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Lunes , 15.10.2018 / 10:57 Hoy

Renovará UNAM sus laboratorios flotantes

La universidad informa que revisarán el estado actual de los dos buques a fin mejorarlos; establecerán convenios nacionales e internacionales.

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Son herramientas únicas de investigación con más de tres décadas de funcionar, se trata de los buques oceanográficos El Puma (1980) y Justo Sierra (1982) los cuales tras sus años de uso se someterán a un intenso diagnóstico y una posterior renovación para garantizar que se mantengan a la vanguardia mundial para apoyar diversas investigaciones científicas, informó la UNAM a la cual pertenecen los navíos.

Con más de 30 años en funcionamiento, aún tienen media vida para dar a los académicos de la UNAM herramientas únicas para tomar muestras marinas y analizar condiciones específicas mediante equipos y sistemas de navegación, señaló la universidad en un comunicado.

Actualmente, El Puma hace en promedio cinco o seis campañas de investigación por año, mientras el Justo Sierra realiza entre 10 y 12, detalló Ligia Pérez Cruz, titular de la Coordinación de Plataformas Oceanográficas (Copo).

Se detalló que además del uso que les da la UNAM, ambos se fletan para instituciones científicas o gubernamentales, como son el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnologia (Conacyt) y Petróleos Mexicanos (Pemex) que utiliza a uno de ellos previo a la exploración de aguas profundas.

En la universidad, el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología y el Instituto de Geofísica (IGf) estudian actualmente la generación de metano en aguas profundas del Golfo de México, mientras que en el Golfo de California desarrollan proyectos dirigidos a la parte biológica.

Según el texto difundido por la UNAM, “también analizan los sedimentos marinos para tratar de inferir condiciones de paleoclima durante el holoceno. Dependiendo de los instrumentos disponibles, los académicos indagan cómo era el clima hace 10 mil o 13 mil años.

“Próximamente expertos de un consorcio japonés vendrán a aguas mexicanas para, junto con investigadores de geofísica, instalar unos instrumentos destinados a medir temblores y completar todos los registros que se tienen en la parte continental, frente de las costas de Guerrero”, se destaca en el documento.

Los barcos gemelos, ubicados en Mazatlán, Sinaloa, y en Tuxpan, Veracruz, protagonizan las actividades de la Copo, adscrita a la Coordinación de la Investigación Científica, una dependencia sui géneris cuyas necesidades de mantenimiento e instrumentación requieren de financiamiento y actualización permanente, pero también de una fuerte vinculación con los sectores público y privado, tanto en términos académicos como económicos.

Al frente de la Copo desde el 3 de abril, Pérez Cruz, investigadora del IGf dijo: “Revisaremos el estado actual de los buques y propondremos estrategias para mejorarlos. Posteriormente, cuando tengamos los barcos en condiciones óptimas, trataremos de establecer convenios nacionales e internacionales”, adelantó.

Cráter de Chicxulub

Pérez Cruz, una de las integrantes del grupo científico de la Expedición 234 que hizo al Cráter de Chicxulub el International Ocean Discovery Program, señaló que encuentra en esta investigación de frontera un modelo a seguir para el trabajo oceanográfico.

“En la investigación del Chicxulub hemos participado con instancias internacionales que poseen una infraestructura mayor, que tienen proyectos de colaboración internacional que permiten el financiamiento de este tipo de estructuras flotantes”, señaló.

Reconoció que ese proyecto multiinstitucional se ha convertido en el estandarte a escala nacional de cómo funcionan los consorcios y cómo un grupo multidisciplinario utiliza las plataformas de perforación.

“Es un modelo a seguir. El hecho de que la UNAM tenga dos buques oceanográficos nos posiciona, pero tenemos que mantener y proyectar estas herramientas”, dijo la especilista.

Pérez Cruz hará una planeación de dos o tres años para que la funcionalidad de los barcos sea óptima y exista una reingeniería. Y otra a largo plazo (de una a dos décadas) para analizar hacia dónde va la UNAM con estos laboratorios flotantes.

Con publicaciones internacionales y formación de recursos humanos se pretende demostrar que los buques tienen un impacto en la investigación. “Actualmente ambos navegan en altamar. Estamos trabajando, pero queremos hacerlo mejor”, subrayó.

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