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Sábado , 21.07.2018 / 05:12 Hoy

Sancho aburrido

Ensayo


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Alfonso Utrilla

Hace tiempo me dispuse a leer todo lo que me encontrara con la palabra Quijote, además por supuesto de la obligada lectura anual de la obra de Cervantes. He leído un gran número de análisis, conclusiones y supuestos en torno al Caballero de la Triste Figura y su escudero.

Entre los temas que más disfruto —y a los cervantistas discutir— están las razones de Sancho para salir a la aventura con un individuo que frisa los cincuenta y lleva puestas las armas de su bisabuelo. No quisiera pecar de ingenuo y pensar que mi idea es original, pero nunca me he topado con la explicación que me parece más lógica: Sancho Panza estaba terriblemente aburrido.

Uno se puede imaginar lo aburrida que podía ser la vida en España en el siglo XVI. Pongámonos por un momento en los zapatos de Sancho Panza. Vivimos de trabajar la tierra, no sabemos leer, llevamos años de casados, amamos a nuestro oíslo, tenemos una hija adolescente y probablemente un hijo menor (Cervantes no lo deja muy claro). Todos en la familia saben cuál es su papel y qué les depara el futuro: parece que estamos predestinados a ese tipo de vida. No se nos permite soñar con nada más. Esto es lo que hay.

Es cierto que Sancho Panza es un cobarde, pero creo que a lo que más le teme es al tedio. ¿De qué otra forma se explica que salga a hurtadillas de su casa para acompañar a un orate? Sancho quiere dinero, sin duda, quiere gobernar una ínsula; sin embargo, sabe que, aunque no consiga lo uno ni lo otro (consigue ambos, aunque no como él desea), tiene por seguro que al final del día y por una ocasión el día no será igual que el anterior.

¿Por qué Sancho no abandona al Quijote después de ser manteado? Su dignidad ha sido pisoteada, pero ha comprendido que el Quijote es una especie de maestro y aprender de él es mucho más divertido que arar. ¿Qué necesidad tenía Sancho de presentarle al Quijote una Dulcinea vulgar y fea? Sancho tiene la necesidad de asegurar las futuras aventuras. Contrario a lo que dicen los expertos, Sancho podía salirse con la suya sin la ayuda de un encantamiento, pero esta es la mejor solución contra el tedio. ¿En verdad confunde un jaez con su albarda? No, Sancho no está loco, pero todo es mejor que regresar a casa.

El lector me podrá insistir en que Sancho se movía por un sentimiento de avaricia, que era la única manera que tenía para hacer un poco más de dinero. Este es, en general, el dictamen que existe entre los especialistas. No estoy de acuerdo, no es por dinero que Sancho está dispuesto a convertirse en pastor al final de la segunda parte. No es por dinero que soporta largas jornadas de ayuno y, lo que es peor, de agua. Gran aficionado al vino, tiene manera segura de beberlo en casa. Si uno lo analiza, existen dos castigos que Sancho no puede soportar. El primero es cuando se ve obligado a permanecer en silencio. El segundo son los azotes.

Es difícil meterse en la cabeza de Sancho el día de la muerte de un ¿curado? Alonso Quijano. Por supuesto que Sancho lloraba por la pérdida del mejor de los amigos, pero no me parece improbable que también llorara el fin de las aventuras de Don Quijote que al final son sus propias aventuras. Es decir, una parte de Sancho también llora por el regreso inminente a la rutina.

Es quizá este sentimiento el que hace de Sancho Panza el más “humano” de todos los personajes de El Quijote. Es el único cuerdo —claramente el Quijote busca la superación continua pero, de nuevo, el Quijote estaba loco— que aspira a cambiar su destino.

¿Es entonces Sancho Panza un hombre valiente que se atreve a encarar el destino o un cobarde que huye de lo que más miedo le causa? La respuesta es, como casi siempre pasa cuando hablamos de este personaje, ambas. ¿Será que el genio de Cervantes nos obligue hoy a ponernos en las botas de Sancho? ¿Será que muchos de nosotros esperamos que llegue un loco y nos saque de la zona de confort? ¿No será que hemos llegado a donde estamos por estricto miedo a la rutina?

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