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Reúnen poesía dispersa de Roberto Bolaño en un libro

Algunos de los poemas del escritor chileno “se convierten en un río de palabras que expresan sentimiento y capturan un momento”, dice Ramón Córdoba, editor de Alfaguara en México.
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De la bibliografía de Roberto Bolaño, hay títulos que se aparecen en la memoria con mayor rapidez: Putas asesinas, La literatura nazi en América, Los detectives salvajes, 2666…, pero poco se recuerda su poesía, aun cuando se trata de uno de esos géneros a los que solía entregarse con mayor pasión en la creación literaria.

Allí se encuentran títulos como Reinventar el amor, La Universidad Desconocida, Los perros románticos, El último salvaje, los que se suman en Poesía reunida (Alfaguara, 2018), complementado con algunos poemas que habían aparecido en revistas, y que cuenta con un prólogo de Manuel Vilas.

Se trata de un volumen de poco más de 650 páginas, aparecido dentro de la Biblioteca Roberto Bolaño, el cual se enriquece con documentos del archivo del escritor chileno acerca de su poesía, con lo que se ofrece una visión amplia de un género por el que siempre sintió una relación muy especial, en palabras de Ramón Córdoba, editor de Alfaguara en México.

“La primera cuestión que uno encuentra en su obra es la limpidez de su prosa, por más abstracta que se le quiera considerar, siempre es muy legible y diáfana; eso alcanza a reflejarse en la poesía, que conocemos bastante poco porque estaba inasequible, dispersa, regada por todos lados, de hecho una parte continúa así, porque no es una poesía completa, es reunida, a pesar de la enorme extensión del libro”.

El volumen muestra un desarrollo de su poesía paralelo al de su prosa. De hecho hay varios poemas que parecen piezas narrativas, se convierten “en un río de palabras que expresan sentimiento y capturan un momento”, explica Ramón Córdoba.

En Poesía reunida se aparecen los infrarrealistas, la calle de Bucareli, incluso se encuentra a Pedro Infante y Luis Aguilar, aunque aquí se equivoca y le pone otro nombre. Son referencias a lo mexicano, en donde ocupa un lugar muy especial la figura de Mario Santiago Papasquiaro, un poeta con quien Bolaño estableció una amistad muy estrecha.

“Aquí tenemos un poeta que no pasa por la rima y, en apariencia, tampoco por la métrica, pero sí por el ritmo y por el cuidado donde ponerle el acento a cada palabra, sobre todo en el conjunto del poema. Tiene una cualidad sonora y rítmica para despertar un sentimiento y expresar una idea, tal como lo quería Borges, y algunos describen una situación y narran un hecho”, a decir del editor.

Y ADEMÁS

MANUEL VILAS EN EL PRÓLOGO
Vio en la poesía una forma de rebeldía y una intriga existencial que engrandecía la vida. Es curioso, porque sin esa apelación a la poesía no se puede entender el conjunto de su obra. Hay poesía escondida en sus novelas y hay novelas interrumpidas en su poesía. Porque todo son palabras.

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