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Lunes , 25.06.2018 / 07:10 Hoy

Salvar la vida

La guarida del viento

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Alonso Cueto

Poco antes de su muerte, en 1977, Clarice Lispector tomó un taxi al hospital en Rio de Janeiro, acompañada de su amiga Olga Borelli. Sabía que le quedaba poco tiempo y en el camino le dijo a Olga: “Vamos a fingir que nos estamos yendo a París”. Clarice volteó hacia al chofer de taxi y agregó: “¿Por qué no viene con nosotros? Lleve a su mujer”. El chofer la miró con una sonrisa incrédula: “No tengo dinero, señora”. “Pero vamos a fingir que usted ha ganado la lotería. Nos vamos todos a París”, argumentó ella. Al llegar al hospital, el chofer le cobró veinte cruzeiros pero ella le dio doscientos.

Clarice murió de un cáncer de ovarios a fines de ese año, dejando una obra asombrosa. Cuentos como “Amor”, “El búfalo”, “La mujer más pequeña del mundo” y otros están entre los más logrados que he leído. Me resulta impresionante que a los 21 años pudiera escribir una novela como Cerca del corazón salvaje. Benjamin Moser, que acaba de publicar una biografía sobre ella de casi 500 páginas, Por qué este mundo, cuenta que la descubrió muy joven: “Desde la primera página empecé a experimentar esa atracción sexual. Lo que siento hacia ella es amor”. Tanta fue su devoción que Moser se fue a vivir a Ipanema para investigar sobre su vida y para releerla.

Todo en Lispector parece veloz y firme, desde el fluir de la conciencia hasta la vida itinerante de sus personajes. Nació en Ucrania, en 1920, en una familia judía, con el nombre de Chaya. Su madre había sido violada por soldados rusos que le habían contagiado la sífilis. Se pensaba que un nuevo parto iba a curarla. Clarice iba a culparse luego de no haber podido salvar a su madre de la enfermedad, con su nacimiento. Clarice solo tenía unos meses de vida cuando la familia llegó al estado de Alagoas, cerca de Pernambuco, y asumió un nombre brasileño. La imaginación la había bautizado.

“Desde pequeña era un ser especial, muy bella de una forma llamativa”, dice Moser. “Decían que parecía Marlene Dietrich pero escribía como Virginia Woolf”. Se casó con Maury Gurgel, un diplomático con el que tuvo dos hijos. Viajó con él a Europa pero lo dejó porque no podía soportar la vida lejos de Brasil y del portugués. A los 46 años, después de tomar unos tranquilizantes, se quedó dormida con un cigarrillo encendido y despertó entre las llamas. Casi pierde una mano. En Un soplo de vida, afirmó: “Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente la mía propia”. Su última obra fue La hora de la estrella.

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