Esos sabios irlandeses

Debido a un complicado enredo legal, se derogaba la ley que prohibía el consumo de varias drogas duras en Irlanda.
El peor de los mundos.
El peor de los mundos. (Jesús Quintanar)

México

Hace un par de meses se dio a conocer la noticia de que, debido a un complicado enredo legal, se derogaba la ley que prohibía el consumo de varias drogas duras en Irlanda. Aunque el parlamento sesionaría lo antes posible, quedaba un periodo de alrededor de 24 horas en el que dichas drogas no eran prohibidas, lo cual llevó a revistas como Vice a escribir artículos alentando a aprovechar las ofertas de vuelos baratos rumbo a Irlanda. Para atajar la crisis, el Ministerio de Salud irlandés expidió un memorando donde explicaba que, como resultado de la derogación de la ley, “todas las substancias controladas mediante la Orden de Gobierno amparada en la cláusula 2 (2) dejan de ser prohibidas de inmediato, y su posesión deja de ser un crimen. Entre estas se incluyen el éxtasis, la benzodiacepina y nuevas sustancias psicoactivas…”. Asimismo, se legalizaban temporalmente la ketamina y los hongos alucinógenos. Según un artículo del periódico británico The Independent, el gobierno se encontraba tomando medidas para “prevenir un desconcierto y pandemonio masivos ocasionados por las drogas”.

Quizá valdría la pena invitar a México a representantes del gobierno irlandés para que pudieran ver de primera mano el otro tipo de pandemonio, aquel que tiene lugar cuando se combinan en un coctel masivo elementos como una descomunal demanda de drogas estadunidense, ventas multimillonarias de armas a los narcotraficantes, un país empobrecido en el que para miles de personas la opción es entre el narcotráfico o el hambre, y un discurso político histérico y desfasado que no corresponde ni ligeramente con las formas que tienen otras sociedades para convivir y tolerar la realidad de las drogas.

Si las drogas fueran legales como en esa ventana de 24 horas en Irlanda, ¿asistiríamos a un pandemonio peor que el de una sociedad en la cual la mutilación, la tortura y la decapitación son noticias de todos los días? Pese a la prohibición, el ejército en las calles y la guerra contra el narcotráfico, las drogas son una realidad omnipresente, e incluso es común enterarse de funcionarios que las consumen con entusiasmo. Es decir, el peor de los mundos, incluso para la visión oficial, que considera a las drogas la encarnación del demonio: su trasiego y consumo son mayores que nunca, solo que a un costo de violencia, terror y corrupción infinitamente peores que cualquier fantasía apocalíptica de lo que ocurriría si fueran legales como el alcohol. Quizá el próximo Día de San Patricio podemos emular a los irlandeses y hacer un experimento de legalización por 24 horas, para con ello empezar a darnos cuenta de que el problema mayor no son las drogas como tal, sino todo el aparato de muerte que se genera por una necedad que en algún momento será anacrónica: la de empeñarse en el fútil esfuerzo de evitar que la gente las consuma de manera masiva.