ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ/ MILENIO DOMINICAL

Eduardo Matos Moctezuma Arqueólogo

Dirigió el Museo Nacional de Antropología. En 2007 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes.


“Estoy rumbo al Mictlán”

Eduardo Matos Moctezuma
Eduardo Matos Moctezuma (Nelly Salas)

Ciudad de México

Eduardo Matos Moctezuma se asume como “quizá, el arqueólogo más famoso de México”. No obstante, asegura ser un hombre sencillo y de fácil trato. Miembro de la Academia de Historia y de El Colegio de México, ha publicado más de una decena de libros de los cuales Grandes hallazgos de la arqueología es el más reciente.


Hace poco cumplió 73 años, ¿Cómo le sienta la edad?

Veme y tú dirás. Me veo en el espejo y veo a un hombre grande, sin pelo. Los focos rojos se prenden a mi alrededor porque ya es normal enterarse de la muerte de gente cercana. Es interesante porque los arqueólogos trabajamos con el tiempo. Es innegable que ahora piensas dos veces antes de hacer cualquier cosa, pero bueno es parte de la vida misma.


Además uno de sus temas es la muerte.

Sí, siempre ha sido así, desde mis primeros libros hasta el más reciente, es un tema que me apasiona.


En términos de civilizaciones, ¿morimos como vivimos?

Depende del individuo. Al hablar de la muerte hablamos de la vida. El hombre no quiere morir, busca la inmortalidad, por eso crea los lugares a dónde ir después de la muerte. Para mí esto no es cierto, pero no por ello deja de ser interesante.


¿En su apellido llevaba la penitencia de ser arqueólogo?

Algún literato escribió que yo estaba predestinado para escarbar el Templo Mayor en virtud de mi apellido, pero es solo una casualidad.


¿Es hombre de ritos?

Si por ritos entendemos experiencias relacionadas con aspectos religiosos, no. Dejé de creer a los 15 años. En términos laborales hablaría más de hábitos que de ritos. Tengo una filosofía particular. Soy un apasionado de Rainer Maria Rilke, alguna vez quise practicar escultura, con esto quiero decir que no estoy inmerso solo en el mundo arqueológico.


Rilke un poeta relacionado a temas como la soledad o la muerte.

Sí, lo empecé a leer a los 18 años. Una novia me regaló el libro, Cartas a un joven poeta, donde encierra una filosofía de vida. Su influencia es tal que mi hijo se llama Rainer Maria.


¿Por qué dejó de creer?

A lo largo de mi vida he tenido cinco rompimientos importantes. De niño era muy creyente, pero luego leí a Kafka, Hesse, etcétera, y aprendí que los dioses eran creación del hombre, lo cual me llevó a romper con Dios y a sentirme libre de mis actos. El segundo fue con la familia, cuando descubrí la necesidad de separarme; el tercero tiene relación con el poder. A los 35 años me nombraron titular del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, era un cargo importante; sin embargo, a los seis meses lo dejé para regresar a la investigación. El cuarto, consistió en romper con las cosas fatuas de la vida. Dejé de darle importancia a los coches último modelo o trajes carísimos. El quinto, fue el enfrentamiento con la muerte porque llegarás a ella inexorablemente. Cada vez estoy más cerca de ese momento, ahora tomo más píldoras y voy más a los médicos, es decir, estoy rumbo al Mictlán.


¿Está preparado para ese momento?

Es difícil prepararse porque siempre se tiene temor, por lo menos trato de rastrear la forma en que se presentará para sobrellevarlo.


¿Cuál es su píldora de cabecera?

Vitaminas y otras para controlar el azúcar.


Sus rompimientos parecen llevarlo a la soledad. ¿Es un hombre solitario?

Como bien decías, Rilke es el poeta de la soledad, y él decía que el amor es aquella relación donde dos soledades se unen y se reverencian, es decir conservas tu individualidad.


¿Ha sido muy noviero?

Algodón, no me ventanees maestro.


¿Colecciona algo?

Nada, absolutamente. En mi juventud estampillas, pero ahora nada y menos piezas arqueológicas, van a decir que me las robé.