• Regístrate
Estás leyendo: Rentabilizar el odio
Comparte esta noticia
Domingo , 27.05.2018 / 19:11 Hoy

Rentabilizar el odio

Martin Shkreli, subastó por Twitter el derecho de propinarle un puñetazo en la cara, y filmar la maniobra.

Publicidad
Publicidad

Eduardo Rabasa

Slavoj Žižek ha expuesto su teoría sobre cómo la filantropía contemporánea consiste en un gigantesco lavado de conciencia, que en el fondo ayuda a engrasar el sistema de hipercapitalismo neoliberal globalizado, pues le sirve a algunos de sus más siniestros exponentes para limpiar su imagen. En ese mismo tenor, considera que el modelo de Starbucks es absolutamente genial, pues han fusionado el consumismo con la gestión de la culpa, y sus clientes literalmente pagan un sobreprecio por un café que donará un porcentaje a los campesinos de Guatemala, con lo cual en el producto ya va implícito el bienestar producido por saber que uno es una buena persona.

Esta semana hubo una noticia que da un giro a estos asuntos: Martin Shkreli, quien ha sido denominado “el hombre más odiado del mundo” por haber adquirido derechos de medicamentos contra el sida y el cáncer, y subido los precios más de cinco mil por ciento para ganar millones de dólares con la maniobra (actualmente está inmerso en un juicio por fraude), realizó un prodigioso truco publicitario: para ayudar al hijo huérfano de un amigo suyo que acaba de morir, subastó por Twitter el derecho de propinarle un puñetazo en la cara, y filmar la maniobra. Rápidamente se llegó a una oferta de 78 mil dólares, que aún no se sabe si será la definitiva.

Con este golpe maestro, Shkreli evita desembolsar de su propio dinero, al tiempo que consigue suavizar su imagen de villano, pues la pone al servicio de una noble causa. Adicionalmente, da
una nueva vuelta de tuerca al cinismo, pues en la línea de personajes como Donald Trump, Boris Johnson o Silvio Berlusconi, convierte la catarsis en un mecanismo concreto para obtener beneficios, con lo cual la ética pública continúa en su vertiginosa deriva hasta que quede sepultada por el afán de lucro y de beneficio como los únicos criterios normativos para orientar cualquier acción humana.

En la medida en la que estas prácticas pudieran volverse cada vez más extendidas, podríamos pensar en las posibilidades que podrían ofrecer en México, si acaso algunos miembros de la cúpula político-empresarial tuvieran un poco de autocrítica: quizá con que los 10 o 20 más siniestros ofrecieran un gesto similar al de Shkreli se podría recaudar un monto suficiente como para paliar los recortes presupuestales en educación, salud y cultura, al tiempo que quienes no pudiéramos ofrecer lo suficiente como para ganar la subasta, gozaríamos de un efecto catártico al ver una y otra y otra vez los videos donde los honorables potentados se vieran obligados a cumplir su parte de la apuesta.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.