El sello religioso y político de Juan Pablo II en México

De los viajes de Karol Wojtyla al país se destaca el haber restablecido las relaciones diplomáticas; recordaba el grito de los mexicanos en varios países.
Mexicanos bailaron en el Vaticano previo a la canonización.
Mexicanos bailaron en el Vaticano previo a la canonización. (Radek Pietruszka/EFE)

México

El papa Juan Pablo II dejó un sello personal en México y no solo en lo religioso, por los cinco viajes que realizó, también en lo político al restablecer relaciones diplomáticas.

Karol Wojtyla, quien será elevado a los altares este domingo, tiene un lugar especial entre los fieles mexicanos, quienes con su entusiasmo marcaron su vida y lo difundió por todo el mundo, al recordar: “Gritan como los mexicanos”. Mientras que los feligreses del país recuerdan su inolvidable frase: “México siempre fiel”, así como su despedida “de corazón me quedo y mi amor está vivo entre ustedes”.

El fervor entre los mexicanos provocó que en cada uno de sus viajes lo esperaran por horas en las zonas de sus recorridos y que la multitud le llevara “Mañitas” a la nunciatura apostólica ubicada en la calle Felipe Villanueva que, en honor al pontífice, ahora se llama Juan Pablo II. También se ha colocado una estatua sobre la avenida Insurgentes que entronca con esta calle, además de otros dos monumentos, uno en la Catedral Metropolitana y otro en la Basílica.

Relaciones diplomáticas

En  lo político logró el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 1992, durante el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, tras un siglo de distanciamiento y casi dos años de negociación. Pieza clave fue el entonces representante papal Girolamo Prigione, quien posteriormente sería el primer nuncio.  

Con la nueva relación Wojtyla fue recibido por autoridades de los tres principales partidos: PRI, PAN y PRD.

En su primera visita fue atendido de manera privada por el presidente José López Portillo y su familia en la residencia oficial de Los Pinos.

En la segunda, por el presidente Carlos Salinas de Gortari con quien se reunió en dos ocasiones: la primera en privado y en su siguiente visita, ya con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, fue de manera oficial en el aeropuerto de Mérida, Yucatán, donde se escucharon los himnos de México y el Vaticano por primera vez.

Para la cuarta visita la recepción estuvo a cargo del presidente Ernesto Zedillo y en la misa de la Basílica de Guadalupe, donde entregó el documento La Iglesia en América, la hija del entonces mandatario, Patricia Zedillo de Velazco, realizó la primera comunión.

En su quinta visita, México vivía una alternancia en el gobierno y fue recibido en el hangar presidencial por el presidente Vicente Fox, quien besó el anillo papal, por lo que recibió críticas al considerar que sometía el poder civil al eclesial.

También estuvo con los jefes de Gobierno del Distrito Federal, Cuauhtémoc Cárdenas, quien le entregó las llaves de la ciudad, y Andrés Manuel López Obrador, quien lo acompañó a la entrada de la Basílica, donde realizaría la canonización de Juan Diego.

La Guadalupana

Su pontificado estuvo marcado por manifestarle su amor a María y en particular a la virgen de Guadalupe, de quien tenía una imagen en la mesa de su recámara, recuerdo de una de sus visitas a México en la que la nombró Emperatriz de América y decretó el 12 de diciembre como festejo en el todo el continente.

También le demostró su amor a México al beatificar y después canonizar en la Basílica de Guadalupe al primer santo indígena de América, el vidente del Tepeyac, Juan Diego (sobre quien grupos aseguraban que no había existido, tema al que se unió el último abad de ese santuario Guillermo Schulemburg).

Hombre de oración

Lo calificaban como un hombre de oración, por ello en sus visitas la nunciatura apostólica tenía una capilla privada donde se conservan dos reliquias: su sillón y el reclinatorio. Además, se tiene otra reliquia en otra capilla de la nunciatura.

En esa sede diplomática oficiaba misas privadas y se reunía en privado con obispos, empresarios y políticos. Una anécdota de estos encuentros fue en su última visita en la que recibió a Marta Sahagún de Fox, que por ser divorciada se impidió el acceso de fotógrafos de Los Pinos, únicamente estuvieron los del Vaticano, quienes nunca divulgaron la foto, ello para que no hubiera evidencia de la reunión.

Peregrinan Reliquias

En lo que consideran fieles una sexta visita, las reliquias de Juan Pablo II realizaron un primer recorrido por cuatro meses que consistió en una ampolleta con gotas de su sangre que pasó por las 91 diócesis, junto con una imagen de cera del pontífice elaborada a tamaño real.

Antes de iniciar el recorrido los obispos llamaron a la delincuencia organizada a permitir que éste fuera en paz y respetar a los fieles que acudieran, por lo que se hacían largas filas.

Relación con Maciel

La relación de Juan Pablo II con el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, que actualmente es considerado una mancha para su canonización por los abusos sexuales y la doble vida que llevaba el religioso, fue importante para las visitas a México, porque esa congregación siempre estuvo en la organización de éstas y aportaba recursos económicos que conseguía de patrocinadores.

En su primera visita Maciel acompañó a Wojtyla al encuentro con el presidente José López Portillo.

En 2002 se rumoró que el fundador de los legionarios no lo había acompañado a la que fue su última visita; sin embargo, MILENIO comprobó que éste estuvo presente en la misa de canonización de Juan Diego y se le fotografío al salir de la Basílica de Guadalupe.

Obstáculos y contras

Católicas por el Derecho a Decidir manifestó que el papa Juan Pablo II impidió la libertad de expresión en la Iglesia, desamparó a las niñas y los niños abusados sexualmente por sacerdotes, negó la rica pluralidad eclesial, obstaculizó el ecumenismo, entorpeció el reconocimiento de los derechos de las mujeres y obstruyó la salud sexual y reproductiva de millones de jóvenes.

La organización señaló que “no fue un ejemplo de misericordia porque defendió los derechos humanos en países del bloque socialista, pero calló a obispos, teólogos y mujeres creyentes por su pensamiento crítico y sus demandas progresistas”.

Dialogó y buscó acercamientos con otras confesiones religiosas, pero reservó para la católica la exclusividad de la verdad.

Viajaba para encontrarse con las Iglesias locales, pero pareciera que le interesaban más la cobertura mediática y el cabildeo político para impulsar legislaciones moralmente aceptables para la autoridad vaticana.