Entre la pugna por la plaza y el "carranceo"

Entre los años de 1913 y 1914, la ciudad siguió su curso normal, pero sus habitantes vivían esquivando en cada esquina alguna descarga de revólveres o metralletas.
Los constitucionalistas eran comandados por el general Pablo González. La mortandad por las batallas fue grande.
Los constitucionalistas eran comandados por el general Pablo González. La mortandad por las batallas fue grande. (Especial)

Monterrey

El paso de la revolución en Monterrey fue un periodo difícil. Una mirada mal encauzada podría desencadenar la descarga de una Colt en plena calle y a la luz del día.

Entre los años de 1913 y 1914, la ciudad siguió su curso normal, pero sus habitantes vivían esquivando en cada esquina alguna descarga de revólveres o metralletas.

Las fábricas más importantes de la época eran la Cervecería, la Vidriera y la Fundidora, y ninguna de ellas dejó de operar. Por ello, cientos de obreros se dirigían a sus centros de trabajo mientras huertistas y constitucionalistas se peleaban el control de la ciudad.

“En una entrevista que le hicimos al gobernador Pablo Quiroga, hace más de 20 años, decía que él iba a llevar lonches a la Cervecería en plena época de combates y su mamá sólo le decía que se cuidara mucho. Así estaba la situación”, narra el historiador Héctor Jaime Treviño.

Al cumplirse cien años de la toma de Monterrey por los ejércitos de Venustiano Carranza y Pablo González, vale la pena recordar que se han vivido otros periodos de extrema violencia además del ocasionado por la guerra del narcotráfico de años recientes.

MIGRACIÓN A TEXAS

A partir de 2009 se generó una fuerte migración de regiomontanos -además de veracruzanos y queretanos- hacia Houston. Incluso se estima que el 30 por ciento de la inversión extranjera en la ciudad proviene de Nuevo León.

La situación no es nueva. Tras la instauración del gobierno revolucionario en 1914, muchas familias y empresarios de Monterrey decidieron mudarse al vecino estado norteamericano, aunque principalmente a San Antonio y Laredo.

“Parte de la sociedad se fue, pues había el miedo que tanto revolucionarios como del mismo ejército se robaran las cosechas o a las mujeres. También podía ser que una mirada mal dirigía a algún borracho podía descargarte su revólver”, relata Treviño.

“CARRANCEAR” LO QUE SE PUEDA

Los carrancistas que tomaron la ciudad no eran propiamente unos caballeros. Todo tomaban y sin pedir permiso, porque se sentían traicionados por los regiomontanos, a quienes acusaban de apoyar a Victoriano Huerta.

Se trataba de un ejército mayor a las 8 mil personas y había que dotarlos de alimento, ropas y armas. Por eso, a la hora de satisfacer las necesidades no importaba mucho si tenían o no dueño.

“Llegaban y tomaban todo y poco a poco la gente empezó a utilizar el carrancear que no significa otra cosa más que robar”, expone.

No fueron tiempos fáciles, pues prácticamente hasta la década de los 40 no estaba prohibido portar armas entre la población, por lo que cualquier pleito de cantina terminaba a balazos.

“Yo podría asegurar que fue un periodo más difícil que el que vivimos hace años”, señala el historiador.