Un 'pulp' de lo contemporáneo; los paisajes invisibles

El universo de Dano es el de la disconformidad. Universo en que la muerte sobrevuela la ficción o lo que queda de ella, en los sueños que el joven va anotando en su libreta hay material de sobra ...
El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic (Mondadori, México, 2013),
El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic (Mondadori, México, 2013), (Cortesía)

Ciudad de México

Dano, aspirante a creador de novelas gráficas, es un joven taciturno, escéptico y solitario. Su universo es como un pulp de fantasías bizarras donde gravitan un librero sin nombre pero con pasado oscuro; Sam, el instructor de artes marciales del gimnasio que frecuenta; Jossy, escort y doble de Paris Hilton, con la que afronta un incidente gangsteril en Hong Kong; Fong, líder de un cártel oriental que domina el comercio de productos chinos y que lo acosa como a un perro, y Lou Zhang, un siniestro camaleón que controla empresas, inversiones, vidas y destinos, desde su escondrijo en otro continente. El universo de Dano es el de la disconformidad. Universo en que la muerte sobrevuela la ficción o lo que queda de ella, en los sueños que el joven va anotando en su libreta hay material de sobra para crear una saga hiperrealista.

El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic (Mondadori, México, 2013), la nueva novela de Sergio González Rodríguez, es un frenético relato que transcurre en aviones, callejuelas, garitos de truhanes y torres de libros viejos, y una puntual exploración de los registros generacionales en un planeta que se funde (y se confunde) con la globalización y sus decretos, sean el óbito de las ideologías, la persistencia de los dogmas, el acecho de la tiranía, la mansedumbre ante la violencia o el escepticismo como asidero para no despeñarse en la amarga vacuidad, porque en esta historia de encuentros, desencuentros, rencillas y venganzas, González Rodríguez bosqueja una metáfora de lo contemporáneo y sus expresiones culturales bajo múltiples lecturas: la voz del librero que en su juventud fue un revolucionario radical, guerrillero convencido de los actos extremos, guiará al lector, cuadro por cuadro, por los instantes de la vida breve de Dano y sus hazañas, experiencias colmadas de ambientes imposibles que le sirven al autor para meditar con ironía ciertos asuntos como la estafa de las utopías, el anhelo por carecer de identidad y la alucinante dimensión del poder que lo transgrede todo.

Fábula nihilista que rompe con el relato tradicional, El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic se sostiene por criaturas simbólicas de la modernidad y la añoranza del pasado: el librero representa la descreencia y la pasión por la lectura como tabla de salvación; Dano interpreta la maniquea mitología del pulp; Jossy encarna la fantasía sexual de lo mediático por inaprensible y Zhang, en su fantasmagórica y despiadada ubicuidad, espiritualiza al capitalismo salvaje, los mercados y la especulación bursátil; él es un hombre/empresa, ser/corporación que condensa todas las prácticas depredadoras y sus facultades delictivas.

De ida y vuelta a Hong Kong con escalas en el almacén de libros viejos donde se entablan debates puntillosos sobre el arte, la literatura y las historietas, y potenciada con intrigas, persecuciones y duelos sanguinarios, El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic, en su aparente sencillez, conjuga la poética imagen del vuelo interrumpido en un avión que se desploma, con la agonía de los ideales políticos y la muerte de las doctrinas, el fracaso de las revoluciones y la perversidad sistémica a nivel global en un paisaje totalizador del desencanto.