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Martes , 25.09.2018 / 14:31 Hoy

Retoman arquitectura religiosa del tapatío Pedro Castellanos

La exposición Arquitectura religiosa recupera planos originales realizados en papel cebolla que desde varios años resguarda la Arquidiócesis de Guadalajara y que fueron enmarcados para la ocasión


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Planos originales, dibujados a mano alzada y fotografías de la configuración de Guadalajara entre los años 40 y 60 es lo que se podrá encontrar en la exposición Arquitectura religiosa de Pedro Castellanos que realizan el Museo de Arte Sacro y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (Iteso) que se inauguró ayer con una conferencia por parte del arquitecto Juan Palomar y Eduardo Gómez Becerra, presbítero y director del espacio.

“La arquitectura es un arte, y es importante apreciarla como una expresión humana pues hemos caído en buscar la utilidad de los espacios y el diseño pero a partir de sistemas constructivos y materiales nuevos, pero no hay diseño con carácter propio. La mayor importancia de esta muestra es el testimonio de las antiguas formas de proyectar”, dice Gómez Becerra, ya que se muestran 78 piezas, entre planos dibujados a la usanza antigua y fotografías que documentan la historia de la ciudad.

El también arquitecto de formación hace la invitación especialmente para estudiantes dado que es de los que creen que “la pluma y la mano son compañeros inseparables”, por eso refiere como lo más importante el hecho de que se rescate “el ejercicio creativo que brota en un primer momento de las manos del artista, porque lamentablemente las computadoras hoy cuadriculan la imaginación”.

De acuerdo a Gómez Becerra la obra de Pedro Castellanos es un referente de la arquitectura tapatía, siendo del bloque de los pilares de la arquitectura de Jalisco junto con Luis Barragán, Rafael Urzúa e Ignacio Díaz Morales. Comenta que el arquitecto además fue ingeniero, hombre piadoso y de fe, hijo del ex alcalde de Guadalajara Luis Castellanos Tapia y la inglesa Catherine Lambley, de ahí que su formación inicial la pasó en Londres y la segunda en una filial militar de Harvard en los Estados Unidos.

Ya de vuelta en México realizó obra civil como la casa Guadalupe Zuno y la obra conocida como Las casitas, frente al templo de la Paz. Se ordenó como sacerdote a los 48 años de edad y fue en la década posterior de su vida que se dedicó a erigir una vasta obra dedicada a la iglesia hasta que falleció a los 59 años el 25 de septiembre de 1961 por causas relacionadas a malestares gastrointestinales.

Entre sus obras más sobresalientes pueden mencionarse el Seminario Mayor de Guadalajara, y su primer construcción religiosa en 1936 fue Nuestra Señora del Rosario, un templo de corte neogótico inglés que con el Expiatorio, construido por Ignacio Díaz Morales conforman los únicos ejemplares de esta corriente. “Este recinto la gente lo conoce también como el del Padre Galván, ya que ahí residen los restos de dicho sacerdote. Es elegante, refinado, alto, angosto y alto”. En 1947 Castellanos inició los proyectos de la Santa Cruz que está en la calle Manuel Acuña, el templo de la Soledad y el dedicado a San Pío X en la colonia El Fresno.

Fuera del primer cuadro de la ciudad y al interior del estado, Castellanos realizó la fachada de La madre admirable en El Salto, el retablo y fachada de Santa Mónica, y la fachada de San Nicolás de Tolentino, ambos en La Barca, así como el retablo de Jalostotitlán. El sacerdote explica que muchos de los planos fueron realizados en donde hoy es la Sala de orfebrería del Museo de Arte Sacro. La exposición Arquitectura religiosa de Pedro Castellanos puede visitarse hasta el 28 de septiembre.

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