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Lunes , 15.10.2018 / 04:54 Hoy

Rindieron homenaje a Javier Juárez Woo

La ECRO develó una placa con el nombre del biólogo quien fuera uno de sus profesores fundadores

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In memoriam, Biólogo Javier Juárez Woo (1954-2018), docente fundador de la ECRO, es la leyenda de una pequeña placa de mármol que se encuentra a la entrada del aula magna de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO), fundada en el año 2000, una finca construida a finales del siglo XIX y principios del XX, que se encuentra en Analco 285, esquina con Federico Medrano.

La placa se develó ayer. El acto fue breve, tan breve como emotivo. En el participaron decenas de alumnos y docentes de dicha institución, familiares y amigos de quien fue también co fundador del Museo de Paleontología y músico.
Apenas el 29 de diciembre pasado Juárez fue hospitalizado y se le detectó cáncer en la tiroides. Para el 5 de enero ya había fallecido, según rememora Alfredo Guerrero, psicólogo y su compañero por más de 34 años quien dijo que nunca se imaginarían que el mal que le detectaron fuera tan implacable y le provocar la muerte tan rápido.

La ceremonia

“Este acto es de justicia, dar a cada uno lo que le toca. Se va a perpetuar la memoria de Javier con su nombre y las fechas de su presencia espacio temporal entre nosotros” dijo Tomás de Híjar, amigo del homenajeado, colega profesor de la ECRO, cronista de la Arquidiócesis y colaborador de MILENIO JALISCO”, durante la develación de la placa y luego agregó: “Su presencia es un sillar que perpetuamente acompañará a la ECRO y al deber que esta tiene con el Patrimonio, el primero, el patrimonio humano, y en atención a ello, estamos dando este mínimo, elemental y necesario reconocimiento. El compromiso que nos queda cada que veamos ese nombre, es que el recuerdo que tengamos de Javier lo va actualizar entre nosotros, cuando se ofrezca decirle a quienes no lo conocieron quien era él. Que esto quede como una constancia de gratitud, respeto y cariño para el que tratamos”.

Tomás de Híjar detalló durante la ceremonia: “Javier tenía un entrañable afecto al templo de Santa Teresa y a la liturgia. En cuanto al canto medieval, muchos años tuvo ese gusto que lo llevó a cantar. ¿Qué puedo abonar con estas palabras de un amigo hacia otro que ya no está? Que su vida siga presente en la eternidad, que desde aquí quienes lo quisimos y lo extrañamos, esperamos reencontrarnos con él cuando el señor nos lo permita. Javier tuvo la satisfacción de ver nacer la ECRO y formar parte de un proyecto que necesitaba, ambición, capacidad y competencia y cariño y creemos que esas tres cosas las tuvo él. En su condición de biólogo y en su pericia, en lo que esto implicaba en su aspecto paleontológico y la competencia que tuvo en las asignaturas y encomiendas académicas y escolares que nos dejó. Nos dejó también una nota de un humanismo con una pizca de ironía y profundo sentido común que dejaba de lado, en cambio, el resentimiento, la amargura, la indolencia. Creo que al tratar de sintetizar digamos que, tuvo un pensamiento crítico, se esforzó por ser un hombre libre y debió sortear diversos lances. Aún en el de la recta final dio pruebas de constancia. Lamento no haber estado con él pero yo mismo me estaba debatiendo entre la vida y la muerte por un accidente que me privo disponer de mí mismo algunas semanas”.

Guillermo Juárez Woo, hermano del homenajeado lo recordó como un buen hermano y buen vecino. “Siempre fue una persona con una gran calidad humana, muy ecuánime, el mejor vecino que se puede tener”.

Juárez Woo y la ECRO

Para Alejandro Canales, director de la ECRO, Juárez Woo fue un profesor que siempre tuvo un desempeño ejemplar. “Su responsabilidad como docente es un referente no sólo en el ámbito de su materia. Tenía siempre el temple y daba comentarios muy oportunos de otras materias, siempre con un ánimo propositivo. Es un profesor que se ganó este reconocimiento. Siempre con una actitud y ética profesional estética educativa que la profesión demanda y siempre estaba con esta inquietud de seguir aprendiendo y a la vez, saber transmitir estos conocimientos a todos quienes fueron sus alumnos. En cualquier ámbito que era convocado su voz externada era de tomarse en cuenta porque en gran medida nos demostró su desinterés ye interés genuino por la institución, el cariño que tuvo para transmitir sus conocimientos con alumnos y colegas”.

Álvaro Zárate, coordinador académico de la ECRO precisó que al ser el titular de la materia de Biología General, fue profesor de todas las generaciones de la ECRO y dio asesoría a todos los talleres que hacen restauración con materiales de la naturaleza: Textiles, madera, papel, toda la parte con los insectos que deterioran los bienes culturales, muchos procesos, es un área científica que tiene importancia grande para la conservación. “Supo entender muy bien la parte que requieren los restauradores para su formación. En la parte humana, fue un ser ejemplar. Cuando murió todos los ex alumnos, se volcaron en las redes sociales para manifestar su pésame y agradecimiento”.

Abraham Ibarra, colega con quien trabajó varios proyectos culturales con Juárez Woo mencionó en la ceremonia: “Venimos a develar un signo que nos viene a tenerlo presente a quienes lo estimamos y queremos”.

El músico
En el acto, algunos lloraron poco y otros más frente a la placa la foto y las rosas blancas, a simple vista por sus actitudes pareciera que todos eran una sola familia. Guerrero lo recuerda como “un biólogo notable de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un hombre enciclopédico, guapo... Estudió en la urbana 196 Manuel M. Diéguez. Desde que egresó ya era un niño libresco, tiene una colección impresionante de libros, ya estamos viendo que haremos con ese acervo. Contestaba preguntas de cualquier tipo, a cualquier gente. Tenía una memoria prodigiosa con la parte taxonómica... cientos y miles de plantas y árboles que identificaba perfectamente. En el disco esencial de El Personal, reconocido como uno de los cien discos más importantes del rock en español, Javier hace los coros de la canción No me hallo, yo le presenté a Julio Haro y todos éramos grandes amigos, él le ayudo mucho a Julio porque contaba con mayores conocimientos musicales”.

Juárez y el Museo de Paleontología

Diana Solórzano, fundadora del Museo de Paleontología hizo llegar a este diario las siguientes palabras: “Me parece increíble pensar y sentir que Javier ya no esté, incluso para mí y para el museo, de quienes estuvo un tanto alejado en los últimos tiempos. Era una presencia importante, fue parte de su inicio y de su desarrollo, tenía una personalidad fuerte y su ausencia deja un gran vacío... Todavía recuerdo cuando supo que se abriría el museo, él me llamó para decirme que quería participar en eso, y bueno, yo que ni idea tenía de lo que se avecinaba, contar con él, biólogo y de mente científica, fue una maravilla. Además ya éramos amigos, ya nos queríamos, siempre fuimos cercanos, incluso cuando estábamos alejados”.

Continúa el texto: “Creo que mi papá (el ingeniero Federico Solórzano) y él se admiraban mutuamente y en mil cosas hablaban el mismo idioma. Mi papá se sentía tranquilo sabiendo que era él quien estaba a cargo de sus colecciones. Sabíamos que era serio y era honesto. Solemne no, tenía siempre un gran sentido del humor. Eso sí, de mente y gustos refinados, discreto, y hasta cierto punto misterioso, lo cual le daba un atractivo más a su vida. Tenía intereses variados e intensos, tocaba el piano y la guitarra, cantaba maravillosamente bien, era hábil para todo lo manual y gozaba el cine y la lectura. Era buenísimo para los idiomas, cuando nos tocó ir juntos a Europa, casi habló francés en la semana que estuvimos ahí y entendía bastante bien el alemán, y aunque se supone que no lo hablaba, todo me lo traducía.

Ese viaje fue muy importante para saber lo amigos y cercanos que éramos, viajar con alguien no es fácil, pero con él sí. Todo le gustaba, desde museos hasta comidas, conocer personas y detenernos a ver gente con un oporto de por medio era un placer. Me hizo falta viajar más con él
Trabajar juntos tuvo sus momentos difíciles, supongo que como en todos los trabajos, pero me quiero quedar con positivo.

Quise mucho a Javier Juárez y creo que él a mí. Fuimos buenos amigos y nos apoyamos en más de una ocasión. Lo voy a extrañar mucho, y estoy segura que será extrañado en todos los lugares donde trabajó y vivió. El Museo de Paleontología de Guadalajara es uno de ellos descanse en paz”.

Isabel Orendáin, directora del Museo de Paleontología, recordó que cuando el Museo de Paleontología lo integró Diana Solórzano, Javier Juárez como curador y ella en la parte técnica el reto para Juárez fue mucho y salió adelante.

“Su responsabilidad era grande, la colección era amplia, Javier la estudió y la registró. Preparó los materiales que serían exhibidos en las siete salas permanentes y posteriormente, para continuar en la limpieza, la identificación y la publicación de los hallazgos más importantes, Javier fue la persona idónea para sacar ese trabajo. Coordinaba a los prestadores de servicios y supervisaba que el resultado fuera óptimo y jugó un gran papel en la investigación del gonfoterio encontrado en Chapala que se exhibe en el Museo. Creo que Javier sentó las bases del estudio de la colección del museo, fue un gran amigo, le estimaba mucho y siempre agradeceré todo lo aprendido”.

MC

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