El racionalismo da más problemas de los que resuelve: Ospina

El escritor colombiano publica una historia en la que relaciona la erupción de un volcán en Indonesia con el romanticismo y la Revolución Industrial.
“Mi novela es también una introversión sobre el hecho creador mismo y qué es lo que lo genera”.
“Mi novela es también una introversión sobre el hecho creador mismo y qué es lo que lo genera”. (Carlos Rubio Rosell)

Madrid

Sorprendido de que la erupción de un volcán a mediados de 1815, en Indonesia, hubiera sido una de las causas eficientes del nacimiento en Occidente de la moderna leyenda del vampiro y la pesadilla del ser viviente hecho con fragmentos de cadáveres, William Ospina (Toloma, Colombia, 1954) quiso reflexionar sobre cuánto influye la naturaleza sobre la cultura, y que tan sujetos estamos los seres humanos a que las alteraciones del clima, por ejemplo, modifiquen no solo nuestra sensibilidad sino nuestra fantasía.

“Sentí el extraño agrado de ver cómo se unían en una sola historia, que yo presentía vagamente, las vidas de Byron y Shelley con la catástrofe de una erupción volcánica en los mares del sur, con un tsunami en las costas de Bali, con esa nube de azufre, ceniza y cristales volcánicos que ennegreció el cielo de la península de Indochina y que los monzones se fueron llevando hacia el norte, desatando el cólera en India y ahogando a muchedumbres en la inundaciones del Yangtsé”, relata el escritor.

Así como el doctor Frankestein reunía fragmentos de seres muertos y trataba de construir un ser vivo, alimentándolo con un rayo de electricidad, Ospina comenzó a investigar y manejar una serie de materiales históricos, geológicos, geográficos y literarios durante casi tres años para escribir la novela El año del verano que nunca llegó (Literatura Random House, 2015).

En entrevista con MILENIO, Ospina define esta novela como “un viaje más bien deleitable por hechos literarios que son muy conocidos, pero en los que es posible todavía descifrar muchas cosas y hacer descubrimientos, encontrar vertientes secretas y caminos ocultos que vinculan unos hechos con grandes momentos de la modernidad. Las recreaciones desde la historia literaria de los hechos que se narran en esta novela suelen detenerse más en el costado de los poetas románticos, en Suiza y la época de la Revolución Francesa, y el aspecto geográfico, geológico y meteorológico, la falta de verano en el hemisferio norte por la erupción de un volcán, lo habían señalado más los periodistas. Sin embargo, la literatura no les había sacado suficiente partido”.

Montón de fenómenos

Para Ospina, Premio Rómulo Gallegos 2009, lo interesante ha sido comprobar que lo que llamamos inspiración no es como el brote súbito de unas ideas de la nada, sino el momento en que un montón de fenómenos que estaban actuando en la imaginación y en la senilidad de la gente maduran y se expresan de una manera plena.

“Nada comienza de repente. Mi novela en ese sentido es también una introversión sobre el hecho creador mismo y qué es lo que lo genera: si súbitamente es asaltado por una idea genial o es una maduración secreta, y si en el trasfondo de estos monstruos de comienzos de la era romántica hay otros monstruos, como las revoluciones Francesa e Industrial,  el racionalismo, el comienzo de los delirios de la razón sobre la posibilidad de crear vida o inteligencia artificial, y cómo esas cosas logran encontrar en sensibilidades muy delicadas y atentas su metáfora creativa y estética”.

Ospina se pregunta si, por ejemplo, “la amenaza del cambio climático actual, un cambio severo del clima, obrado no ya como hace dos siglos por una fuerza de la naturaleza, sino por la propia acción humana en la Tierra, no nos abocará a unas transformaciones profundas de la cultura, y si la imaginación humana va a engendrar cosas que no sospechamos debido a esos fenómenos”.

Añade: “He podido comprobar que lo que llamamos inspiración no es como el brote súbito de unas ideas de la nada, sino el momento en que un montón de fenómenos que estaban actuando en la imaginación y en la senilidad de la gente maduran y se expresan de una manera plena”.

Sobre los dos personajes (Frankenstein y el vampiro) que surgen de aquellas condiciones climáticas, sociales, geográficas y humanas en Villa Diodati hace 200 años, Ospina explica que no ha tratado de hacer interpretaciones para descifrar esos mitos, porque considera que su fuerza está en su carácter de misterio y de enigma, y forma parte del espíritu romántico asumir que hay cosas inexplicables.

Concluye: “Necesitamos cada vez más pensar que en el mundo hay otras fuerzas que no son las de la razón instrumental, las de la previsión y el control absoluto humano de la realidad. La verdad es que la racionalidad humana parece muy hábil y abarcadora, pero el ser humano deja muchas cosas sin resolver, y sus aventuras racionalistas tienden a crear más problemas de los que resuelve. La sociedad moderna ve cómo hemos creado una industria muy eficiente, pero el planeta parece escaparse de nuestras manos. Algunas cosas elementales no están resueltas y lo que resolvemos no lo hacemos tanto por humanismo y espíritu civilizatorio, sino que casi toda nuestra actividad va encaminada a obtener lucro y rentabilidad y allí se aplica toda la racionalidad”.