San Garabato está de luto por la muerte de Rius

El autor de "Los Supermachos" y "Los Agachados", así como de más de un centenar de libros, falleció ayer a los 83 años en Tepoztlán, Morelos.
“Ya estoy hasta la madre del humor político”, afirmó hace tres años.
“Ya estoy hasta la madre del humor político”, afirmó hace tres años. (Claudia Guadarrama/Archivo)

México

¡Válgame san Cuilmas Petatero! ¡Ora sí, ya nos cayó el chahuixtle! Ha muerto Rius, ciudadano honorario del pueblo de San Garabato, lugar de machos, borrachos y comprachos. Ha muerto el caricaturista costumbrista que, durante décadas, educó y sigue educando a más sombrerudos que la mismísima SEP.

Quizá de este modo el propio caricaturista escribiría la crónica de la muerte del hombre pues, como dice Agustín Sánchez González, investigador y autor del libro Historia de la caricatura en México, “este 8 de agosto ha muerto Eduardo del Río, porque Rius ya pasó a la posteridad hace mucho tiempo”.

A la funeraria Gayosso de Sullivan, en Ciudad de México, y no en San Garabato, el mítico pueblo de la imaginación riusiana, llegaron amigos, familiares y conocidos a despedir a un símbolo, al ejemplo a seguir entre los dibujantes por su trabajo e ingenio, su generosidad y su arte, que no se limita a la caricatura sino que se extiende a la pintura al óleo, por ejemplo.

“Ya llevo muchos años dibujando y ya quisiera jubilarme, pero no encuentro cuándo. Nada más la muerte es la que nos puede jubilar”, dijo en alguna entrevista. Pero hay Rius para rato: Henoc de Santiago, director del Museo del Estanquillo, anunció un homenaje para el monero en ese recinto el próximo jueves a las 15:00.

El caricaturista Kemchs llegó al velorio con una fotocopia de un texto de puño y letra, donde habla del libro Un solo dios verdadero, que escribían ambos y quedó pendiente.

Antes de las siete de la noche, la hija del caricaturista, Citlali del Río Flores, leyó un mensaje en el que dijo que tanto su madre, Micaela Flores García, como ella, “sabemos que fue un hombre muy querido, muy amado y muy respetado por millones de mexicanos. Fue un hombre íntegro, digno, brillante y se mantuvo lúcido hasta el último suspiro”.

Mencionó que “nunca hizo una concesión en su vida” y que, por eso, en su velorio no habría “símbolos religiosos ni se oficiarán misas en su nombre. La capilla está abierta a todo el que quiera despedirse de él. Fue un periodista de referencia, una maestro de multitudes extraordinario y un referente ético”.

Poco después de las siete se abrieron las puertas de la capilla 10 para quien, como dijo Citlali, quisiera “despedirse del padre de la caricatura moderna”. Entonces algunos reporteros dejaron grabadoras, cámaras fotográficas y de video para subir a ver en su último lecho al tal Rius, junto a cuyo féretro lucía un óleo del rostro del dibujante con trazos medio cubistas, firmado por Del Río.

Ariel Rosales, editor de Rius desde hace 40 años, primero en Grijalbo y después en Penguin Random House, dijo que el caricaturista “hizo más de 100 libros y tenemos 74 en catálogo vivo. Está a punto de salir en puestos de periódicos una colección de los 10 más vendidos de Rius y uno inédito. El primero será Los presidentes me dan pena, que apenas salió en mayo, y estarán títulos como La panza es primero (que llegó a un millón de ejemplares), La revolucioncita mexicana y uno inédito: Tepoztlán para principiantes, de regalo”.

Saúl Juárez, subsecretario de Desarrollo Cultural de la Secretaría de Cultura, llegó después de las 20:30 horas y anunció un homenaje en una de las salas del Palacio de Bellas Artes, donde estarán amigos y personas que estudiaron la obra de Rius. Están por definirse el formato y la fecha.

Hasta el cierre de edición no llegaron políticos como don Perpetuo del Rosal, con más de 30 años como presidente municipal (revolucionario y democrático) de San Garabato. Quizá por eso él decía: “Este pobre país ya no tiene remedio. Ocuparte de los políticos es perder el tiempo y el esfuerzo”.

Nuestro libro de texto

Hasta los políticos, blanco constante de su humor, lamentaron la desaparición de Eduardo Humberto del Río García, Rius. El mejor ejemplo fue el presidente Enrique Peña Nieto, quien en su cuenta de Twitter escribió: “Crítica, humor y libertad, todo ello en un cartón de Rius. Descanse en paz el destacado caricaturista y periodista Eduardo del Río García”.

Curiosamente, el decano de los caricaturistas mexicanos, fallecido ayer a la 1:45 de la mañana de cáncer de próstata en Tepoztlán, Morelos, a los 83 años de edad, declaró en 2014 en una entrevista con Jesús Alejo para el suplemento Dominical de MILENIO: “Ya estoy hasta la madre del humor político”.

El motivo, agregaba el autor de historietas emblemáticas como Los Supermachos y Los Agachados, es que “son temas que lo cansan a uno, porque no resuelven los problemas. Estoy cansado de ocuparme de los políticos; tiene varios años que no hago cartón editorial en los periódicos y en las revistas. Ya estoy hasta la madre de los políticos, como la mayoría de los mexicanos... Yo creo”.

Rius fue de todo y sin medida: seminarista y burócrata, embotellador y vendedor de jabón, office boy y encuadernador, cajista, profesor sin título y hasta enterrador de conocida funeraria. Pero lo que se le dio mejor fue la caricatura, ejercida desde que comenzó a publicar en la revista humorística Ja-Já en 1965.

Como bien cantó su amigo Óscar Chávez en su corrido “Rius para principiantes”, el caricaturista, nacido en Zamora, Michoacán, en 1934, “desde los años 60 fue nuestro libro de texto”. Muchas generaciones tomaron lecciones de política, historia, cultura, religión, economía y hasta comida sana a través de sus historietas y un centenar de libros tan divertidos como polémicos.

Militante de los partidos Comunista Mexicano y Mexicano de los Trabajadores, abrió el camino al humor político en los 60 y 70, primero en Los Supermachos y luego en Los Agachados, publicaciones en las que, mediante personajes entrañables, comentaba con humor y desparpajo los sucesos políticos en un tiempo en que la crítica no era moneda corriente.

Entre sus libros destacan: Cuba para principiantes (1966), El pequeño Rius ilustrado (1971), Marx para principiantes (1972), La panza es primero (1973), Lenin para principiantes (1975), ABChe (1978), Manual del perfecto ateo (1981), Guía incompleta del jazz (1984), El amor en tiempos del sida (1988), La Biblia, esa linda tontería (1996) y La invención del cristianismo. En 2014 publicó su obra autobiográfica Mis confusiones. Memorias desmemoriadas.

En más de cinco décadas de trabajo también realizó miles de cartones en diarios como Ovaciones, La Prensa, La Jornada y El Universal, así como en revistas como Siempre!, Sucesos, Política y Proceso. Impulsor del trabajo de otros humoristas, fundó revistas como La Garrapata, El Chahuistle y El Chamuco y los Hijos del Averno. Recibió en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo: en 1987 en la rama de Caricatura, y en 2009 por Trayectoria Periodística.

El pasado 7 de diciembre, en ocasión de recibir el Primer Reconocimiento de Caricatura Gabriel Vargas en el Museo del Estanquillo, Rius dijo: “No se preocupen: mi cuerpo médico me cuida y me está garantizando que voy a morir en perfecto estado de salud. Hace dos meses los doctores me dijeron que yo pasaba a la categoría de enfermo terminal, y yo pregunté ¿eso qué es? El médico me respondió que es cuando uno se va a morir. Entonces no se preocupen: todos somos terminales, todos vamos a pasar por ahí. Yo lo soy, porque se alojó en mí un cáncer; bueno, dos, pero son chiquitos”.

Testimonios

María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura. Con el deceso de Rius, creador de un estilo renovador, termina una época de la caricatura política y de divulgación.

Óscar Chávez, músico. Éramos muy buenos amigos desde hace 50 años o más. Destaco su talento, su honestidad, su integridad a toda prueba y sus ideas, que defendió hasta que nos abandonó. Él me apoyó muchísimo en todos mis proyectos, sobre todo discográficos. En el mejor sentido de la palabra, fue uno de los mejores críticos, informadores y jueces de lo que sucedía en el país.

Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura de Ciudad de México. Amigo de viaje en el pensamiento crítico, caricaturizando la injusticia social y trazándola como sabiduría popular. Un abrazo de gratitud, camarada.

Agustín Sánchez González, historiador. Es uno de los artistas ya clásicos no solo en México sino en el mundo. Es muy importante, entre otras cosas, porque en una época tan oscura como la que vivió México entre los años 40 y 60, es el primero que hizo caricatura y rompió con los esquemas del presidencialismo. Mucha gente habla hoy de que vivimos una represión y un supercontrol, pero no sabe de qué habla cuando en los años 60 Rius tuvo un gran enfrentamiento con el Estado y por eso le prohibieron Los Supermachos.

Rafael Barajas, “El Fisgón”, caricaturista. Por su legado y su dimensión cultural, se merece ser despedido en Bellas Artes, sin lugar a dudas. Creo que hay muy pocos escritores, periodistas e intelectuales que tienen la influencia y el impacto que él, como figura y referente para todo el país. Carlos Monsiváis decía que Rius era uno de los periodistas que no era cínico y por eso el motivo de su éxito. Fue un gran narrador, un gran educador que formó políticamente a miles de personas, por lo que considero que el legado que deja es inmenso.

Jis, caricaturista. Nos quedamos algo huérfanos porque sí representó, para Trino y para mí, como un padrino, un padre moderno. Además de ser un brillante caricaturista y comunicador, en persona era extremadamente jovial, lúcido, gracioso. La energía a sus 80 años era impresionante y seguía cotorreando poca madre.

Rapé, caricaturista. Fue un parteaguas de la caricatura en México porque se convirtió en el gran contador de historias. Es el que nos reflejó y nos metió como principiantes a conocer de todo. Es el caricaturista más importante que ha tenido México en la segunda mitad del siglo XX, y no conozco un caricaturista que no haya decidido serlo sin la influencia de Rius.

Eduardo Moreno, Mored, caricaturista. Cuando convivías con él era inevitable sentir que te enseñaba a ser una mejor persona desde diferentes puntos de vista; era muy generoso, un alma buena, tan amoroso, tan él mismo. Su más grande filtro para él y su obra era la autocrítica, y aceptaba la crítica, la practicaba y hablaba mucho de eso. “No nos ceguemos con nuestra propia creación”, decía.

Jabaz, caricaturista. Lo admiro mucho porque en su trabajo logró descubrir la vida cotidiana de una familia en México, de
un pueblo, de un profesor, de un cantinero… Esos personajes los mezcló perfectamente en Los Supermachos y posteriormente en Los Agachados. Tenía gran claridad para describir una situación común del pueblo de México y mezclarla con cuestiones políticas, con ironía, sarcasmo.

Juan Alarcón, caricaturista. Es el modelo a seguir: demostró que los caricaturistas lo son a pesar de los medios de comunicación, pues un caricaturista no depende de un espacio en un periódico o una revista. Ya es un símbolo más que una persona, creo que lo fue mucho tiempo antes de morir.