En revelaciones

Una película no solo se estructura en base a los conocidos tres actos —esta afirmación se la debo a John Truby que hace un análisis excelente en su ensayo sobre la anatomía del guión.
François Cluzet y Marianne Denicourt en una cinta que evita el melodrama.
François Cluzet y Marianne Denicourt en una cinta que evita el melodrama. (Especial)

México

Una película no solo se estructura en base a los conocidos tres actos —esta afirmación se la debo a John Truby que hace un análisis excelente en su ensayo sobre la anatomía del guión—, también puede construirse en base a revelaciones dramáticas, es decir acciones clave que revelan comportamientos de los personajes con la intención de sorprendernos y la historia gane en velocidad. Así, la calidad de la trama va a depender de la calidad de las revelaciones que deben sustentarse en la verosimilitud para que el resultado acojone y el espectador se vaya involucrando sin remedio.

Un amigo irremplazable está construida a base de revelaciones, va de la mano con la obra maestra de Akira Kurosawa: Vivir, película que se caracteriza porque desde la primera toma presenta el conflicto que mueve al personaje principal para mantenernos atentos a la pantalla. Lo mismo sucede con Jean-Pierre desde la primera secuencia: el autor revela la problemática de un doctor en la campiña francesa —equivalente a cualquier provincia del mundo—, dedicado en cuerpo y alma a cuidar la salud de la comunidad sin importarle la suya, pero se aterra cuando otro doctor amigo le diagnostica un tumor que se vislumbra maligno.

La estructura en revelaciones tiene la característica de la sorpresa: Jean-Pierre se entera de su mal pero no se lo dice a nadie. Cuando Natalia, su asistente, descubre su enfermedad, consternada espera a que Jean-Pierre se lo diga. Cuando Jean-Pierre se informa que Natalia lo sabe, se queda callado. El espectador intuye que los personajes se aman pero nunca lo manifiestan. Esta especie de ardides funciona muy bien, pues el autor evita el melodrama y sobre todo el cliché, otorgándole a la película frescura a pesar de la escabrosidad de la trama.

Un amigo irremplazable adquiere la velocidad de un auto que pasa de segunda a tercera, cualidad fabricada desde el guión —el cineasta también es médico—, manifestando la verdad oculta para jugar con ella y revelarla a cuentagotas, pero en continuidad, como sucede en Vivir. Recordemos que la primera toma de la película es una radiografía que muestra un estómago mientras una voz explica que es el estómago del personaje, que tiene cáncer pero él no lo sabe. Revelación que engancha de inmediato. 

El final llama la atención porque parece obvio, pero en realidad se trata de otra revelación sustentada con absoluta credibilidad, deja un exquisito sabor de boca. La película continúa exhibiéndose en la Cineteca Nacional, no se la pierda.

Un amigo irremplazable (Francia, 2016). Dirigida por Thomas Lilti. Con: François Cluzet y Marianne Denicourt.