Rius, el caricaturista que odió el humor político

Caricaturista, ateo, descreído, lector y vegetariano que formaba parte de esa minoría de mexicanos que no tienen teléfono celular; así se definía el incomparable Rius.

Ciudad de México

Eduardo del Río, Rius, se consideraba ateo, pero estuvo a punto de ser cura. Rechazaba que lo llamaran escritor, pues decía que era un humorista gráfico. Era vegetariano, pero en sus caricaturas devoró a los políticos con un humor mordaz. Se ganó un lugar en el Olimpo de la historieta por su humor político, pero en sus últimos años afirmaba que ya estaba hasta la madre de él.

Al borde de las ocho décadas de vida, Rius pregonaba su recelo del humor político: porque no resolvía los problemas, porque estaba harto de los políticos —“como la mayoría de los mexicanos”, decía— y porque prefería dedicarse a otro tipo de humor. Ese humor que llegaba de “las ondas etéreas, que sepa la chingada por dónde quieran”.

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Rius siempre se consideró miembro de una minoría, o al menos eso dice en su libro autobiográfico Mis confusiones. Memorias desmemoriadas: era caricaturista, ateo, descreído, votaba por la izquierda, filatelista (coleccionador de estampillas), lector, no tomaba refrescos, era vegetariano y formaba “parte de esa minoría de mexicanos que no tienen teléfono celular”. En sus propias palabras, era miembro del Club de los Salmones, porque desde los 17 años nadó contra la corriente.

Al dibujo llegó por casualidad, por su afán autodidacta

Nació en Zamora en 1934. Las carencias rondaron su infancia. Vivió en vecindades, pero asistió a la fuerza —dice él— a escuelas privadas de segunda categoría, debido a que su familia quería alejarlo de la educación pública, a la que consideraba como socialista o comunista. Aún así, Rius terminó siendo un partidario de las izquierdas y un gran admirador de Ernesto Che Guevara.

En realidad, la admiración era mutua, pues, durante una visita a México, el revolucionario cubano le pidió que llevara una exposición de sus monos a Cuba.

                                       [Imagen: rius.com.mx]

Fue integrante de un seminario en Venta de Cruz, Hidalgo, y en Tlaquepaque, Jalisco, pero su rebeldía lo alejó del sacerdocio y lo acercó a los libros, al dibujo y a la música, de la cual se había apartado porque le dijeron que no tenía un buen oído musical.

Al dibujo llegó por casualidad, por su afán autodidacta. Su primer libro fue Cuba para principiantes, publicado en 1966. Hoy su bibliografía supera las cien publicaciones. Su gran pendiente será la Historia gráfica de México, un libro ilustrado sobre los momentos más importantes del país.

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Maestro de algunos de los moneros más reconocidos de la escena actual —Rapé, Hérnández, El Fisgón, entre otros— Rius fundó y colaboró en revistas como La GallinaMarca DiabloEl Chahuistle y El Chamuco y Los Hijos Del Averno.

En siete tomos se compiló la colección Todo Rius—editados por Grijalbo—, en donde están los temas que le interesaron y sobre los que ironizó. Incluye textos como Filosofía para principiantes, Marx para principiantes, La basura que comemos, Cristo de carne y hueso, entre otros.

Ganó dos veces el Premio Nacional de Periodismo: la primera, en 1987 como caricaturista y cartonisa; la segunda, en 2010 por su trayectoria periodística.

Gracias, Rius: así lo recuerdan sus colegas y discípulos:



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