, “por el contrario, cada vez es más frecuente encontrar personas que profesan otros cultos pero que no ven ningún problema en incorporan esta figura —o algunas de las otras mencionadas— a sus creencias, sin dejar de ir a misa y seguir todos los rituales de la religión católica. Además, esta deidad se ha extendido más allá de los sectores más pobres para encontrarla en ámbitos de la burocracia e incluso académicos, quienes acostumbran hacerse una limpia o bien llevar algún amuleto; esto es lo que nos comprueba el tipo de religiosidad luminosa que tenemos en nuestra sociedad. Hay un tercer elemento a añadir a todo este análisis, el cual se refiere a la falta de capacidad de las instituciones religiosas para cumplir con las necesidades espirituales de la población, hay por parte de ellos abandono y falta de sensibilidad frente a lo que han sido los cambios en nuestra sociedad, una falta de involucramiento y perspectiva de lo que deberían de ser estas instituciones para atender estas circunstancias”.

Algunos de los filmes realizados hasta ahora son los documentales dirigidos en 2012 por Pável Valenzuela Arámburo: Cuchumá: la montaña sagrada de Tecate, que recoge las voces de nativos k’miai, personajes emblemáticos del yoga y la difusión de la filosofía hindú neomexicanista, que realizan ceremonias en la montaña; Santísima Muerte: Niña blanca, Niña bonita, se refiere a las prácticas y culto en la frontera México-EU a partir de esta figura; Niño Fidencio se enfoca en un personaje que en Nuevo León se hizo famoso a principios del siglo pasado por sus capacidades para sanar a los enfermos, y Malverde: el mito santificado ilustra las creencias que en torno a él se han generado.

El trabajo dirigido por Sergio Saldaña Romero y Oswald Tiznado Valenzuela documenta el caso de Juan Soldado: el santo de los migrantes (2012), adentrándose en la apropiación y uso social de un mito que convirtió a un violador y asesino en un mártir milagroso. En la actualidad es conocido como el santo al que se encomiendan quienes intentan cruzar la frontera con Estados Unidos.