¿Cómo se puede representar al profeta Mahoma sin ofender?

El ataque contra la revista satírica francesa "Charlie Hebdo" reabrió el debate sobre el uso de las imágenes en el islam.
La última tapa de "Charlie Hebdo".
La última tapa de "Charlie Hebdo". (Stephane Mahe/Reuters)

París

“Todo está perdonado”, reza la última portada del semanario francés Charlie Hebdo y el profeta Mahoma en llanto sostiene también una pancarta: “Yo soy Charlie”.  Otra vez un dibujo del Profeta, lo cual plantea el tema de la representación de la principal figura del islam, y de la figura humana en general, en la tradición islámica.

El Corán no prohíbe la representación del Profeta, ni la representación humana en general. Escrita en una sociedad donde la imagen estaba por lo general ausente (la península arábiga en el siglo VII), el texto no la menciona ni una sola vez: “El vino, los juegos de azar, los ídolos son abominaciones inventadas por Satán. Absténganse de ellos”. La palabra “ídolos”, literalmente “piedras levantadas” designa las estatuas de los paganos.

La sunna (“conducta”), el conjunto de palabras y acciones de Mahoma, un amplio corpus diferente del Corán clasificado y puesto por escrito entre los siglos VIII y IX, tampoco prohíbe representar al Profeta. Pero define una actitud desafiante ante la representación de humanos y animales. Las imágenes son sospechosas, asociales a los ídolos. También, en el epistolario de dichos (hadiths) de Mohamed al Bujari (810-870), tres actitudes son posibles hacia ellas: tolerarlas, pero absteniéndose de producirlas; condenarlas o destruirlas. El texto detalla los episodios de la vida del Profeta extraídos de los hadiths sobre los cuales la tradición se basa para retirar las imágenes de los lugares de culto.

Lo que se les reprocha a quienes representan al Profeta es pretender imitar el trabajo de Dios: se pretende imponer un alma a la materia creada y supone una creación paralela a la de Dios. “Esto llevó a que en el siglo XIX, más allá de algunas excepciones wahabitas [una doctrina rigorista nacida en el siglo XVIII, oficial en el reino de Arabia saudí], todos los teólogos aceptaran la fotografía y el cine. “Ellas no hacen más que reproducir lo que Dios ya creó”, afirma Silvia Naef, profesora en el Departamento de Estudios Árabes de la Universidad de Ginbebra.

El rito excluye así las imágenes, como en el judaísmo y el calvinismo: no hay en las mezquitas. Pero esto no impide a las personas tenerlas en sus casas o representarlas en la calle, en el espacio profano.

Los muros de los palacios de los califas omeyas de Damasco (661-750), las residencias aristocráticas y los baños se adornaban con escenas de caza, con figuras humanas y animales. También se encuentran numerosas representaciones humanas, así como figuras sagradas e incluso del Profeta en la India en el periodo mongol, en el Imperio Otomano y en Persia, del siglo XIII al XVIII y figuran en las crónicas, en las obras literarias, en la poesía, en obras místicas...

Según el historiador del arte Christiane Gruber, el Profeta aparece en miniatura en una serie de configuraciones estereotipadas. También pudo haber sido representado junto a profetas anteriores al advenimiento del islam. La imagen, tomada de una obra persa del siglo XIV para explicar la vida de los profetas, muestra a la vez una visión del profeta Isaías: Jesús (que el islam considera como un profeta) y Mahoma cabalgando lado a lado.

Mahoma también pudo ser representado en los textos que relatan la ascensión del Profeta (mi’râj) de la Meca a Jerusalén: se lo ve sentado sobre el Domo de la Roca en Jerusalén y hoy se lo encuentra representado, entre otros ejemplos, en los libros de educación religiosa para los niños en Irán.

También, dibujos animados que cuentan a los niños los comienzos del islam son producidos por Disney, pero sin el Profeta: utilizan un narrador o figuras simbólicas.