Cartas de amor, una tradición literaria

Cualquier pretexto es bueno para leer. Festeja el día del amor leyendo la correspondencia amorosa entre escritores como Henry Miller, Gustave Flaubert o Heidegger.
No es necesario haber leído alguna pieza de la obra literaria de los personajes de estas correspondencias.
No es necesario haber leído alguna pieza de la obra literaria de los personajes de estas correspondencias. (Shutterstock)

México

Las páginas de estos libros bien podrían pasar por ficción, una novela escrita por sus propios personajes. Las relaciones epistolares entre uno o varios escritores son un género literario al que vale la pena hacerle un lugar en tu biblioteca personal. Además del flujo de emociones entre mensaje y respuesta, los lectores son testigos de un despliegue de creatividad que no puede ser pasado por alto.

Regresemos a lo importante: son cartas de amor. La comunicación más íntima entre dos personas. Diálogos que dan fe de la admiración y ternura que se profesaban los interlocutores; la amistad y fantasía que se gestaba. Hay chismes, intrigas, algunas envidias veladas y otras inocentes. Entre más se sumerge uno en la lectura, no es raro sentirse a veces un entrometido. Pero pronto se olvida.

No es necesario haber leído alguna pieza de la obra literaria de los personajes de estos libros, de los escritores.

"Todas las cartas de amor son / ridículas. / No serían cartas de amor si no fuesen / ridículas", escribe Fernando Pessoa, autor portugués que mantuvo una breve relación de juventud con una secretaria de nombre Ofelia. Ya adultos se reencontrarían para vivir otro, aún más breve romance. Cartas a Ophelia (Libros del zorro rojo) reúne la conversación escrita entre el poeta y su única mujer.

Una pasión literaria. Correspondencia inédita entre Anaïs Nin y Henry Miller (1932-1953), editado por Siruela, revela aspectos íntimos de la relación entre ambos escritores que además vivían con sus respectivos esposos. "Un pacto diabólico entre dos escritores que comprenden sus mutuas vidas literarias y humanas, y sus conflictos", escribió la autora estadunidense, que espero a que muriera su esposo Hugh Guiler para sacar a la luz los textos completos de la relación que mantuvo con el autor de Trópico de Capricornio.

"¡Ah! Qué gran hombre era esa mujer", dijo Guy de Maupassant que dijo Gustave Flaubert de George Sand –seudónimo masculino de la escritora Amandine Aurore Lucile Dupin. El libro Correspondencia (1866-1876), de Marbot Ediciones, da cuenta de la relación amistosa entre la mente detrás de Madame Bovary y una mujer diecisiete años mayor que él, una escritora reconocida y famosa en su época. Se vislumbra la personalidad y angustia de Flaubert, esa desesperación por estupidez humana de la que tanto habla en sus cartas, que se tradujo en un trastorno antisocial.

Hannah Arendt, atraída por Martin Heidegger, acudió a la universidad donde el famoso filósofo impartía clases. Heidegger era conocido por buen maestro, atraía a una buena cantidad de estudiantes; le apodaban "el mago". Correspondencia 1925-1975 (Herder) es la historia de amor entre una filosofa judía, y estudiosa de sus orígenes, y un rector que aplicó las leyes antisemitas durante su mandato en la universidad de Friburgo. Es conocido el caso de su maestro y amigo Edmund Husserl —a quien incluso llegó a dedicar El ser y el tiempo—, que le prohibió la entrada a la universidad y el reconocimiento a su trabajo filosófico. Es un recorrido de cincuenta años por la agitada historia del siglo XX.

Paul Celan fue el único sobreviviente de una familia judía que vivió sus últimos días en un campo de trabajo ucraniano. Se suicidaría a los 50 años, ahogándose en el río Sena. El Fondo de Cultura Económica y Siruela publicaron La Correspondencia (1951-1970) entre el autor alemán y Gisèle Lestrange, artista plástica. El libro recoge treinta años de relación marital entre el poeta de origen rumano y la escritora que nació en Austria; documenta tanto la vida amorosa como la experiencia humana, el proceso literario y el arte. El material fue editado en colaboración con el hijo de ambos, Eric Celan.

Bastó un encuentro entre Guillaume Apollinaire y Geneviève Marguerite Marie-Louise de Pillot de Coligny para que surgiera entre ellos la pasión. La conoció antes de incorporarse como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Cartas a Lou(Acantilado) es dos cosas: el resultado del intercambio epistolar con gran carga erótica —Apollinaire influenciado por la lectura del marqués de Sade—, que incluso fue censurado en Francia; y el testimonio del surgimiento del poeta vanguardista, inventor de los caligramas, experimentador poético.

¡A LAS LIBRERÍAS DE VIEJO!

Vale la pena que te des una vuelta por las librerías de viejo de tu ciudad o empieces a mandar algunos correos de recomendaciones literarias a tus librerías preferidas. Estas últimas tres recomendaciones son famosas en el género literario de la epístola. Si los encuentras, pasa la voz:

  • Cartas de amor a Nora, de James Joyce;
  • Cartas a Nelson Algren: un amor transatlántico, de Simone de Beauvoir;
  • Cartas a Felice, de Franz Kafka.