Pueblo fantasma

Cuando las fuentes de riqueza se agotan, los pocos pobladores que no tienen otra alternativa que permanecer en sus lugares de origen, caen en la desgracia y pobreza.
La violencia, una auténtica fábrica de pueblos fantasma.
La violencia, una auténtica fábrica de pueblos fantasma. (Especial)

México

Históricamente la fundación de las ciudades se ha debido siempre a razones económicas. La proximidad al agua: ríos, mares o lagos, el acceso a los recursos naturales como la agricultura, la ganadería, la pesca, la minería, el crecimiento de la industria o la proximidad a las rutas para el comercio, han sido invariablemente los factores del desarrollo de los pueblos, que crecen para convertirse en ciudades y después en metrópolis.

El suelo urbano se valora respondiendo a las leyes de la oferta y la demanda de vivienda, servicios, comercio, transportes e industria. Es inevitable que los terrenos con una ubicación privilegiada en la traza urbana sean objeto de la especulación, que no es más que un juego de espejos. Los propietarios de los predios con alto valor, en ocasiones los abandonan o los mantienen cerrados en espera de oportunidades para obtener ganancias mayores. Durante las crisis económicas, como la que ahora comienza, la especulación inmobiliaria es aún mayor que en tiempos de estabilidad.

Cuando las fuentes de riqueza se agotan, las ciudades se quedan desiertas y los pocos pobladores que no tienen otra alternativa que permanecer en sus lugares de origen, caen en la desgracia y pobreza. Tal es el caso de pueblos mineros en México, como Mineral de Pozos y Real de Catorce, que fueron abandonados al agotarse la actividad minera que los sostenía. Más recientemente ambos sitios han resurgido gracias al turismo, aunque nunca volverán a ser como en sus tiempos de apogeo.

Pero no solamente en Mexico existen pueblos fantasma, también en Estados Unidos, ciudades como Detroit y gran cantidad de poblaciones en Pensilvania, como Chester y York, han quedado semidesiertas después de que las armadoras de automóviles y las plantas siderúrgicas se mudaron a otros países.

Esta semana nos enteramos mediante una inquietante crónica de Héctor de Mauleón, publicada en el diario El Universal, acerca de Jáltipan de Morelos, un pueblo fantasma en el sur de Veracruz. Los 40 mil desventurados habitantes de Jáltipan no se atreven a salir de sus casas después de las diez de la noche, y viven en constante terror por los numerosos crímenes y secuestros que suceden diariamente, ante la indiferencia de las autoridades. Los negocios, comercios y empresas han ido cerrando gradualmente debido a la extorsión y la violencia que los afecta directamente. Los habitantes de Jáltipan aseguran que el grupo criminal los Zetas se ha apoderado del pueblo, y ni el gobierno estatal ni el federal han acudido en su ayuda. La violencia es, desde hace años, el mecanismo de aniquilación de las comunidades en casi todas las latitudes de nuestra geografía nacional, una auténtica fábrica de pueblos fantasma.