REPORTAJE | POR ADRIANA DÍAZ ENCISO

Las puertas de Blake

Peligra la residencia del artista inglés

Tim Heath, presidente de la sociedad que protege el legado del poeta, abrió desde 1993 El Instituto de la Imaginación en la única casa del escritor, pero tras 20 años de arrendamiento, el dueño se disponen a convertirla en oficinas.

Ciudad de México

El número 17 de South Molton Street, al borde del frenesí consumista de Oxford Street, es un modesto edificio georgiano que por siglos ha tenido un establecimiento comercial en la planta baja. En otros tiempos se vendían huesos de ballena para sostener las amplias faldas de las señoras. Hoy las señoras llevan breves faldas, y la planta baja es un salón de depilación a la brasileña —para cuando no llevan ninguna. Bajo el donoso letrero del Ministry of Waxing, una placa de aire más sereno nos informa que aquí vivió el poeta y pintor William Blake.

De los ocho edificios que habitó en Londres el visionario inglés, solo éste queda en pie. Aquí Blake y Catherine, su esposa leal además de asistente en el laborioso proceso de impresión e iluminación, hacían frente a la pobreza y el olvido sin mucho más pan que el de la imaginación. Era abundante.

En uno de los dos pequeños cuartos que ocupaban, presidido por la prensa de grabado, fueron impresos dos de los poemas proféticos más poderosos de Blake: “Milton y Jerusalén”, compleja obra cumbre de la mitología Blakeana, y luego el trabajo del inacabado “Vala o los Cuatro Zoas”, además de su producción como grabador comercial. La pareja venía del catastrófico final de su estancia en Felpham, que en 1803 los arrojó de regreso a Londres más pobres de lo que habían salido, más humillados por el establishment y sacudidos por el roce de Blake con la ley, cuando fue enjuiciado por sedición. Aquí restañaron sus heridas durante 18 años, aspirando los vapores de ácidos y tintas, exhalando los de la creación.

En 1993 un piso de este edificio despertó de su letargo de tiendas y oficinas con el eco de un espíritu afín y dio a luz al Instituto de la Imaginación, empresa temeraria de consultoría y diseño para proyectos engendrados por la luz excéntrica de la imaginación disidente que a su vez financiarían creación e investigación. Desde entonces se aspiraba a adquirir el edificio para donarlo en fideicomiso como una celebración activa de Blake.

Se quiere preservar el edificio como espacio de la inteligencia disidente

El fundador del Instituto, Tim Heath, miembro de la Blake Society casi desde sus inicios y presidente de la misma desde hace 10 años, trajo a este edificio con inusitada generosidad y luminosa inteligencia un ideal y mucho del espíritu lúdico blakeano, y abrió las puertas de la única casa en pie de William Blake en Londres para todo el que quisiera visitarla desde el Reino Unido o el extranjero. Eso ha hecho durante 20 años, sin más retribución que la satisfacción de facilitar el que entre estos muros aún sucedan cosas, de preferencia extraordinarias.

A este espacio se llega subiendo las escaleras estrechas y crujientes hasta el tercer piso. En el salón que da a South Molton Street las palabras, parafraseando a Blake, vuelan en todas direcciones: los muros están cubiertos de escritura, citas de Blake textuales o reimaginadas, versos de otros poetas, ideas repentinas. “Escribo en South Molton Street lo que veo y lo que oigo en regiones de Humanidad, en las calles de Londres que se abren”, escribió Blake desde aquí.

El visitante escucha la historia de los Blake entre estos muros, o la de la titánica batalla intelectual del artista interpelando al mundo y al universo mismo, ignorado por todos, sustentado por la visión interior. Se marcha luego conmovido, pues en estos que siguen siendo humildes cuartos de una casa georgiana fueron creados portentos, en las más contrarias circunstancias.

Las puertas de esta casa, gracias a la devoción sostenida de un individuo y, en ocasiones especiales, el entusiasmo de la Blake Society, reciben constantemente visitantes de todo el mundo que vienen a rendir honores al espíritu del visionario de Soho y a imaginar que descifran sus huellas. No firman necesariamente un álbum de visita; lo que dejan es la huella de la visión propia, como lo hizo el poeta Lawrence Ferlinghetti, cofundador de City Lights Books en San Francisco, quien antes de marcharse pidió papel y lápiz para dejar como tarjeta al Ángel Encendido del Deseo.

Nunca he visto en esta casa otra cosa que no sea la voluntad de dar: mostrar los cuartos de Blake al entusiasta y propiciar el diálogo sobre el significado de la obra y el espíritu de un artista que a cerca de 200 años de su muerte sigue transitando por el filo incómodo del genio irreductible a dogmas. Este ha sido centro de múltiples celebraciones de inspiración blakeana, con exposiciones y, en su momento, controversia, nunca distante de Blake, que sigue siendo espíritu armado de flechas de deseo; aquí se han festejado las cinco horas de desesperación de que da fe la entrada de su diario del 20 de enero de 1807: “entre las Dos y las Siete de la tarde —Desesperación”, en una tarde de poesía que culminó a las 7 en punto. En 2011 nos dimos cita a media noche para invocar las visiones que Blake compartía con el artista y astrólogo John Varley, sesiones de las que nacieron sus Cabezas Visionarias. De la nuestra, a la luz de las velas, nacieron dibujos, poemas, conversación y silencio, tiempo subvertido en ese espacio y esa hora para aprender a ver. Se ha conmemorado la más extravagante de las Cabezas Visionarias, el Fantasma de una pulga, que luego Blake pintó de cuerpo entero en esta casa, con la interpretación del espectro de una novelista gráfica. Se ha celebrado el cumpleaños del poeta con un pastel grabado (en betún) con “Infant Joy”, de los Cantos de Inocencia, y un juego de cartas en que el azar marca concordancias entre fragmentos de su obra. “Un Día de la Transfiguración” —una de sus historias bíblicas favoritas— fueron admitidas no más de las personas reunidas en la montaña encumbrada para explorar su significado partiendo de la acuarela de Blake del mismo nombre. Los cuartos estrechos de la casa se han expandido como buena materia Blakeana para recibir a mayores contingentes, que han venido a escuchar la música de compositores inspirados por Blake.

Todo esto ha sido posible gracias a un esfuerzo considerable, merced a un acuerdo de arrendamiento que permitió ocupar al principio el primer piso, luego descender en la escala social (es decir, ascender al ático, previamente utilizado por una dama de la noche; no pocas recibían clientes, en la calle y en el área, también en la noche blakeana). Ahora el contrato está por expirar. Previendo lo que estaba por venir, se pidió el apoyo del distrito de Westminster para proteger al edificio de la voracidad inmobiliaria y que pudiera seguir abriendo sus puertas a los visitantes. La respuesta de Westminster es digna de mención en el rubro de lo infame: “Blake le habrá dado mucho al mundo, pero no a Westminster”.

Hay una visión para el futuro del edificio entero que insiste en exaltar la imaginación disidente y convertirlo en un entorno vivo de celebración de Blake, dedicado a las artes y la literatura, formando un fideicomiso integrado por diversas partes independientes, entre ellas la Galería Tate.

Que el empeño en conservar el número 17 de South Molton Street obedece al deseo de proteger y compartir el legado de Blake es cosa bien sabida por el propietario del edificio. Debe parecerle poca cosa, en vista de las cantidades exorbitantes que podría exprimirle ahora al inmueble. Nervioso ante la obcecación blakeana, el mes pasado recurrió al viejo método disuasivo del atropello. Forzó a golpes las puertas, cambió las cerraduras, empezó a repintar y pegó avisos de desalojo por todo el edificio, acciones todas ilegales, pues el contrato de arrendamiento no ha expirado.

Pocos saben la amenaza que pende sobre la última casa londinense de William Blake. No consuela decir que es quizá el destino lógico para la casa de quien en vida pagó el precio que se impone siempre al genio radical. Si el edificio es dividido para su venta en varias unidades, nunca podrá reintegrarse de nuevo. Si se expulsa a quien ha mantenido la puerta de Blake abierta durante los últimos 20 años para emparejar el inmueble como espacio exclusivo de tiendas y oficinas, ¿quién la volverá a abrir?