Del ruso, inglés, al español: literatura intraducible

Obras como Finnegans Wake, de Joyce, o Trilce, de Vallejo, son intraducibles o casi intraducibles. En algunos casos, hay que aprender el idioma original.
Archivo Milenio

México

En una de sus ocasionales lecturas de [i]Finnegans Wake[/i], de James Joyce, el Nobel de Física 1969, Murray Gell-Mann, encontró la palabra [i]quark[/i], con la que nombró a un tipo de partículas elementales. En el libro del escritor irlandés, [i]quark[/i] es el sonido que emiten las gaviotas, también es un referencia al brindis “three cheers!” y a un juego de palabras entre Munster, provincia de Irlanda, y su capital Cork.

Por juegos de palabras como ese, [i]Finnegans Wake[/i], escrito durante 17 años y publicado en 1939, es una de las obras de la literatura a las que se les considera intraducibles.

En 1962, el escritor Salvador Elizondo tradujo la primera página, de la que salieron 33 notas aclaratorias; traducción con la que pretendía aclarar la cuestión de si “¿vale la pena dedicar los mejores años de nuestra vida a leer la primera página del [i]Finnegans Wake[/i] de Joyce?”, escribe el autor mexicano. Además se han publicado capítulos sueltos, y algunos experimentos.

Esta novela, considerada una comedia, está repleta de juegos de palabras, todo tipo de referencias culturales. Y a pesar de tener como base el idioma inglés, utiliza unos 70 idiomas. “Algunos la han definido como una frase de 700 páginas, otros como una palabra de medio millón de caracteres”, escribió para El País, Eduardo Lago.

Un caso latinoamericano de literatura intraducible, o casi intraducible, es [i]Trilce[/i] (1922), del peruano César Vallejo, un poemario vanguardista, críptico, en el que se viola las reglas de ortografía y la sintaxis; con arcaísmos, voces deformadas, palabras inventadas y juegos de palabras hasta en el título: [i]Trilce[/i] es el resultado de la unión de las palabras "triste" y "dulce".

[b] 999 calorías.

Rumbbb . . . . Trrraprrrr rrach . . . chaz

Serpentínica u del bizcochero

enjirafada al tímpano.[/b]

“Todos estamos de acuerdo en que la [i]saudade[/i] del portugués no es una nostalgia cualquiera. Y en que joie de vivre no equivale exactamente a “alegría de vivir”. Milan Kundera, en [i]El libro de la risa y el olvido[/i], emplea la palabra checa lítost, que no tiene traducción y que se emplea para referirse al dolor producido por la visión de la propia miseria puesta en evidencia. Es una mezcla de tristeza, autocompasión, nostalgia, humillación. Se trata de una palabra fundamental para entender la naturaleza humana, pero que, no obstante, carece de equivalencias en otras lenguas”, dijo María Andrea Giovine Yáñez, jefa del Departamento de Traducción e Interpretación del Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (CELE) de la UNAM.

Quizá con algunas pérdidas, pero la traducción es posible, dice la académica, que menciona como caso mexicano de difícil traducción el fragmento del [i]Nocturno en que nada se oye[/i] de Xavier Villaurrutia, “el cual representa un reto de traducción indiscutible para que el sentido y el juego de eufonías pase a otra lengua con sus propios recursos y rasgos”, dijo.

[b]Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro

cae mi voz

y mi voz que madura

y mi voz quemadura

y mi bosque madura

y mi voz quema dura

como el hielo de vidrio

como el grito de hielo

aquí en el caracol de la oreja

el latido de un mar en el que no sé nada

en el que no se nada.[/b]

Las dificultades de traducir entre lenguas afines, por ejemplo del noruego al finlandés, o entre lenguas distantes, como la traducción del náhuatl al ruso, están relacionadas con semejanzas y diferencias entre sistemas lingüísticos, “con la brecha cultural que representa el contacto de dos lenguas, en tanto dos cosmovisiones… Por ejemplo, el difrasismo en náhuatl [i]in tēmōxtli in ehecatl[/i] (el polvo, el viento) normalmente se traduce como “enfermedad”, con lo cual se pierde la carga simbólica que está presente en la lengua original”, dijo.

Los desafíos de la traducción narrativa dependen del autor o de la corriente. Hay casos, como los de André Bretón, Samuel Beckett, Jack Kerouac, Roberto Bolaño o Günter Grass, por mencionar algunos, que “en su búsqueda de innovación y originalidad, radicaliza el uso de la lengua y de las técnicas narrativas”, dijo Giovine Yáñez.

Por otra parte, además de la polisemia y el sentido abstracto propio del género, la doctora explica que el principal reto en la poesía es “reproducir los distintos efectos estéticos que se encuentran en el plano de la sonoridad, es decir, en la traducción de las figuras de dicción, como las rimas y las aliteraciones”, dijo.

En el caso de Lewis Carroll, la técnica utilizada en su poema [i]Jabberwock[/i], que aparece en el primer capítulo de [i]A través del espejo y lo que Alicia encontró allí[/i], le valió el término de el poema más hermoso sin sentido en lengua inglesa, gracias a sus famosas 'maletas lingüísticas', que son juegos de palabras que, en sentido contrario de la polisemia, tienen un concepto compuesto de varios significados.

Sin, embargo hay varias traducciones al español, por ejemplo la de Jaime Ojeda:

[b]Brillaba, brumeando negro, el sol;

Agiliscosos giroscaban los limazones

Banerrando por las váparas lejanas;

Mimosos se fruncían los borogobios

Mientras el momio rantas murgiblaba.[/b]

Para la doctora no existe la intraducibilidad pues eso significaría la derrota absoluta, ya que la traducción nos sitúa en el terreno de la comunicación, dice, es un intercambio lingüístico y cultural. Y cita a George Steiner: “Sin traducción habitaríamos provincias lindantes con el silencio”.