La religión del egoísmo

Queda de manifiesto cómo incluso gente con gran sensibilidad artística se encuentra completamente poseída por la ideología del egoísmo y de la avaricia.
Mario Vargas Llosa.
Mario Vargas Llosa. (Paola García)

México

Primero fueron las filtraciones a WikiLeaks por parte del entonces soldado Bradley Manning, hoy recluido en una prisión militar bajo la nueva identidad de Chelsea Manning. Con esos documentos se demostraba algo que en realidad todos ya sabíamos: Estados Unidos pretende manejar la política exterior del mundo como si fuera un tablero de ajedrez donde el movimiento de cada pieza depende de la conveniencia estadunidense. Después vinieron las revelaciones de Edward Snowden, que comprobaron las teorías más paranoides acerca de los niveles de espionaje, también de Estados Unidos, sobre líderes mundiales y el ciudadano común y corriente. En ambos casos, se trató de evidencia palpable de lo que ya sabíamos que hace la súper potencia para buscar materializar sus ambiciones de poder y riqueza ilimitados.

Ahora vinieron los Panama Papers a hacer tangible algo que también ya sabíamos: los ricos del mundo buscan por todos los medios realizar operaciones clandestinas con el fin de pagar los menores impuestos posibles sobre sus ingentes fortunas. Al igual que en el caso de Estados Unidos, encontramos algunos de los usual suspects, líderes como Putin, Mugabe o Cameron, o gente como Emilio Lozoya en el caso de México, empresarios televisivos, futbolistas como Messi, y demás personalidades que componen el club de los súper ricos del mundo. Sin embargo, llama la atención que entre los salpicados se encuentre gente como Pedro Almodóvar o Mario Vargas Llosa, por varias razones que me parece se encuentran entre lo más revelador del escándalo.

En ambos casos, probablemente en abstracto son conscientes de que el pago de impuestos es esencial, no solamente para cubrir aquellos servicios sin los cuales las sociedades actuales no pueden funcionar (alumbrado público, calles pavimentadas, policía, parques, etcétera), sino que para una inmensa mayoría es la única forma de tener acceso a salud, educación, pensiones y demás. Sin embargo, al intentar burlar esta práctica, todo con el fin de poder acumular otro poco de dinero (pues son gente muy rica sin necesidad de recurrir a empresas fantasma en paraísos fiscales, con tal de eludir impuestos), queda de manifiesto cómo incluso gente con gran sensibilidad artística se encuentra completamente poseída por la ideología del egoísmo y de la avaricia, al grado de incurrir en prácticas que con toda seguridad incluso algunos de sus personajes más lúcidos condenarían como abominables si las llevaran a cabo los demás. En un sentido, los Panama Papers son más descorazonadores que las filtraciones anteriores, pues si bien ya sabíamos que Estados Unidos es el gran villano de la escena mundial, darnos cuenta de que gente como Almodóvar o Vargas Llosa se comportan igual que el más vil de los especuladores financieros dice mucho sobre la magnitud en la que la ideología neoliberal, donde no hay más credo que buscar el beneficio personal a toda costa, se encuentra inoculada en las conciencias de la época.