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Jueves , 20.09.2018 / 12:35 Hoy

¿Quién se ha llevado mis discos?

La transición del disco sencillo al de larga duración fue gradual, conforme los ingresos de un adolescente de clase media lo iban permitiendo.

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No creí que viviría para ser testigo de la hecatombe, pero el fin es inminente. Aunque había resistido a sus avisos, la historia va llegando a su fin... Pero viajemos atrás en el tiempo: para mí la historia empezó hace casi medio siglo, con un disco de 45 revoluciones con música de la película Chitty Chitty, Bang Bang. Siguió con otro de los Beach Boys, que contenía "Good Vibrations" y luego vinieron uno de los Beatles, con piezas como "Yesterday" y "Act Naturally", y otro de los Kinks, que incluía "All Day and All of the Night". La adicción a los discos fue inminente, fulminante, incurable.

La transición del disco sencillo al de larga duración fue gradual, conforme los ingresos de un adolescente de clase media lo iban permitiendo. Lo mismo ocurrió con los discos de fabricación nacional a los importados, que solo se conseguían en tiendas como Hip 70, Yoko Quadrasonic, Sala Margolín, El Ágora, Brillu's o El Mercado de Discos... Todavía los discos de vinil gozaban de salud cuando fuimos avasallados por el disco compacto y la "necesidad" de empezar una colección en otro formato.

La historia nos alcanzó y nos rebasó: ahora las descargas digitales están cautivando al mundo con la posibilidad de resguardar miles de canciones en computadoras, memorias, teléfonos, tablets y otros artefactos. Los discos se ven cada vez más lejos. Aunque los LP han reaparecido, más bien parece una moda hipster que, me temo, no será eterna (además los precios son exorbitantes). En mayo se inauguró una sucursal de la Librería Gandhi —cuyos dueños, lo digo sin dolo, me deben parte de su fortuna— y sentí un hoyo en el estómago cuando vi que no tiene sección de discos. Además recortaron el espacio destinado a los discos en la sucursal de Miguel Ángel de Quevedo. Y, por si fuera poco, hace meses comenzaron a cerrar varias sucursales de Mix Up. Las tiendas de discos comienzan a ser cosa del pasado.

Tengo discos hasta para aventar para arriba, tantos que en ocasiones me siento como los protagonistas de "La casa tomada", el cuento de Julio Cortázar, cuando percibo que mi espacio vital mínimo se reduce cada vez más. Es como si los discos copularan y se reprodujeran (produciendo fusiones musicales inimaginables). Aun así, busco nuevos-viejos ejemplares. Si un día me encuentran gritando en la calle: ¿Quién se ha llevado mis discos? porque ya no hay donde comprarlos, los nacidos en la década de los 50 y antes entenderán: música en descarga no es música. ¡Quiero mis diiiscos!

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