¿Sueñan los robots con el futuro?

Prospectiva científica.

Ciudad de México

Gracias a un extenso reporte de Pew Research Internet Project, ahora podemos decir que definitivamente en 11 años los robots se adueñarán de todos nuestros empleos, o que los robots crearán toneladas de empleos nuevos, o que nada cambiará, pero en todo caso, ¿qué es un “empleo”?

Los expertos que consultó Pew —mil 896 investigadores científicos, líderes empresariales, académicos, desarrolladores y otros virtuosos de la tecnología— difirieron precisamente en su respuesta a la pregunta de si los robots destruirán más empleos de los que podrían crear para el año 2025. La mitad de ellos —“citados con amplitud como creadores y analistas tecnológicos y como los que han hecho predicciones informadas”— prevén una distopia tecnológica de clases separadas en la cual los trabajadores sin aptitudes, y hasta aquellos con habilidades, habrán sido suplantados por análogos metálicos y puestos de patitas en la calle a morirse del hambre. La otra mitad confió en que la humanidad conjuraría empleos nuevos y que como resultante hasta podríamos tener más tiempo libre y una mayor satisfacción laboral, mientras que los robots harían todas las tareas nimias. Tal vez, dijeron, habremos desarrollado una definición totalmente nueva de lo que significa trabajar, o a lo mejor la inteligencia artificial potenciará todos los empleos, sin suplantar a los seres humanos —la encuesta de Pew puso a la inteligencia artificial y a los robots en el mismo paquete— porque los consumidores siguen queriendo el toque humano.

La conclusión me parece bien clara: deberíamos darle el empleo del futurismo tecnológico a los robots.

Piénselo, entre todo lo que arruinamos —empatía, evaluación de riesgos, evitar las tendencias cognitivas, entre otras— una de las cosas en las que fallamos más los humanos es en determinar cómo se verá el futuro. Supuestos líderes del pensamiento han predicho barcos que vuelan, cinturones-cohete, muebles de acero, aspiradoras impulsadas por energía nuclear; además las bases en la Luna y los aerodeslizadores se consideran inevitables virtuales, y la internet, las computadoras y Apple fueron, en varios puntos, considerados fracasos.

Hace poco se cumplieron 50 años de que Isaac Asimov imaginase una visita a la Feria Mundial de 2014: aerodeslizadores, plantas de energía de fusión nuclear, veredas móviles, empleadas domésticas robóticas, elevadores de aire comprimido y colonias bajo el mar... o en la Luna. El 2014 de Asimov se veía como una cruza entre Futurama y Los Supersónicos, con hogares atendidos por torpes robots de servicio. No todo en su famoso ensayo del New York Times es poco realista, tenemos tecnología telefónica con video, gadgets con baterías de larga duración y una población de más de 6 mil 500 millones, pero estos aciertos quedan opacados por las inexactitudes. (Una de sus pocas predicciones correctas: “Los robots no serán ni comunes ni demasiado buenos”.)

Es fácil elegir errores catastróficos del futurismo, como el del físico Lord Kelvin, quien afirmó que era imposible que algo más pesado que el aire volase. Pero las ideas de Asimov ya eran visiones comunes del futuro; en 1964 hacía décadas que escritores, ingenieros, pensadores y “expertos” predecían autos aerodeslizantes y ciudades debajo del mar, y siguen prediciendo lo mismo. Matt Novak, un escritor que recopila visiones históricas del futuro, calificó las predicciones de Asimov de “sorprendentemente limitadas, hasta poco originales”.

Gente como Asimov, cuya visión del futuro se basa en el avance continuo dentro del contexto de la tecnología existente, ha tenido más de un motivo para creer que tenían razón y a menudo se ha equivocado inmensamente. No tenemos idea de lo que estamos haciendo y, por supuesto, tampoco tenemos idea de lo que vamos a hacer.

¿Por qué no darle ese trabajo a todos esos robots que están en fila para quitarnos el empleo? Los robots pueden analizar las tendencias de empleo pasadas, los precios de las acciones y la conducta del consumidor; pueden recompilar e interpretar una base de datos de comportamientos humanos que podrían, si se estudian, llevar a conclusiones robustas, basadas en evidencia, sobre cómo responde la gente a los nuevos gadgets para el hogar, a la fabricación de máquinas nuevas y al prospecto de tratar con robots en lugar de seres humanos en una amplia gama de industrias de servicio. Probablemente no puedan tomar en cuenta todos los matices del comportamiento humano —las computadoras son casi tan malas como las personas para modelar la conducta de sistemas genuinamente caóticos y turbulentos— pero pueden hacerlo al menos tan bien como el resto de nosotros, si no es que mejor.

Los robots tienen algunas otras ventajas sobre los expertos, aparte de una mayor precisión. Es fácil construir robots más simpáticos y amigables ante las cámaras que los grandes de Silicon Valley —y si no mire a Keepon y luego al cofundador de Tindes, Justin Mateen, y dígame a cuál preferiría ver en un programa de entrevistas. Los robots no tienen prejuicios, aparte de los que nosotros les programemos, lo que significa... bueno, realistamente, significa que les daremos nuestros prejuicios. Pero en teoría es posible que un robot experto en tecnología haga una predicción libre de tendencias o fanatismos. Por ejemplo, mientras que Pew no dio a conocer los nombres de todos los que participaron en su estudio, porque muchos respondieron anónimamente, sí incluyó a 30 “participantes clave” y solo dos de ellos son mujeres. Si Pew hubiera encuestado a robots, el género no habría sido un problema.

 

(c) The Guardian

Traducción: Franco Cubello