El quinteto Ónix, tradición de la contemporaneidad

El ensamble festeja sus 20 años con un concierto hoy a las seis de la tarde en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
El grupo ha comisionado y estrenado más de 200 obras de cámara.
El grupo ha comisionado y estrenado más de 200 obras de cámara. (Especial )

México

El flautista Alejandro Escuer reflexionaba hace días sobre la necesidad de concentrarse en los procesos y en los tiempos que llevan las cosas, más que en los destinos. Ónix, grupo que cumple dos décadas, "es la ratificación de esa filosofía", dice su líder en entrevista con MILENIO.

Ónix realizará una celebración que abarcará hasta el año próximo. Además de varios conciertos en México y el extranjero, comisionarán nuevas obras y editarán varios discos en el sello Urtext Digital Classics. La fiesta iniciará hoy a las seis de la tarde con la música de Toru Takemitsu, Steve Montague, Charles Halka, Sebastian Currier y el propio Escuer, en un concierto en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

El quinteto está conformado por el clarinetista Fernando Domínguez, el violinista Abel Romero, el violonchelista Edgardo Espinosa y la pianista Edith Ruiz, además de Escuer. Por sus filas han pasado varios músicos destacados, como Rodrigo Macías, José Areán, José Luis Castillo, Mónica del Águila, Juan Carlos Laguna y Lidia Tamayo.

Al hablar sobre Ónix, grupo que ha comisionado y estrenado más de 200 obras de cámara, Escuer afirma que "no hay un destino nunca. Siempre hay que estar construyendo un futuro para la música mexicana de concierto. Para Ónix ha sido un reto, un privilegio y muchas satisfacciones estar en este camino. Ha sido una gran aventura, y lo que me satisface es que existe un legado: podemos hablar de cientos de partituras dedicadas al grupo, que existen como un repertorio que puede ser montado por los grupos jóvenes".

Bajo esta idea, agrega, "empieza a darse lo que yo llamaría una tradición de la contemporaneidad. Eso es algo que requiere de mucha paciencia: cada año es de lucha, es priorizar una comunidad antes que una carrera individual. Cuando regresé de Nueva York podría haber hecho una carrera de solista, concentrarme en mí como figura, pero preferí darle una voz a la composición mexicana, a la cuestión grupal, comunitaria. Me anima el hecho de que hay mucho talento composicional en México, mucha creatividad y un nivel de interpretación que no existía hace 30 o 40 años".

Escuer asegura que es importante darle una voz a la cultura de la música contemporánea, primero porque "existe y es de buena calidad", pero también porque hacia el exterior "se ha dado mucho más impulso a las artes plásticas y a la literatura. Ónix trata de demostrar que la música mexicana no es solo mariachi, sino que también hay un aspecto contemporáneo muy desarrollado, diverso y activo".