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Lunes , 18.06.2018 / 06:27 Hoy

Rebeldía pura

Poesía en segundos

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Víctor Manuel Mendiola

Este año, centenario de La sangre devota, acaba de aparecer otro libro importante sobre Ramón López Velarde: Obra poética, verso y prosa (UNAM, 2016), del estudioso español Alfonso García Morales.

El volumen es la reunión de cuatro libros del poeta jerezano y un recorrido por su vida; también es un examen cuidadoso de su evolución literaria y un acercamiento a la originalidad de El minutero.

García Morales toma en cuenta la enorme bibliografía existente y se apoya en los estudios más importantes para desplegar su acercamiento. En el texto destacan las valoraciones de Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, José Luis Martínez, Allen W. Phillips, Gabriel Zaid, Guillermo Sheridan y Marco Antonio Campos.

Entre las caracterizaciones fundamentales del libro sobresalen cinco: 1) las "Primeras poesías" no son relevantes en términos de originalidad estética; 2) La sangre devota contiene un grupo de poemas menores y un núcleo definitivamente singular y novedoso; 3) Zozobra y El son del corazón son los libros de poesía esenciales; 4) el pronunciamiento del estilo difícil de López Velarde desató una polémica que planteó diferencias con Alfonso Reyes y, sobre todo, con González Martínez; y 5) al menos los ensayos y reflexiones de El minutero, el primer libro póstumo, son o pueden ser considerados poemas en prosa en el esquema de los de Baudelaire.

Estas observaciones permiten considerar de manera más honda dos hechos fundamentales: por un lado, la discusión sobre cuáles son las composiciones más significativas y, por el otro, el desconcierto que provocó la "inesperada" estética del poeta "aldeano". Ambas cuestiones nos dejan entender cómo había sido caracterizada la poesía mexicana y cómo la obra del autor de "El minuto cobarde" no entraba en esa caracterización. Pedro Henríquez Ureña había dicho, desde una perspectiva conservadora y sin duda discutible, que la poesía mexicana estaba dominada desde principios del siglo XVII por "el sentimiento discreto, el tono velado, el matiz crepuscular". En esa definición excesiva, González Martínez destacaba de manera notable y López Velarde no.

La discusión señalada y la crítica al estilo oscuro, extravagante y difícil nos permiten volver a la poesía de esos años y también nos dejan pensar en la poesía que vino después. Si en la época de López Velarde, los poetas más importantes de México criticaban la escritura "complicada", los poetas posteriores criticarán exactamente lo contrario: la poesía de comunicación y fácil.

Al jalar el hilo de esta discusión podemos desentrañar en qué radica la vigencia y perfección de López Velarde. La dificultad de su escritura está en el hecho de que sus agudas percepciones y su extravagancia, presentes en algunos de sus primeros poemas, son intelectuales, equiláteras —como dijo su amigo Enrique Fernández Ledesma—, y nos revelan el carácter poliédrico del yo —como señaló Villaurrutia—. Su dificultad, que utiliza —en palabras de Díez Canedo— "apretados versos de curvatura gongorina", no es retórica. Tiene drama e ideas. No es un falso barroco como el de hoy.

El muy buen libro de García Morales no justiprecia poemas notables en las "Primeras poesías", llenos también de fetichismo y panteísmo, y no vislumbra, aunque toca el fondo del asunto, que la polémica de López Velarde no era con cierto grupo sino que entrañaba una discusión con todos los escritores que le interesaban, incluso con Tablada. No era, entonces, una polémica; planteaba un sistema crítico, rebeldía pura.

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