“Las grandes revistas son inseparables del recuerdo de su fundador”

Philippe Roger es director de la revista Critique, fundada en 1946.
Philippe Roger.
Philippe Roger. (Especial)

Ciudad de México

Director de la revista Critique, fundada en 1946 por Georges Bataille, Philippe Roger es uno de los académicos y pensadores más reconocidos de Francia. Profesor de literatura en la Universidad de Lyon II y especialista en literatura francesa de los siglos XVII y XVIII, es autor de libros como Genealogía del antiamericanismo francés, Sade, filosofía del exprimidor y de varios ensayos sobre Roland Barthes. Con motivo de su reciente visita a México, sostuvimos con él la siguiente conversación.

 

Cuando escuchamos el nombre de Critique, la revista que usted dirige, pensamos en Georges Bataille.

Las grandes revistas son inseparables del recuerdo de su fundador. Es el caso de Critique con Bataille o de Temps Modernes con Sartre. La fundación de Critique se remonta a 1946 y la fidelidad intelectual con sus orígenes es grande. Más aún tomando en cuenta que en setenta años Critique ha tenido solo tres directores: Bataille, Jean Piel (unido a Bataille por lazos amistosos y familiares) y yo.

En Critique, Bataille no es un recuerdo. Es una presencia ligada poderosamente a su proyecto: hacer una revista “general” y culta a la vez, tomar el pulso intelectual del planeta dando testimonio de los libros importantes que se publican.

Pero el nombre de Bataille no aparece con frecuencia en nuestros sumarios. Claro, le dedicamos un número especial en 2013 bajo el título Georges Bataille. De un mundo al otro. Hubiera sido extraño no celebrar el cincuentenario de su muerte (ocurrida en 1963). Pero aun intentamos concebir este homenaje al estilo de Critique: regresando al periodo fascinante y todavía mal conocido del Colegio de Sociología, con documentos inéditos, por una parte, y por otra pidiendo a nuestros corresponsales en Japón, Alemania, Estados Unidos y otros lados, que analizaran el impacto actual de la obra de Bataille en sus respectivos países.

 

¿Qué zonas del pensamiento de Bataille pueden considerarse actuales?

Sus esfuerzos por analizar el alza totalitaria de los años 1930; su intuición de que el fascismo y el nazismo movilizaban en ese momento (como hoy sus equivalentes) fuerzas psíquicas y pulsionales que las hacían aún más terribles, mientras que la izquierda marxista quería ver únicamente el “último estadio” o la “verdadera verdad” de las democracias capitalistas; su análisis de situaciones sociales, políticas y culturales de “efervescencia” —concepto mucho más fértil que aquel, distorsionado hasta la irrelevancia, de “crisis” —. Todo esto es actual. Aún más, ya que Bataille no intentó hacer de esto un sistema. Piensa y reacciona por impulso, en el momento del Colegio de Sociología en particular. No se lanza en los brazos de ninguna certeza, como lo hacen muchos de sus contemporáneos.

 

Bataille escribió sobre “la coexistencia pacífica”, sobre “la economía generalizada”. Analizó infatigablemente la atracción de los seres humanos por la tortura y la violencia. ¿Qué piensa usted que diría sobre la violencia extrema que nos acompaña diariamente en el siglo XXI?

En principio, hay una trampa al pretender hacerlo hablar, porque lo hacemos forzosamente en los términos y conceptos que él utilizaba en los años treinta, cuarenta o cincuenta. Nada nos dice que hoy no tendría una perspectiva diferente. Pero en la cuestión que usted formula, la de la violencia, incluso la del “mal”, en la economía generalizada, me parece que hubiera encontrado pocas cosas que modificar en su análisis, el cual confronta constantemente el horror uniforme de las violencias institucionalizadas con formas eminentemente individualizadas (aunque sea posible ritualizarlas) de situaciones límite. Estas formas se inscriben en el gasto, en el “exceso”, en el vértigo (propio también de Roger Caillois) y, finalmente, en algo como el auto sacrificio. Es la “parte maldita”. Y la fuerza de Bataille era decir, en resumen: hacer caso omiso a la “parte maldita”, rechazarla, es promover las formas institucionalizadas del horror. Cabe decir que el fondo del pensamiento histórico-político de Bataille es pesimista —como el de Sade, al cual leyó mucho—. Es poco probable que la época actual lo hubiera hecho cambiar de parecer.

 

Los postulados de la revista Critique establecen que “se consagran a encontrar […] lo nuevo y lo esencial”. ¿Existe algo auténticamente “nuevo”?

Tiene toda la razón: es bastante presuntuoso pretender identificar la novedad en el momento de su aparición. Hasta diría que se necesita enfrentarse a la “neomanía”, como la llamaba Valéry —o el “torniquete de la moda”, para citar a Roland Barthes—. Si hay algo “nuevo” hoy, nace comúnmente de los contactos entre campos disciplinarios distintos, entre culturas y espacios alejados. De ahí el interés en mantener, contra la tendencia pesada de la “especialización”, el principio de una revista polivalente, pluridireccional. Si somos capaces a veces de hacer referencia a las innovaciones del pensamiento, es porque organizamos tales encuentros en nuestras páginas.

 

Podría explicarnos el objetivode la revistade “hacer temas complejos accesibles al lector no especializado”?

La idea es muy simple. No somos una revista de “divulgación” —término desafortunado, por cierto, para designar una acción muy útil: la de difundir ampliamente el conocimiento; prefiero la palabra “popularizar” que se usaba al final del siglo XVIII, cuando se soñaba con “popularizar” la filosofía o las matemáticas—. Intentamos informar sobre obras o pensamientos explicándolos, en el sentido etimológico, es decir, desenrollando la lógica, las implicaciones, las dificultades. Ese es el ideal. No se logra siempre… De manera más concreta, esto quiere decir que un manuscrito que nos llega y pasa por el comité de lectura recibe dos reportes: uno hecho por un (o una) especialista en el campo, que da su opinión sobre la relevancia, la novedad del tema; y otro por alguien que no es para nada especialista, lo cual permite poner a prueba la legibilidad del artículo para los profanos.

 

Una pregunta técnica: ¿cuánto tiempo le toma al equipo editorial preparar un número?

Para un número común (con un conjunto temático y una parte de varia), casi tres meses. Un número especial requiere un año y medio, en promedio.

 

Como sabe, México vive una crisis política y una de las principales definiciones de este sobresalto corresponde a la palabra “ingobernable”. En vista de las conclusiones de la edición de Critique que trata este tema, ¿cuál es su visión sobre la situación actual en México? Necesitamos en verdad eso que usted llama “cambiar de idiomas y de conceptos para pensar las relaciones con el poder”.

No me gustaría adentrarme demasiado en un terreno que conozco mal. El concepto “ingobernable” que nosotros exploramos en ese número está ligado a los trabajos del antropólogo James Scott en su libro Zomia. Se trata de pueblos que, sin estar en una revuelta o en secesión manifiesta, se esfuerzan por escapar al control del Estado. Queda por saber si este modelo bastante particular que Scott analiza en ciertas regiones de Asia es aplicable a países como México o a otros Estados en los cuales un cierto número de fallos acumulados permiten a ciertos grupos (a menudo ligados al crimen) “autonomizarse” de las instituciones gubernamentales. Scott ve una cierta positividad, una “resistencia” de los ingobernables. En el caso de México, habría que distinguir las aspiraciones locales por sacudirse el yugo de las autoridades consideradas demasiado pesadas, y también hay que distinguir las estrategias de eliminación del Estado concebidas por las organizaciones criminales con el fin de tener control y beneficios. En este último caso, no se trata de una “ingobernabilidad” muy deseable ni muy deseada por la mayoría de la población, que es más bien abandonada que “rebelde”.

 

¿Podría darnos un adelanto de su próximo proyecto?

Para este 2015, tenemos un número atípico llamado Fourier regresa, ligado a toda una serie de actualidad alrededor de Charles Fourier y también, de manera general, al regreso de la cuestión de la utopía política: ¿indispensable o estéril? Más adelante en el año, planeamos un número que recapitulará las corrientes actuales de la hermenéutica. Y después, un número sobre las humanidades numéricas, de las cuales se habla mucho sin saber de lo que se habla. Me gustaría saber más de ello. Espero el número con enorme interés.