Avanzan trabajos en La Purísima

La restauración puede notarse más en el Cristo, pues ya han logrado limpiarlo del guano de las palomas, para posteriormente trabajar en la corrosión de las esculturas.
Los trabajos se realizan sobre un andamio que alcanza los 17 metros de altura.
Los trabajos se realizan sobre un andamio que alcanza los 17 metros de altura. (Gustavo Mendoza)

Monterrey

La restauración del conjunto escultórico de La Purísima registra un alto grado de avance, en donde la pieza del Cristo Crucificado luce libre de suciedad, mientras que se hace trabajo de limpieza en las esculturas de los doce apóstoles.

Ubicadas en la fachada principal del templo (Hidalgo y Serafín Peña, centro), las esculturas tenían daños principalmente por corrosión, generada por el guano de las palomas que ahí se concentran.

Las mejoras, visibles a simple vista, se concentran en el Cristo Crucificado pues ha recuperado la tonalidad de la pátina original de la pieza en bronce, que mide 5.48 metros de alto por 4.81 metros de largo.

El restaurador, Ricardo Mejía Falcón, explicó que el proceso inició con una limpieza general de la obra, para después atacar el problema de la carcoma.

Las piezas tenían un deterioro importante a causa de la corrosión, pues el excremento de las palomas actúa como un potente ácido cuando se mezcla con el agua, según se mencionó.

"Además del problema estético que genera en la pieza, el guano actúa como un agente de corrosión. Al eliminarse este problema, se aplica una pátina para darle una protección generalizada y devolver su aspecto estético", mencionó el restaurador.

En intervenciones mal realizadas, agrega, es común que se aplique una capa de pintura o barniz sobre el monumento, generando con esto un daño mayor a la pieza conforme pasa el tiempo.

"Cuando sólo se llega a limpiar la pieza y se pinta, lo que se hace es que los agentes de corrosión van a seguir actuando, nomás se 'encapsula' la corrosión y por dentro va seguir", expuso Mejía.

Las esculturas son obra del artista austriaco Herbert Hofmann Ysenbourg. En las piezas de los doce apóstoles, se encontró la firma del taller de fundición, el año de fabricación (1950-1951) y la sede del taller, esto en la Ciudad de México.

Actualmente se trabaja en la limpieza y retiro de los productos de desgaste en las esculturas de los apóstoles, para después aplicar la pátina y capas de protección. Este trabajo demandará unas tres semanas más de labores.

En los trabajos participan Ezequiel Romero, Alma Téllez, Adriana García y Selene Velázquez, además de Mejía.

Colocarán malla

El trabajo de restauración no ha sido sencillo. Se ha trabajado sobre un andamio que alcanza los 17 metros de altura y casi siempre ante la vista del enemigo natural de las esculturas: las palomas.

Aunque se han intentado diversas técnicas para alejar a las aves de la fachada, siempre están a la espera de la retirada del equipo de trabajo para instalarse de nuevo.

Aunque las piezas se protegen con plásticos o papel, a la mañana siguiente las huellas del guano aparecen cerca del área de trabajo.

Una medida para prolongar el trabajo de restauración será colocar una malla de protección en toda la portada de la Basílica, con lo que se evitará la presencia de las aves.

"Es una malla termoformada, generada a partir de un plástico, donde sus filamentos son planos y esto hace que sea más discreta, es la solución más adecuada, hay opciones como colocar imágenes de sus depredadores naturales, colocar geles repelentes, ultrasonidos o púas pero a todo se acostumbran, es difícil por eso es que se tomó la decisión de la malla".

La Purísima es una obra del arquitecto Enrique de la Mora y Palomar, construida entre 1941-1946, y que fue reconocida con el Premio Nacional de Arquitectura.