Relevo /y III

No son pocos los retos que "Maraki" y el equipo que la acompañe hasta el final del sexenio habrán de afrontar.
María Cristina García Cepeda, nueva titular de la Secretaría de Cultura.
María Cristina García Cepeda, nueva titular de la Secretaría de Cultura. (Octavio Hoyos)

México

Con inexplicable demora se ha nombrado, por fin, a María Cristina García Cepeda como secretaria de Cultura; conocida con cariño como Maraki, una persona que ha demostrado su enorme capacidad en distintas encomiendas. Estuvo al frente del Festival Internacional Cervantino y consolidó no solo una programación extraordinaria sino también que se extendiera su presencia en la Ciudad de México y otras grandes capitales. Consolidó el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes cuando fue su secretaria técnica, y al frente del Instituto Nacional de Bellas Artes hubo de afrontar los recortes al presupuesto cultural, cuando logró sostener una oferta cultural amplia y plural.

También bajo su mando en 2016, sumando esfuerzos con la Dirección de Vinculación Cultural de la Secretaría, la cobertura del Programa Nacional de Teatro Escolar (PNTE) se amplió a todas las entidades federativas, un hecho sin precedentes que el gremio cultural venía demandando desde hace años. Y, más allá de la importancia que tiene para el gremio teatral el PNTE por las posibilidades de empleo y de desarrollo artístico, sin duda los niños y adolescentes de este país son los primeros beneficiarios.

Hasta este momento, sin haber concluido el ciclo 2016-2017, el PNTE ha atendido a cerca de 158 mil 375 jóvenes espectadores, cuya gran mayoría jamás había asistido a una representación teatral. Por supuesto, con la reducción que aprobó la Cámara de Diputados al presupuesto de cultura para el presente año, es de preocupar que un emprendimiento que fue un sueño largamente acariciado termine en el bote de basura.

No son pocos los retos que Maraki y el equipo que la acompañe hasta el final del sexenio habrán de afrontar. Simplemente darle sentido y congruencia a un aparato burocrático que se prometió adelgazar y hacer más eficiente reduciendo duplicidad de tareas ya sería bastante. Y, sin embargo, esperamos también percibir muy pronto una ruta clara en las urgencias no solo del teatro sino de la cultura en general en un país minado por la guerra y la violencia, por estrecheces económicas e incomprensión hacia el papel decisivo que la cultura puede jugar en el cambio de mentalidad y reconstrucción del dañado tejido social. Dejarse acompañar por los cientos de iniciativas civiles de cultura (que hacen buena parte de lo que se produce como bienes culturales) debe ser parte de la estrategia, pero también debe haber líneas de trabajo claras y contundentes. Esperamos muchas cosas de Maraki y su enorme capacidad de trabajo; depositamos, pues, nuestra fe en que tenga éxito en su nueva encomienda.