[Multimedia] Hitler, la ouija y el cine

Un crítico alemán de cine, Rüdiger Suchsland, acaba de llegar a la conclusión de que el cine puede adivinar los cambios sociales sin que los realizadores se lo propongan.
Roberto Gavaldón dejó en 1960 la boca abierta a los espectadores mexicanos con su película “Macario”.
Roberto Gavaldón dejó en 1960 la boca abierta a los espectadores mexicanos con su película “Macario”. (Fondo Gabriel Figueroa)

Ciudad de México

Hace 55 años, en 1960, Roberto Gavaldón dejó con la boca abierta a los espectadores mexicanos y a la crítica cinematográfica nacional con su película Macario. En la cresta de la ola de su éxito, fue nominada para aspirar al Óscar de la Academia fílmica hollywoodense como la mejor película extranjera y compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes. Pero tal vez nadie reparó en un pequeño detalle. La cinta, realizada con un guión escrito por Emilio Carballido y Gavaldón a partir de una historia de Bruno Traven, relata las peripecias de un labriego que obtiene de la muerte una pócima para mantener con vida aun a los enfermos más graves, e incluye una hermosa secuencia en la que la parca revela a Macario la mecánica de la muerte. En una gruta llena de velas, le explica que las más pequeñas pertenecen a quienes habrán de morir pronto y las más grandes a las vidas que apenas comienzan. La secuencia fue copiada con mucha fortuna dramática de La muerte cansada, del realizador germano Fritz Lang.

Filmada en 1921, esta cinta marca uno de los momentos más notables del expresionismo alemán. La secuencia de Lang habría decidido la suerte de Luis Buñuel, quien al verla definió su vocación por el cine. Un año después, Lang filmaría Doctor Mabuse, el jugador, que es a su vez una de las más significativas películas del ciclo del caligarismo, que se refiere a las películas expresionistas que aluden de una u otra manera al advenimiento del nazismo unos años más tarde.

Muchos se han preguntado desde hace años de qué bola de cristal se valían cineastas de la época como Paul Wegener, Robert Wiene, Murnau o el propio Lang para adivinar en su cine la tragedia que se avecinaba con la llegada de Hitler al poder. Se trata de una premonición, aseguraba Lang sin mucho convencimiento.

Un crítico alemán de cine, Rüdiger Suchsland, acaba de llegar a la conclusión de que el cine puede adivinar los cambios sociales sin que los realizadores se lo propongan. Para probar su afirmación, no muy creíble por cierto, ha reunido un buen paquete de imágenes del cine de esta época, entre 1916 y 1933, que está mostrando en los festivales fílmicos internacionales con el título de De Caligari a Hitler, que hace un guiño al título del libro de Siegfried Kracauer, uno de los más concienzudos estudiosos del tema.

La crítica especializada lo está mirando con cierta desconfianza por sus pretensiones al enfrentar un tema que va mucho más allá de las virtudes de la tabla ouija y las apreciaciones superficiales. No obstante, muchos han celebrado la belleza de las imágenes que recoge en su documental, que evocan los mejores momentos creativos de los más reconocidos realizadores del expresionismo alemán. La pregunta, sin embargo, queda en el aire: por qué diablos hablaban tanto en sus películas de guerras mundiales y de temibles tiranos genocidas antes de arribo del nazismo.