Ni una bolsa de plástico más en la compra del mercado

El alcalde de San Pedro La Laguna prohibió usar polietileno o unicel para evitar la contaminación del lago Atlitlán; las multas van de $760 a $38 mil.
Fernando, un carnicero tzutujil que trabaja en el mercado local.
Fernando, un carnicero tzutujil que trabaja en el mercado local. (Esteban Biba/EFE)

San Pedro La Laguna

En el mercado de la comunidad indígena San Pedro La Laguna, en Guatemala, los clientes que abarrotan el lugar ya no reciben sus compras en bolsas de plástico. En esa localidad la vanguardia está en la tradición: los productos se entregan en hojas de árbol de plátano.

Las bolsas de plástico parecen inofensivas y se usan todos los días; son de colores, transparentes o con grandes logotipos de publicidad, pero a pesar de sus múltiples formas y variedades tardan en degradarse entre 150 y 200 años, por lo que constituyen una amenaza para el bienestar del medioambiente.

La iniciativa

Consciente de esta situación, Mauricio Méndez, alcalde de San Pedro La Laguna, le declaró la guerra al producto refinado del petróleo prohibiendo en su municipio la distribución de bolsas de plástico, productos de unicel y hasta popotes.

Esta iniciativa equipara a este pequeño enclave, localizado en las orillas del lago Atlitlán, a los países más avanzados de Europa, que recientemente también han adoptado medidas restrictivas de los productos plásticos frente a la creciente amenaza que representan.

En San Pedro La Laguna la población, en su mayoría de la etnia tzutujil, vive del comercio y del turismo, pero la contaminación de las aguas de su lago ha sido una de las mayores preocupaciones durante años, por lo que esta medida, la tercera en el país, ha sido vista con buenos ojos por los habitantes.

Fernando, un carnicero tzutujil que trabaja en el mercado, piensa que deshacerse del plástico es la mejor opción: “Las hojas de plátano sirven igual que las bolsas y no contaminan nuestro lago. Los clientes ya las piden. Así todos vamos a ser más felices”, opinó.

También María, una tímida vendedora que comercia con mariscos, ha adoptado la disposición con gusto y, aunque reconoce que “algunos todavía están usando bolsas”, expresa su deseo de que dejen de hacerlo y las cambien por las hojas de plátano. “Son mejores para el ambiente”, afirmó.

El castigo

Las multas para quienes no acaten la disposición medioambiental, dependiendo del producto, van desde 300 quetzales (alrededor de 760 pesos) hasta 15 mil (38 mil pesos), cantidades que se pueden duplicar con la reincidencia de la falta.

No obstante, la municipalidad ha insistido en que la intención no es aumentar la recaudación, sino “minimizar los graves perjuicios que el exceso de este tipo de productos están generando en el ambiente y en el lago de Atiltán”, porque el plástico, según el acuerdo con el que se aprobó la medida local, “tiene un tiempo de degradación de entre 100 y mil años”.

Con este esfuerzo, los hábitos de los residentes han empezado a cambiar. “Traigo mi propio contenedor, no necesito esto que ensucia el pueblo”, explicó una compradora local tras rechazar una bolsa de plástico para su compra de dos libras de pollo.

También parece que hay otros guatemaltecos que quieren hacer eco de esta medida a escala nacional. Un grupo de diputados presentó esta semana en el Congreso de ese país una iniciativa de ley que pretende regular la producción, distribución y venta de las bolas de plástico.

El proyecto de ley, que aún debe ser aprobado, busca además que se elimine de manera paulatina, concretamente en un periodo de cuatro años, el uso de estas bolsas y que se reemplacen por las de material reutilizable para contribuir a la conservación del medioambiente en Guatemala, uno de los 19 países calificados de megadiversos.

Varias organizaciones internacionales calculan que en el mundo circulan entre 500 mil millones y un billón de bolsas de plástico, y que 5 por ciento del petróleo que se extrae es para esta industria, por lo que la reducción en su uso no solo ayudará a no contaminar el ambiente, sino también a preservar ese recurso no renovable.