Desde la roca se cuenta el choque entre dos mundos

La orografía del noreste de México fue el lienzo en el cual los indígenas plasmaron encuentros y batallas sostenidas contra los exploradores españoles.

Monterrey

Generalmente el 12 de octubre se celebra el Día de la Raza, fecha que remite al descubrimiento de América.

A partir de este evento, ocurrido en el año 1492, sus pobladores sufrieron funestas consecuencias que se reflejaron en graves epidemias, esclavitud y sometimiento. Algunas etnias nativas fueron exterminadas y sus sistemas de creencias cambiaron radicalmente.

En el caso de los pueblos originarios del noreste de México, sus integrantes fueron exterminados hacia 1870;  de las aguerridas tribus indígenas no quedó absolutamente nada,  ni siquiera una foto como prueba de su existencia.

Sin embargo, el encuentro entre dos mundos quedó impreso en los frontones pétreos en las cuevas y abrigos rocosos.

Los cronistas españoles se referían a los grupos indígenas de manera despectiva,  incluso solían utilizar términos como gandules o apóstatas -aquellos que carecían de buenas costumbres-.

Para las tribus, el contacto con los europeos alteró su modo de vida. Y como si se tratase de una suerte de visión de los vencidos los indígenas dejaron huellas de los primeros encuentros entre europeos y los naturales de la parte noreste de México.

Para detallar los primeros contactos, los artistas indígenas se valieron de las mismas técnicas usadas desde épocas remotas.

En la gráfica rupestre han quedado plasmadas escenas de guerra, robo de caballos y hasta manuscritos escritos en la roca por españoles, donde detallan las batallas de los indios contra los soldados y exploradores europeos, acontecimientos que representan una vez más el choque entre dos mundos completamente opuestos.

Para el cronista de Saltillo, Coahuila, y explorador Rufino Rodríguez Garza, el punto de unión entre los europeos y los grupos indígenas en el noreste de México fue muy violento y se extendió por largo tiempo.

“Tenemos muchos testimonios de los cronistas españoles que en sus escritos detallan cómo se desarrollaron infinidad de escaramuzas entre los pueblos recién fundados.

“Pero hay que aclarar que el término conquista en esta parte de la Nueva España puede resultar erróneo, más bien es acertado aplicar el concepto de sometimiento.

“Y prueba de estas batallas la podemos encontrar en infinidad de grabados y pinturas rupestres a lo largo de la sierra y cañones tanto en Nuevo León y Coahuila, y en general en todo el norte de México.

“Podríamos decir que detallaron la manera en cómo atacaban a los exploradores y soldados europeos, pero no eran encuentros de ejército propiamente, sino más bien era como una guerra de guerrillas. Además también plasmaron acciones como el secuestro y el robo de caballos, dado que para ellos el caballo era muy importante por la razón de que era  parte fundamental del invasor, que los ponía en ventaja sobre ellos”, explicó el historiador.