Restauran osamentas de dos santos embodegados

La diócesis de Cuernavaca informó que los restos de san Vicente y san Justino llevaban cuatro décadas guardados en el sótano de la catedral.
Las reliquias se encuentran en cajas de madera que no están selladas, por lo que se han deteriorado.
Las reliquias se encuentran en cajas de madera que no están selladas, por lo que se han deteriorado. (David Monroy)

Cuernavaca

Las reliquias de san Vicente y san Justino, dos santos romanos de la Iglesia católica que fueron traídos a México en el siglo XVIII, esperan la oportunidad de recuperar su espacio entre la feligresía este año una vez que culmine su restauración, ya que llevan aproximadamente 40 años embodegados, informó la diócesis de Cuernavaca.

Las autoridades eclesiásticas trabajan de la mano con especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes iniciaron hace unos días la restauración oficial de las osamentas completas.

La vida de los dos santos está señalada por el Vaticano en el siglo IV, durante la persecución romana, detalló Víctor Hugo Valencia, delegado del INAH.

En entrevista, el funcionario federal reconoció que tanto el instituto como el obispado de la ciudad tienen pocos datos sobre las reliquias; sin embargo, lo que sí está documentado es que esos restos pertenecen a san Vicente y san Justino, aseguraron las autoridades de la diócesis.

Legado de familia

Luis Millán, rector de la catedral de Cuernavaca, recordó que los restos de san Vicente y san Justino, según los archivos de la Iglesia, llegaron el 5 de mayo de 1792.

Fueron recibidos por el párroco, José Martín Verdugo, tras una petición al Vaticano hecha por el cura José de la Borda, quien contó con el apoyo de su padre, Manuel de la Borda, un acaudalado minero de Taxco de Alarcón.

El magnate fue conocido por edificar el templo de santa Prisca en Taxco y, en Cuernavaca, construyó una mansión que actualmente es un centro cultural llamado Jardín Borda.

El rector recordó que, según la historia, Manuel de la Borda apoyaba a su hijo José en la instauración de un “centro educativo y de investigación religiosa”, y para ello mandó edificar otro inmueble junto a su mansión, justo frente a la catedral, que actualmente es conocido como la iglesia de Guadalupe.

José de la Borda realizó la petición de recibir los restos de los santos romanos al papa Clemente XIII con el objetivo fortalecer el proyecto que se albergaría junto a la mansión de su padre.

Millán, apuntó que la información con la que cuentan revela que junto a san Vicente y san Justino, también llegó a Morelos un tercer santo: san Hermión, que finalmente fue trasladado a Lagos de Moreno, Jalisco, donde recibe un gran culto.

No obstante, las reliquias que se quedaron en Cuernavaca no corrieron con la misma suerte; estuvieron expuestas 150 años, pero en la década de los 70 fueron apedreadas en varias ocasiones, según el sacerdote.

El cronista Sergio Estrada Cajigal Barrera, relató en un texto archivado por la diócesis que los restos son “cuerpos momificados, recubiertos con cera, ricamente vestidos con seda (…) reliquias muy raras por ser cuerpos completos; estuvieron durante mucho tiempo en las laterales del templo”.

Después fueron enviados al sótano de la catedral y hasta hace poco los movieron a la sacristía, pero están deteriorados, pues no reposan en urnas selladas, sino en dos cajas de madera de aproximadamente dos metros.

La cuidadora

A María García, empleada de la catedral, le ha tocado colaborar con el cuidado de los vestigios de ambos mártires.

En entrevista con MILENIO, apuntó que su trabajo es tratar de mantenerlos limpios y lejos de los efectos del paso del tiempo, pero ella carece de la técnica especializada que tienen los restauradores profesionales.

Relató que cuando las osamentas fueron subidas de los sótanos, donde estaban al acecho de la humedad, presentaban un deterioro mayor que cuando llegaron a la catedral.

“A mí me tocó limpiarlos, sacudir con una aspiradora el polvo que se había juntado con el paso del tiempo, incluso encontramos en las urnas algunas piedras que les lanzaron, cuando los apedreaban”, comentó.

María recordó que algunos católicos aún recuerdan que san Vicente y san Justino están ahí, por lo que han pedido acceso especial para solicitarles su intercesión. “Dicen que el más milagroso es san Justino”, comentó.

“Realmente yo no les he pedido nada; no les pido nada, pero sí platico con ellos…”, concluyó.

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Dan al Papa la Copa Libertadores

Sonriente como un hincha de toda la vida, el Papa recibió ayer a una delegación del club argentino San Lorenzo que le regaló una réplica del trofeo de la Copa Liberadores, la cual conquistó por primera vez en su historia.

Francisco levantó el enorme trofeo con ambas manos al final de una audiencia pública en el Vaticano. El pontífice recibió camisetas del club de sus amores y se entretuvo varios minutos con los miembros de la comitiva.

Ante miles de peregrinos, Francisco hizo un “saludo de manera especial a los campeones de América, al San Lorenzo de Almagro, que es parte de mi identidad cultural”.

Además de conservar la réplica, Bergoglio se sacó una foto con la copa original. La comitiva la integraron el presidente y vicepresidente del club, Matías Lammens y Marcelo Tinelli, respectivamente; el entrenador Edgardo Bauzá, los jugadores Julio Buffarini y Juan Mercier, y el manager Bernardo Romeo.

“Hemos tocado el cielo con las manos. El otro día ganando la copa y hoy estando acá con Francisco en este día especial”, comentó Tinelli.

Fue la segunda vez que una delegación de San Lorenzo visita a Francisco para mostrarle un trofeo, pues la primera fue al ganar el Torneo Inicial de Argentina, en 2013.

AP/Ciudad del Vaticano

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