Ricardo Castro abrió la puerta a la música moderna mexicana

El pianista Armando Merino presenta hoy, a las siete de la noche,su disco más reciente, La Belle Époque: El México de Ricardo Castro en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
'La Belle Époque: El México de Ricardo Castro' incluye obras nunca antes grabadas.
'La Belle Époque: El México de Ricardo Castro' incluye obras nunca antes grabadas. (Especial)

Ciudad de México

De acuerdo con el pianista Armando Merino, “Ricardo Castro, nuestro primer concertista mexicano, abrió la puerta a la música de la modernidad. Él rompió el esquema del tipo de música que se escribía en el siglo XIX”.

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Merino presenta hoy a las siete de la noche en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes su disco más reciente, La Belle Époque: El México de Ricardo Castro (Merino Records, 2016). El álbum incluye la primera grabación mundial de seis preludios, dos nocturnos y una romanza de Castro.

Merino cuenta que el pianista y compositor duranguense fue muy favorecido por el presidente Porfirio Díaz

El álbum incluye la primera grabación mundial de seis preludios, dos nocturnos y una romanza de Ricardo Castro.

, cuyo gobierno “lo manda, cuando tiene 16 años, como representante a la Feria Mundial de Nueva Orleans. De ahí le salen otros conciertos en Nueva York, Filadelfia y Chicago. Hacia el final de su corta vida —murió en 1907 a los 43 años— también lo apoya para que dé a conocer su obra en Europa”. 

Merino explica que Castro “fue un admirador de Wagner. En muchas de sus obras encuentras giros de la música wagneriana. Yo lo noté cuando grabé algunos de sus valses, que son pianísticamente complejos, con un lenguaje muy sofisticado. También tiene una suite a la manera de Debussy, a quien admiraba. Él está en contra del estilo italiano, viene de la escuela francesa. Decir francés entonces era sinónimo de modernidad”.

Los músicos surgidos después de la revolución, agrega, “metieron en un mismo cajón a todos los músicos del siglo XIX y le echaron llave. Veían a esta música con desprecio, la consideraban música superflua, sentimentaloide”.

—¿Qué ocurrió con su forma de componer?

Armónicamente se salió de lo que hacía la mayoría de sus colegas. Es mucho más atrevido en su cromatismo, maneja todos los géneros musicales y es el compositor del primer concierto para piano y orquesta que existe en nuestro país y el primer concierto para chelo y orquesta. Tiene una sinfonía, un cuarteto de cuerdas, un poema sinfónico, además de haber abarcado todos los géneros en la música de piano. Su música hay que descifrarla, porque no es fácil de interpretar.


—¿Cuál es la intención de La Belle Époque?

Mi intención es presentar algunos de los muy diversos géneros que él manejo. De ahí que grabé los dos impromptus, uno en forma de vals, otro en forma de polca, los dos estudios de concierto, las improvisaciones sobre ritmos de danzas mexicanas, una mélodie para violín y piano con mi hermano Luis Felipe Merino, y una mazurca. También hago la primera grabación mundial de los dos nocturnos op. 48 y 49, los seis preludios op. 15, y la Romanza en sol mayor op. 31. El repertorio es muy diverso, pero al escuchar el disco te das cuenta de lo entendido que está cada género y que hay una diferencia entre cada uno de ellos.

  


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