Celebración de la vida con Rocío Sagaón

Esta protagonista de la cultura mexicana falleció el pasado 16 de agosto, a los 82 años; fue bailarina innovadora, ceramista y grabadora, pareja de Miguel Covarrubias, actriz al lado de Pedro ...

Conocí a Rocío Sagaón por Miguel Covarrubias. Estaba preparando un reportaje sobre el artista plástico y era esencial incluir el testimonio de ella. Nacida en la Ciudad de México en 1933 y recién fallecida en Xalapa este mes, Rocío, bailarina y actriz, fue la segunda pareja de Miguel Covarrubias. Andrés Henestrosa la calificó como una de las mejores ejecutantes que ha tenido la danza en México.

En 1950 el rostro de Rocío Sagaón llegó al cine nacional cuando estelarizó junto con Pedro Infante Islas Marías. Conoció a Emilio El Indio Fernández, director de la cinta, porque ella era maestra de danza de su hija. Desde que el cineasta la vio supo que Rocío debía estar en su película: "Tienes los rasgos y la figura que estoy buscando", le expresó en aquella ocasión. La película es memorable por la secuencia donde Pedro Infante, desde lo alto de un risco, observa con atención los movimientos de Rocío; ella se encuentra a la orilla de la playa, una joven de figura esbelta que cautiva con su belleza al hombre privado de su libertad. Hay un juego de sombras muy estético en donde queda claro que Rocío no es solo actriz sino una mujer que sabe cómo hacer que su cuerpo dialogue con el viento.

UNA RELACIÓN INTENSA

En esos años, la Academia de la Danza Mexicana había vuelto a ser un apéndice del Departamento de Teatro del INBA, por esa razón se acordó que necesitaba una reestructuración. En mayo de 1950, Carlos Chávez llamó a Miguel Covarrubias y le pidió que se encargara de dicha labor. Al enterarse El Indio Fernández de que Covarrubias llegaría a ser el nuevo director del departamento de danza de Bellas Artes, aprovechó para comentarle a Rocío lo valioso que iba a ser contar con un hombre sensible a diversas manifestaciones artísticas.

Cuando Covarrubias conoció a Rocío, ella recordó lo mucho que le había gustado su libro La isla de Bali. "Se mostró sorprendido y halagado de que conociera su trabajo", contaba. En su nuevo puesto, Covarrubias propuso renovar el concepto de danza moderna, impulsar la enseñanza de técnicas más avanzadas y la eliminación de personalidades; es decir, que el grupo debía contar ante todo con un estilo definido por sobre cualquier distinción. En palabras de Sagaón, "en aquel momento, Miguel fue para México lo que Sergei Diágilev a la danza en Rusia". En 1953 Covarrubias consiguió que cinco bailarines viajaran a Connecticut a un curso de verano impartido por José Limón y Martha Graham, entre otros notables maestros. Rocío fue de las primeras alumnas beneficiadas con esa beca, y a su regreso estrechó su relación con Covarrubias.

Rocío tenía 17 y Miguel 45 años. A ella no le gustaba salir con jóvenes de su misma edad, los consideraba aburridos. También tuvo pretendientes que le decían: "Cuando nos casemos, vas a dejar de bailar" y eso le molestaba mucho. "Desde que conocí a Miguel quedé fascinada, era muy atractivo. La relación que tuve con él fue intensa, gratificante, llena de aprendizajes y nuevas experiencias". Fueron pareja durante seis años. Él vivía en un departamento que le alquilaban sus hermanas, en la calle de Zamora, en la Condesa. Tanto la madre de Rocío como su hermano, el fotógrafo Nacho López, no estaban de acuerdo con esa relación. Aunque Covarrubias siempre tuvo una mirada crítica en asuntos relacionados con la Iglesia católica, para darles gusto a sus hermanas Helena y Julia, decidió casarse con Rocío por la Iglesia.

DANZA PARA FRIDA KAHLO

Miguel Covarrubias le presentó a Frida Kahlo. Desde que se vieron hubo empatía entre ellas. Sagaón rememoraba una trágica noticia que recibieron: a Frida le habían amputado una pierna. Estaban consternados y a Miguel se le ocurrió que Guillermo Arriaga y Rocío podían ir a bailar Zapata al patio de la casa de Frida en Coyoacán. "Nuestra anfitriona estaba acostada en una cama, vestía un bello traje de tehuana que le quedaba muy bien. Al final de la coreografía se emocionó muchísimo, me acerqué para abrazarla y vi que en sus ojos se asomaron algunas lágrimas. Nos felicitó y ofreció una deliciosa comida; ahí probé la bebida favorita de Frida, el agua de pitahaya con jugo de limón".

No solo Covarrubias retrató la belleza de Sagaón, ella también posó para Arnold Belkin y Xavier Guerrero. Diego Rivera le pidió que modelara para él, pero la cita nunca se concretó porque ella era muy disciplinada en todo lo relacionado con sus ensayos y presentaciones dentro y fuera del país. A Rocío le llamaba la atención que en el estudio de Rivera, localizado en Altavista, barrio de San Ángel, había un enorme letrero con unos grandes ojos llenos de lágrimas. "Me explicó Miguel que representaba que a Diego le ardían los ojos cuando la gente fumaba, por eso pedía que se abstuvieran de hacerlo en su lugar de trabajo".

En Diálogos con la mirada (UAM-Azcapotzalco, México, 2014), la fotógrafa Norma Patiño logró captar la fuerza que Rocío Sagaón proyectaba. El cabello trenzado y luego recogido como lo usan las bailarinas. Sus ojos pequeños, almendrados, con rasgos orientales en un rostro afilado. Invariablemente arropada con huipiles coloridos y el porte de actriz que siempre tuvo.

CELEBRACIÓN DE LA VIDA

Después de que murió Covarrubias, Rocío continuó en la danza y más tarde se dedicó al grabado, la litografía y la cerámica. Llegó entonces a su vida el fotógrafo francés George Vinaver, con quien tuvo tres hijos: Martín, Naolí y Djahel. Vinaver se dio cuenta que en la zona de Rancho Viejo, en Xalapa, podría ser uno de los pioneros en sembrar árboles de nuez de macadamia en la región y así lo hizo. La macadamia es propicia para lugares lluviosos, húmedos, normalmente bosques pero de temperaturas suaves (sin heladas). La vida de Rocío y George prosperó al igual que el cultivo de los grandes árboles de macadamias, los cuales llegan a medir de siete a 10 metros. A unos pasos de su casa, George mandó construir un taller para que Sagaón pudiera dedicarse a la cerámica y a la pintura.

El matrimonio Vinaver Sagaón fundó el Rancho 2 y 2: una finca con cuatro casas, una para ellos y las otras tres para cada uno de sus hijos, quienes han destacado en cada una de sus profesiones: Martín es artista plástico (escultor, grabador, pintor y fotógrafo); Djahel decidió ser bailarina (es intérprete de danzas antiguas de la India); y Naolí es partera (su especialidad es el parto en agua).

Rocío lamentó profundamente la muerte de George Vinaver. Cada vez que podía hablaba de él; aun ausente, seguía formando parte de su vida. Todo en el Rancho 2 y 2 era parte del padre de sus hijos. El vacío que dejó en su vida lo suplió con arte: se dedicó más a la cerámica, a participar en exposiciones individuales y colectivas, y a disfrutar de sus nietos repartidos en las tres casas cercanas a la suya.

La última vez que vi a Rocío Sagaón fue en el Rancho 2 y 2, en una celebración por la vida. Ocho parejas, acompañadas de sus hijos, estaban en una convivencia. Todos los bebés y niños habían sido traídos al mundo con ayuda de Naolí (ha atendido más de mil 300 partos en domicilio). "Las mujeres que buscan los servicios de atención de parto en casa desean poder explayarse para que su proceso de parto lleve su ritmo natural, sin sentirse apresuradas o presionadas por protocolos médicos que obstaculicen su habilidad natural de dar a luz", explicó Naolí. Cada año llegan a Xalapa mujeres y parejas provenientes de otros estados de la República Mexicana y hasta de otros países para atenderse con Naolí Vinaver, de la cual han oído hablar o cuyo video de su tercer parto Día de nacimiento (Birth Day) los ha inspirado al grado de efectuar el viaje. El paisaje era conmovedor: la campiña verde, los racimos rosas y blancos de las flores de macadamia, niños corriendo, otros dando sus primeros pasos, la comida orgánica, padres y madres felices, Rocío Sagaón entusiasta, jovial, y yo con un embarazo de cinco meses.

Después de aquel convivo ya no volví a hospedarme en el Rancho 2 y 2 ni a pelar nueces de macadamia acompañada de Rocío, sentada frente a la chimenea de su casa. Dejé de verla unos años. Recién me entero que su verdadero nombre era Rosa María López Bocanegra. El 16 de agosto ella partió hacia el Mictlán —el país de los que ya no son—, como solía decir.