AL, punto de reunión y ritual entre amigos

El emblemático lugar tiene 74 años de existir; ha recibido a estrellas, luchadores y artistas.
José Otero Rodríguez, encargado del tradicional restaurante.
José Otero Rodríguez, encargado del tradicional restaurante. (Roberto Alanís)

Monterrey

Su nombre ha sido una especie de leyenda entre los regiomontanos, que se preguntan por el significado de las dos letras azules que cuelgan en su fachada: AL.

Es uno de los restaurantes más emblemáticos de Monterrey; este espacio cuenta con más de 74 años de tradición ofreciendo su reconocido menudo tanto a luchadores, estrellas de cine, historiadores y toda clase de comensales.

Se dice que el AL viene de un letrero antiguo que decía “Álamo”. Sin embargo, don José Otero Rodríguez, con 35 años en el restaurante e hijo de Guillermo Otero, expone la versión más autorizada.

“Antes había un local que se llamaba ‘Alaska’. Cuando mi padre y otra gente compraron el local nunca cambiaron el nombre, y después con un ‘aironazo’ pues se cayó y quedó solo el AL”, expresa.

Un punto de encuentro entre amigos, así es como se define al tradicional restaurante de la avenida Madero. A este lugar acuden tanto adultos mayores, jóvenes o niños pues se vuelve un espacio de encuentro entre las generaciones.

El lugar, a la una de la tarde, está prácticamente lleno en su característico recibir con dos puertas de vidrio sin llave o pasador, pues aquí no se cierra ningún día del año y a ninguna hora.

“Sólo cerramos tres horas en apoyo al luto por la muerte de don Eugenio Garza Sada. Tuvimos que andar consiguiendo cajas de tomate o cebolla para cerrar la puerta pues no había manera, no tenemos chapa”, menciona don José quien se encarga del negocio junto a su hija Nora Otero.

Es evidente que el comensal se siente en casa. Por su propia cuenta se sirve el pan dulce –que hornean en el mismo lugar– o, incluso, toman la jarra del café para servirse.

“Me da gusto que pueda pasar eso, se sienten en confianza”, menciona.

Personajes de toda clase han pasado por este lugar, desde el Púas Olivares o Pedro Infante, sólo por mencionar algunos. También acuden agrupaciones de historiadores, promotores culturales, obreros o de distintos sindicatos.

“Aquí vienen grupos de amigos, de eso nos sostenemos, de la clientela diaria repetitiva que tienen años y años de reunirse aquí. Es un ritual para ellos”.