Otras dos regias

"Taumaturgo" trabaja en dos vías, en dos modos miméticos, la ficción que se despliega en la escena que ha sintetizado la cancha de tenis en una mesa de "ping-pong".
Noticias de la dramaturgia regia.
Noticias de la dramaturgia regia. (Especial)

México

Los últimos días del Encuentro Estatal de Teatro de Nuevo León, terminado el sábado pasado, reservaban dos sorpresas que no quiero pasar por alto en esta columna, porque me parece síntoma de que algo interesante está ocurriendo con la dramaturgia regia. Eduardo Guardado es un egresado de la carrera de teatro de la Universidad Autónoma de Nuevo León que, además, acaba de concluir con honores la licenciatura en Historia. Lejos de acercarnos con los hechos pasados de su estado, nos enfrenta a un mundo no siempre visitado (aunque hay dramaturgos que recurren a él): el del deporte. Taumaturgo es un texto ágil como lo es el juego que pretende evocar: el tenis. Con una dramaturgia mestiza entre lo dramático y lo narrativo, nos va llevando con cierto vértigo por un match point en la vida de un joven deportista al que una lesión puede dejar fuera de una competición olímpica, lo que posiblemente acabaría también con su carrera. El miedo al fracaso no solo habita al deportista sino a su entrenador, quien también vio truncos sus sueños cuando tuvo su oportunidad. Para él, el fracaso de su pupilo constituye un segundo fracaso.

Taumaturgo trabaja en dos vías, en dos modos miméticos, la ficción que se despliega en la escena que ha sintetizado la cancha de tenis en una mesa de ping-pong. La puesta en escena y actuación del papel del joven deportista también recae en el propio Guardado, que logra que nos aferremos a la obra como si de un torneo se tratara. Pepe Mora cierra la pinza de esta puesta que seguramente se habrá de ver en distintos escenarios del país.

De los laberintos se sale por arriba, texto y dirección de Emanuel Anguiano, nos lleva por un vértigo otro. Si bien su creador comentó que sus referentes están en cierto cine canadiense, a mí la representación no paró de remitirme a la literatura de José Saramago, en particular a Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez.

En Monterrey, Nuevo León, época actual, en horas de la madrugada, un conductor de radio se enfrasca en recuperar una carrera que viene en decadencia peligrosa con un programa que amenaza-promete decir “toda la verdad”. Sin embargo, esta mañana es distinta porque allá afuera, en las calles del centro de la ciudad, una especie de escaramuza se ha desatado entre ciudadanos y elementos del ejército. La historia poco a poco irá enloqueciendo para dar paso a una pandemia que surge de las palabras y se vuelve incontrolable. La estructura nos lleva a un final que al dramaturgo-director le cuesta resolver (muy al final). Cristina Alanís y Bernardo Zurita encarnan, desde la cabina de radio, esta extraordinaria historia apocalíptica.

Habrá que seguir las pistas de Guardado y Anguiano.