El lujo revela fragilidad en el individuo: Yves Michaud

El filósofo francés acaba de publicar en español un libro en el que analiza las manisfestaciones y transformaciones del gran mercado de la ostentación.
Investigador del arte y el turismo.
Investigador del arte y el turismo. (Cortesía Yves Michaud)

Madrid

En el fondo del frenesí contemporáneo por el lujo, de las conductas ostentosas y de la búsqueda de lo auténtico, hay algo más que la mecánica del capitalismo y el frenesí del consumo: hay, afirma el filósofo francés Yves Michaud, “un individuo obsesionado por el placer y la necesidad de existir y ser visible; hay un individuo que se agarra a ese lujo para ser ‘alguien’, al tiempo que de alguna forma sabe que sus experiencias son tan frágiles como auténticas y también inauténticas. Ese éxito actual de las industrias del lujo dice mucho acerca de la fragilidad del individuo”.

Por ello, Michaud se propuso examinar el lujo en sus significaciones y funciones básicas, en sus manifestaciones diversas y contemporáneas; en su dimensión de placer y en su transformación actual en experiencias y ambientes objeto de un diseño, pues es en estos aspectos, dice Michaud en su más reciente ensayo publicado en nuestro idioma, El nuevo lujo. Experiencias, arrogancia, autenticidad (Taurus), donde se aprecia que el lujo, tal como se entendía hasta ahora, ha cambiado transformándose en una forma de satisfacer la necesidad de ostentación y de vivir experiencias raras y únicas, auténticas.

En entrevista exclusiva con MILENIO, Michaud (1944), director durante siete años de la Escuela de Bellas Artes de París y fundador de la Université de Tous les Savoirs, expone que el precedente de este libro parte de las reflexiones que hizo en su obra El arte en estado gaseoso (Fondo de Cultura Económica), donde abordaba la idea de la desaparición del objeto en el arte contemporáneo y la aparición de tendencias relacionadas con las instalaciones, performances, atmósferas y ambientes.

“Después”, explica, “he tenido que desarrollar un programa de investigación, escribiendo primero un libro sobre el turismo contemporáneo, el cual tiene que ver con la afición al arte de ambientes, del bienestar y de experiencias, el cual se tituló Ibiza mi amor: investigación sobre la industrialización del placer. En esa obra expuse mi idea de que el turismo es parte de esta experiencia estética de los ambientes y más tarde, gracias a esta investigación del turismo de experiencias auténticas, llegué a estudiar el lujo, y descubrí que se estaba dando el mismo proceso que se produce en el arte contemporáneo: en este caso, la transición del disfrute de objetos en el lujo al disfrute de las experiencias”.

En El nuevo lujo, Michaud establece justamente que ya no son los objetos más caros los que se adquieren, sino las experiencias más singulares y exclusivas. “Ambas cosas, como en el arte, coexisten: de un lado, el lujo de objetos, que está muy vivo y económicamente marcha muy bien, y por otro lado, vemos la aparición de un nuevo campo de experiencias que tienen que ver con experiencias de alta calidad, de hostelería de lujo, de spas, de cruceros o de coches de alta gama que para mí son más experiencia que objetos”, señala.

Este cambio, indica, en parte muestra que vivimos en un mundo donde lo que más vale es inmaterial. “Cuando pensamos en las experiencias de internet, de los videojuegos, vemos que cada vez lo virtual, lo inmaterial cobra más importancia. Pero al mismo tiempo hay dos cosas que están en la raíz de este cambio: por un lado, está el hecho que no se puede explicar cabalmente pero se puede describir, que estamos pasando de un mundo de reflexión y de pensamiento a un mundo de sensaciones y experiencias. Un poco como en el siglo XVIII, que pasa del mundo reflexivo del siglo XVII al mundo sensorial y sensual. La segunda razón para mí es que tenemos la posibilidad, como nunca hemos tenido, de controlar las experiencias mediante la tecnología, el diseño o los objetos conectados, todas esas posibilidades que nos permiten condicionar la experiencia. Esto es algo muy nuevo que tiene su raíz en el desarrollo de las tecnologías más avanzadas”.

Burbuja egoísta

Pero ¿es posible que este cambio, que viene de la mano de un nuevo hedonismo, aísle aún más al individuo en un mundo en el que cada vez estamos más atomizados y donde las comunicaciones, paradójica y aparentemente infinitas y con muchas posibilidades de llegar a todas partes, fragmentan al individuo y lo separan y le hacen más individualista y egoísta?

Michaud considera que en buena medida es así. “He reflexionado mucho en torno a ese tema. Pienso que cada uno vive en su burbuja, una burbuja de individualismo, de egoísmo, de placer, de experiencias. Sin embargo, al mismo tiempo buscamos no la comunicación, sino la comunión emotiva a través de los mass media, de los acontecimientos políticos y sociales. Pero es verdad que el hedonismo actual, individualista, es un tema muy interesante que ha desarrollado con profundidad gente como Peter Sloterdijk, quien establece la idea de que vivimos más y más en esferas individualistas. Así que hay una manera no de comunicar, sino de enseñar esta religión, que es lo que yo llamo la ostentación de la burbuja de lujo y de placer”.

Otro elemento en este nuevo lujo es la utilización de las personas al servicio de esas experiencias, como en el caso de la prostitución de alto standing. Al respecto, Michaud dice que “al ser el lujo un fenómeno básicamente humano, lo que ha cambiado no es solo la escala de la explotación, pues en el siglo XVII había al menos una veintena de empleados domésticos en las casas de los grandes señores, sino el conflicto que se genera cuando entre los principios de nuestra vida moderna están la democracia, la igualdad y derechos humanos, y esa explotación del personal doméstico se trata de ocultar y ya no se habla de prostitutas, sino de escorts o azafatas, porque ya no hablamos de criadas sino de servicio, y en realidad no queremos saber lo que pasa. En este sentido, hace un año escribí el prólogo a una novela francesa en la que se describe la vida de los trabajadores de un crucero de lujo en América, donde hay 5 mil ricos con sobrepeso y bajo ellos hay tres mil personas que viven sin ver el sol y que trabajan para ellos en mundos completamente separados. La novela se titula Avec vue sous la mer  (Con vistas bajo el mar), de Slimane Kader”.

Para Michaud, la manera de hacer estallar esas burbujas de individualidad en las que está sumido el ser humano que aspira al nuevo lujo, la forma de subvertir el estado gaseoso de cosas en que lo encontramos y lograr un punto de fuga que podría cambiar esta situación se encuentra en la raíz misma de la experiencia del lujo contemporáneo. “Por un lado, tenemos la búsqueda de autenticidad, de placer y de vivir. Pero hay también, en la dimensión de la ostentación —una dimensión eterna del lujo pues en todas las sociedades el lujo ha sido demostrativo y ha tratado de mostrar quién es más rico, quién tiene más gusto o dignidad— una paradoja encerrada, porque la ostentación es una forma de comunicación, una manera de restablecer la comunicación, una manera agresiva ciertamente, pero que marca diferencias, y como vivimos sociedades democráticas de diferencia, ahora estas diferencias tienen que disolverse, así que la solución de la ostentación viene de ahí”.

Las reflexiones vertidas en El nuevo lujo, expone Michaud, tienen una continuación en otro libro que acaba de escribir, un abecedario que quiere ser una tentativa para describir la situación contemporánea. “Yo no soy un prescriptor, sino un descriptor; es decir, como filósofo lo que me gusta es describir de la manera más aguda y pertinente las cosas, para que después cada lector pueda hacerse su juicio. Así que en ese abecedario he utilizado 26 palabras como entradas de cada letra, las cuales reemplazan a las que se habían utilizado hace diez años para hablar más o menos de las mismas cosas: por ejemplo, la primera palabra es Avatar, que reemplaza a Identidad; otra palabra es YouTube, que reemplaza a Cultura; o Zapping, que reemplaza a Atención. Así que aunque no sé lo que va a pasar, creo que estamos viviendo en un momento de desmoronamiento y ruptura. Hay gente que vuelve a la tradición y a la reacción, como los fundamentalistas islámicos o católicos; y hay otros que piensan que vamos hacia un posturalismo”.

Valores comunes

En ese sentido, Michaud observa que lo que está corriendo en Europa con la ola de atentados fundamentalistas islámicos es un síntoma de que vivimos en los límites de la democracia: “La democracia supone no la integración completa pero sí al menos la aceptación por parte de todos los ciudadanos de unos valores comunes. Y lo que estamos descubriendo en este momento es que hay gente que vive con nosotros como ciudadanos pero que no pueden aceptar esos valores. Es el mismo problema del comunitarismo, que hasta ahora era más un problema teórico que real, y donde debemos plantearnos ¿hasta qué punto se pueden aceptar las diferencias religiosas y las diferencias de comportamientos? Las sociedades europeas están descubriendo ahora este problema, porque en otros países, como en América Latina o Estados Unidos, la base inicial es diferente”.

Para Michaud, el argumento esgrimido para explicar la adhesión al fundamentalismo islámico como producto de la marginación y la falta de integración de ciertos sectores de la población, no es válido. “Esa es una respuesta tradicional que todos los políticos dan, pero yo no estoy de acuerdo. Yo creo que es más grave que todo eso, porque esta gente no puede integrarse y, sobre todo, no quiere integrarse. Es una cuestión de aceptación de los valores comunes. Es un problema muy grave porque hablamos de mucha gente que piensa de esta manera, y no todos son terroristas, pero la línea que hay entre unos y otros es mucho más frágil de lo que se piensa”.

Se trata, agrega Michaud, “de un problema nuevo que tiene visos de durar todavía mucho tiempo”.

Por último, preguntamos a Yves Michaud por el problema del narcotráfico en países como México, y el filósofo observa que “fundamentalmente lo que se tiene que hacer es legalizar casi todas las drogas, incluso la cocaína. Es absolutamente extraño y gravísimo que la gente se beneficie del narcotráfico y que todos los gastos sean para la comunidad social: los gastos de la represión, de las cárceles, de los juicios, de la salud, por no hablar de la enorme cantidad de impuestos que no se recogen. Así que creo que la única manera, no solo en México sino en todo el mundo donde los traficantes juegan en el mismo campo, es la legalización, porque el tráfico ilícito está llevando dinero a grupos como la facción de Al Qaeda en el África subsahariana, así que es un asunto que nos concierne a todos”.

¿Cuánto cuesta vivir bien?

Según datos ofrecidos en el libro El nuevo lujo, entre 1995 y 2012 el mercado mundial del lujo en sentido tradicional (moda, accesorios de moda, productos cosméticos, relojería, joyería, alcohol, vinos y perfumes) pasó de 77 mil millones de euros a 212 mil millones. Según la consultora Bain & Co. especializada en dicho mercado, en 2014 fueron 230 mil millones de euros, a pesar de haber pasado por dos importantes crisis, en 2001-2003 y en 2008-2009.

Pero al mismo tiempo y de manera hasta ahora un tanto vaga, ha ido creciendo lo que el filósofo francés Yves Michaud llama “el lujo de experiencia”, cuya importancia económica mayor, aunque difícil de aprehender, engloba aspectos como estancias en hoteles de gran lujo, veladas en óperas o festivales musicales, semanas en centros de adelgazamiento y spas, alta gastronomía, cruceros, safaris y paquetes turísticos de gama alta, así como coches de más de 100 mil euros, recepciones y cócteles selectos, islas y yates privados, y hasta viajes espaciales, cuyo monto generado puede ascender a un billón de euros al año.