"Del rojo al rosa mexicano": una gran aventura del color

El tema es abordado desde muy diferentes perspectivas: la moda, la historia, la etnografía, las artes plásticas y la gastronomía.
José Clemente Orozco, "La victoria", 1944.
José Clemente Orozco, "La victoria", 1944. (Especial)

México

Orhan Pamuk escribe en su novela Me llamo rojo: “¡Qué feliz estoy de ser el rojo! Soy fogoso y fuerte; sé que llamo la atención y que no podéis resistiros de mí”. Los conceptos del novelista turco vienen a cuento al hojear Del rojo al rosa mexicano, el número más reciente de la revista Artes de México.

Como escribe en su editorial Margarita de Orellana, desde muy diversas perspectivas se aborda “la pasión por el rojo y sus variantes, una obsesión compartida a nivel nacional”. La revista se presentará el viernes a las 7 de la noche en el Foro 1 de Expo Publica 2014, en el World Trade Center, con la participación de Laura Durango, Ricardo Muñoz Zurita, Ramón Valdiosera y la propia Orellana.

Gabriela Olmos, editora del volumen, dice que el número partió de la iniciativa de Valdiosera, “diseñador de modas que en los años cincuenta del siglo pasado recorrió México, cuando llegar a los rincones más alejados era una proeza. Fue documentando la indumentaria indígena y se dio cuenta de que en ella había una gama muy vital, que es la que va del púrpura al rosa. A principios de los cincuenta hizo una gran exposición en Nueva York inspirándose en esta indumentaria”.

En The New York Times se publicó una nota sobre la exposición, donde se destacaba la presencia del “rosa mexicano”. Olmos explica que, a partir de entonces, se creó la idea de que en México todo es rosa mexicano, e incluso se le pone el nombre a este tono de bugambilia. Valdiosera y Durango, coordinadora del número, en algún momento nos visitaron y nos propusieron hacer algo. A Margarita de Orellana le gustó le idea, pero dijo que sería importante destacar no solo el rosa, sino la rama del color”.

Esto se convirtió, dice la editora, en una suerte de “aventura cultural del rojo al rosa, en la que Valdiosera escribió lo relativo al rosa mexicano como moda y marca. El rojo ha tenido una honda significación desde culturas mesoamericanas. Está el rojo de la sangre que tenía una connotación de agua viva y de material vital, pero también está el rojo del cinabrio, que al ser un metal que estaba en los suelos conecta con el inframundo”.

La revista incluye interpretaciones de Guilhem Olivier y Diana Magaloni sobre esa época y los significados que tenía el rojo, así como lecturas etnográficas cargo de Johannes Neurath y Leopoldo Trejo. Entre los huastecos, explica Olmos, “se hacen ofrendas con papeles recortados que son bañados de sangre, que es como si se conectaran con los dioses. También tenemos el rojo de la sangre entre los huicholes y cómo circula, como si el mundo estuviera siempre palpitando. A la ceremonia se lleva sangre y agua, que se ofrece en diferentes lugares”.

El rojo ha permeado en las obras de artistas como José Clemente Orozco, Rufino Tamayo y María Izquierdo, agrega la entrevistada. “Este tono no puede sustraerse a la aventura plástica, por lo que Juan Carlos Pereda, profundo conocedor de la obra de Tamayo, aborda su relación con estos artistas. Laura Durango describe los tintes naturales y cómo los tonos de rojo se obtienen con caracol púrpura, grana cochinilla, axiote, cinabrio y otros elementos, mientras Marta Turok se refiere específicamente al caracol púrpura. Esta especie, cuando se le pica lo que viene siendo la panza, escupe tinta, y luego se devuelve a su hábitat natural”.

Ricardo Muñoz Zurita aborda el tema de estos colores en la cocina mexicana, especialmente en la repostería. “Ahí están los algodones de azúcar, la pitahaya, las tunas y otros alimentos que forman parte de un rico recorrido gastronómico”.