• Regístrate
Estás leyendo: Rob Riemen. “Los artistas son los traductores de las mitologías fundamentales”
Comparte esta noticia
Viernes , 25.05.2018 / 19:41 Hoy

Rob Riemen. “Los artistas son los traductores de las mitologías fundamentales”

El pensador holandés, quien preside el Instituto Nexus, estuvo de visita en México. En estas páginas, sintetiza su pensamiento  


Publicidad
Publicidad

Adriana Malvido

Cuando vino a México el año pasado, el filósofo Rob Riemen, autor de Nobleza de espíritu, una idea olvidada, dijo en entrevista al despedirse: “Con su riqueza, México debería estar en la cima, necesita una revolución”. Y regresó a Holanda donde preside el Instituto Nexus, para organizar la Conferencia Internacional “Esperando a los bárbaros” que abrió Amos Oz justo un día después del ataque terrorista en París que enlutó al mundo.

Por eso, en su visita reciente, le pedí iniciar la conversación a partir de esa idea. Y Riemen, que salía de la Universidad Anáhuac donde dio su conferencia “¿Qué salvará al mundo?”, una pregunta perenne, accedió. “La revolución que necesitamos, no solo México sino el mundo occidental, consiste en un cambio de mentalidad. Necesitamos pensar de manera totalmente diferente. Porque los paradigmas dominantes de nuestras sociedades, que son el mercado, el crecimiento económico y el dinero, ya no se sostienen, están en un callejón sin salida. Por razones ecológicas, sociales y políticas, ya no podemos continuar bajo un sistema que se basa en la desigualdad bajo el dominio de los valores de las finanzas y de la ideología del mercado”.

Dijo en su conferencia: “Debajo de la superficie de las noticias cotidianas, igual que en los terremotos, se está generando una colisión, una explosión social entre dos fuerzas: por un lado, aquella con una visión del mundo dominada por la ciencia, la tecnología y el capitalismo pero desprovista de valores morales y espirituales, y, por el otro, una visión del mundo llena de valores morales y espirituales pero dominados por la irracionalidad, el tribalismo, el fundamentalismo o el fascismo. El primero es un mundo de ‘ganadores’, ricos, tecnológicos y exitosos. El segundo es un mundo de ‘perdedores’, víctimas de la inequidad económica, la inseguridad global y la amenaza que sienten hacia su identidad”.

Riemen aclara que no tiene nada contra la ciencia, que es necesaria y ha hecho enormes aportaciones para entender a la naturaleza, “pero nada tiene que decir acerca de la naturaleza humana, acerca del bien y el mal o de la dignidad, la justicia, la belleza, los valores universales, ni podrá responder nunca las dos preguntas fundamentales de Sócrates: ¿cuál es la forma correcta de vivir?, ¿qué es una buena sociedad? No bastan las neurociencias para explicar la dimensión humana, la que tiene que ver con el alma. Para eso necesitamos la poesía, la historia, la literatura, la filosofía y las artes, pero hemos renunciado a ellas”.

Atrapada en el paradigma científico, la educación se concentra en teorías, definiciones, hechos, habilidades, pero no en preguntas filosóficas “y por eso tenemos la peor pobreza que es la del espíritu. Hay un vacío espiritual, un hueco emocional, una estética sin sentido, y como no lo reconocemos, abandonamos la cultura y la lectura de libros, que son caminos en busca de significados”.

Dice Riemen que estuvo recientemente en Nueva York y le tocó la presentación en la ONU de una App para niños, desarrollada con la idea de que entiendan la vida de los otros y la diversidad cultural. “Y dije: nuestra condición humana no permite respuestas confeccionadas a la medida en las cuestiones más importantes de la vida. No puedes entender una sociedad, ni formarte como un ser humano completo, sin imaginación. La imaginación es esencial para mínimamente entender al prójimo que te rodea. Sin ella estamos perdidos. ¿Cómo se alimenta? Con literatura, con libros, con preguntas, ¡no con una aplicación!”

Ese, agrega, es un pequeño ejemplo de la mentalidad dominante que cultivan las élites en el poder. “Necesitamos una revolución en nuestras mentes, redescubrir la luz que tenemos dentro, redescubrir lo que significa ser una personalidad y no un clon, que tu identidad no se defina por tu color, tu raza o tu religión. Pero este cambio no vendrá de las estructuras de poder, ni de Europa, desde donde hemos generado tantos problemas, ni de Estados Unidos. Podría suceder en México, en El Cairo, en sociedades con graves problemas pero culturalmente mucho más sensibles”.

—Hay un debilitamiento de las viejas y grandes estructuras como los partidos políticos, las instituciones educativas, las religiones…

—Lo más importante es que han perdido autoridad. Menciona un político o un partido que inspire confianza; creo que el último fue Nelson Mandela. En el Vaticano hay un Papa que hace lo posible pero tiene que pelear con fuerzas extremadamente conservadoras que solo se interesan por el poder. Vivimos una era postcristiana. Las instituciones religiosas han perdido credibilidad y la triste verdad es que su intolerancia, sus abusos, sus hipocresías morales, su rigidez, han contribuido a fomentar su propia irrelevancia. Si las instituciones religiosas no son más un lugar para la esperanza, el consuelo y la visión de futuro, ¿lo son el mundo de la política, las finanzas y los medios? Por desgracia se manejan para responder a sus propios intereses y, salvo pocas excepciones, les importan más sus ingresos que cambiar al mundo. Esperamos algo nuevo, pero lo nuevo no lo será tanto si es que hablamos de un renacimiento que consiste en redescubrir los valores fundamentales, la verdadera educación centrada en el desarrollo intelectual, el conocimiento y la riqueza del arte y el mundo de las ideas.

Riemen urge al mundo de los ricos a redescubrir el sentido de la responsabilidad cívica. Y, sobre todo, al redescubrimiento del verdadero significado de la democracia. Todos, dice, deberíamos leer o releer The Democratic Vistas (Perspectivas democráticas) de Walt Whitman. La democracia como un proyecto de amor y comunión universal que va mucho más allá de las urnas electorales. “Lo que hemos hecho con la democracia es una gran broma, no es democracia, se está convirtiendo en fascismo por todos lados”.

El filósofo se pregunta: “¿qué clase de mundo queremos? ¿Uno en donde los ricos vivan protegidos con enormes muros y en donde los diferentes no son bienvenidos? Eso tampoco es sustentable y lo vemos con más de un millón de refugiados. El mundo es global, ya no podemos regresar a las sociedades tribales; por eso me preocupa la vuelta al nacionalismo que se expande por Europa y que podría significar el fin de la Unión Europea. El reduccionismo es una de las más grandes amenazas para una sociedad civilizada. La idea de que la identidad se limita a tu ADN, a tu sangre, va en contra de la grandeza filosófica que cultivaron los judíos, cristianos, budistas, musulmanes: el sentido del universalismo. Reconocer que todos somos parte de la humanidad es el mayor logro de la civilización, como diría Thomas Mann”.

Por eso lamenta las nuevas formas de tribalismo que se expresan, por ejemplo, en Hungría, donde la sociedad votó “no” en un referéndum para decidir si aceptaba o no a 1300 refugiados; en el Brexit y, desde luego, en la popularidad de “un fascista como Donald Trump”. Vivimos un mundo globalizado, dice, “pero hemos perdido dos cosas: el idealismo y la solidaridad”.

Otra forma de fascismo “insana y preocupante es la política de identidades que se está expandiendo por Estados Unidos. Vas a la biblioteca de la mejor universidad, tomas un libro y te advertirán que puede tener una micro agresión. Es decir, que leerlo puede confrontarte con observaciones que pueden resultar ofensivas; por ejemplo, si eres homosexual, o un migrante o… Se trata de un fenómeno totalitario ¡y viene de la izquierda!”

A falta de valores universales, se ha creado lo que Riemen llama una “sociedad niño” en la cual el ego es la medida de todo y la fuente de cualquier forma de identidad, donde la crítica parecerá un insulto, y no existe la autocrítica. “Trump y sus clones en otras partes del mundo están ahí porque no vivimos en democracia. A las élites en el poder no les interesa el bienestar de la gente sino el de ellos mismos y su partido. La verdadera democracia es la que garantiza a todos la posibilidad de convertirse en seres humanos en su mejor versión a través de la libertad. Es un proceso que permite el crecimiento de un individuo hacia una personalidad. Vivimos en un mundo con muchos individuos, pero todos iguales, de la misma manera en que hay muchos políticos pero no estadistas.

“La democracia está para garantizar la prevalencia de los valores humanos y para proteger aquello que es vulnerable. Esa es la medida de una sociedad democrática. ¿Y qué es vulnerable? La gente mayor, la gente enferma, los desempleados, los niños, el medio ambiente, los animales… La cultura es vulnerable. Eso es lo que hay que proteger; de ahí la validez de una democracia social que se hace cargo de esas cuestiones. Cuando todo aquello deja de protegerse, se generan la codicia y el miedo. Entonces hay una democracia perdida y aparecen los Trump, los Putin, los Le Pen… La democracia se basa en la idea de elevar a la gente a un mejor nivel, no apelando a sus instintos más primarios como hace el fascista, sino a su dignidad.

El autor de El eterno retorno del fascismo dice que tardó años y la lectura de muchas obras para entender por qué tantos millones de personas sucumbieron ante Mussolini y Hitler a quienes suele estudiarse desde el ángulo del holocausto y los genocidios. Pero apareció Trump “y pude entender mejor qué es lo que sucede. Es el carisma, pero también la narrativa, aunque la suya sea una mentira. La gente tiene necesidad de creer y el fascismo es una especie de religión”. Y es que, se extiende Riemen, cuando la cantidad tomó el lugar de la calidad en nuestras vidas, quedó un vacío. Y la naturaleza humana no puede con el vacío, ni con el nihilismo, entonces están los políticos que mienten, y lo sabemos, pero queremos creer. Necesitamos narrativas.

En su más reciente libro, El regreso de Europa, sus lágrimas, obras y sueños, el filósofo va en busca de la princesa Europa, la fundadora de la civilización occidental, que vuelve después de siglos en cautiverio, secuestrada por el poder. Lo que descubre es que “la nostalgia no sirve, el conservadurismo tampoco, son solo trucos para proteger a la gente que vive bien. Lo único a nuestro alcance es el redescubrimiento de los valores fundamentales de la cultura”. Y para Riemen el valor fundamental es la traducción que hizo Cicerón de la idea de Sócrates sobre la educación: el cultivo del alma que es la filosofía. En esa noción, dice, está la esencia de la civilización. Y el cultivo del alma se da a través del amor a la sabiduría.

Sin embargo, aclara, ya no tenemos amor a la sabiduría, lo reemplazamos por la ciencia y la tecnología como nuevas religiones. En el lugar de la cultura pusimos el entretenimiento y la urgencia de sensaciones tomó el lugar de los verdaderos sentimientos. Es, define, “una sociedad en decadencia extrema”.

Para Riemen, una de las características más dramáticas de la sociedad contemporánea es “la pérdida de grandes narrativas”. Advierte que con ellas “también perdimos el compás moral que ni la ciencia ni la tecnología podrán devolvernos”.

—¿Cuál es la importancia de las narrativas?

—En la antigüedad romana, en la griega, en tiempos bíblicos, la gente vivía en su narrativa, en la historia: de dónde venían, hacia dónde iban y qué había en el camino. Todas las culturas apelaban a estas narrativas para darle significado a sus vidas. Quítale la historia de quiénes somos y hacia dónde vamos a la comunidad humana y lo único que queda son individuos viviendo un periodo limitado de vida, lidiando con sus problemas —levantarse, ir a la escuela, la tarea, luego el trabajo, las relaciones, los hijos— y, al final, ¿para qué todo esto? Somos seres que no podemos vivir sin la noción de que nuestra vida ha de ser significativa. La vida es un fenómeno complicado y puedes tratar de evadir la pregunta acerca del sentido, pero entonces emprendes un gran escape que resulta un trabajo de tiempo completo, porque todo el tiempo quieres inventar algo nuevo que te distraiga, juegas y te aburres, ves un show y te aburres… Todo resulta aburrido. Las grandes narrativas religiosas fueron reemplazadas por ideologías políticas. Marx es una gran narrativa, pero resultó una falsa narrativa en la realidad, como todas las ideologías. Somos una sociedad fragmentada, en donde cada quien hace lo suyo, sin conexiones. La gran narrativa de hoy es que somos puras neuronas, puro ADN. Es una narrativa tecnológico-científica según la cual la ciencia resolverá todo y la neurociencia lo explicará, pero es una falsa narrativa”.

El autor de La universidad de la vida insiste: “No podemos vivir sin historias, las necesitamos para entender la vida. La gran narrativa está ahí, pero nos faltan traductores. Tenemos autores de plegarias y de eslóganes, pero no grandes traductores como lo fueron Hipatia y San Agustín en el siglo V; Petrarca en el XII; Erasmo en el XVI; Goethe, Kierkegaard, Tolstoi y Dostoievski en el XIX; Mann, Pasternak, Tarkovski en el XX. ¿Qué tienen en común? Que dieron una respuesta moral, intelectual, a su tiempo, repensaron las preguntas fundamentales y a través de su traducción nos invitaron a encontrar el significado de la vida”.

—¿Y eso es responsabilidad de los artistas?

—Siempre ha sido así. Los artistas son los traductores de las mitologías fundamentales y de las grandes narrativas de la humanidad. Por eso nos reencontramos de diversas formas con el mito de Fausto, Parsifal, Antígona… en busca del conocimiento, del Santo Grial. La vida es un viaje y todos vamos camino a Ítaca. Cuando los nazis asumieron el poder con su narrativa, Thomas Mann escribió la narrativa alterna para recordarnos lo que significa existir como ser humano. Estamos esperando al nuevo Kafka, al nuevo Pessoa, al nuevo Joyce y al nuevo Proust, que deben estar por ahí pero quizá los editores actuales, obsesionados con ventas masivas, no los publican.

—¿Y los intelectuales?

—Hay que aceptar que no tenemos la verdad pero cuando encontramos una verdad hay que comunicarla en un lenguaje de nuestro tiempo. Necesitamos ayuda de las musas y sus artes.

Rob Riemen se despide con una sorpresa: el prestigioso Instituto Nexus que preside en Tilburg, Holanda, desde hace 25 años, se convertirá en academia y abrirá sus actividades en diferentes regiones del mundo. Una de ellas es México

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.