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Miércoles , 20.06.2018 / 18:43 Hoy

Publicarán libro de la escritora que dejó brillar a Cortázar

Mario Vargas Llosa asegura que Aurora Bernárdez traducía y escribía maravillosamente, pero "se abstenía de publicar para que hubiese un solo escritor en la familia".
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Milenio Digital

El libro de Aurora reúne por primera vez la poesía, los cuentos y algunos otros textos de la traductora y escritora argentina, Aurora Bernárdez. La publicación es impulsada por Philippe Fénelon, autor de la única entrevista extensa que concedió Aurora, que en público era una lápida sobre su vida privada, en particular sobre su matrimonio con Julio Cortázar, de cuya obra fue heredera.

"Después de su muerte encontramos entre sus papeles unos poemas que había escrito y unos cuentos, que ella no había destruido, pues aunque nunca quiso hacerse valer como escritora, tampoco destruyó lo que hizo", explicó Fénelon.

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"Creo que siempre tuve una vocación de oscuridad y de secreto" es la frase anotada por la propia Aurora Bernárdez, hacia el final de su vida, en un cuaderno que resume, según Fénelon, "su vínculo tan particular con la literatura". El hecho de que no destruyera estos poemas y relatos expresa la idea que tuvo de que "quizá algún día podrían publicarse".

[OBJECT]De origen gallego, Aurora Bernárdez rehuía de todo protagonismo y ejercía la literatura de puertas para adentro, en la más estricta intimidad. "Julio fue un hombre para afuera, mientras yo seguí siendo para adentro", le confesaba a su viejo amigo Fénelon

Mario Vargas Llosa, recuerda Fénelon, siempre estuvo seguro de que Aurora "no sólo traducía —lo hacía maravillosamente—, sino también escribía, pero se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiese un solo escritor en la familia".
Fénelon está de acuerdo con esta tesis: "Después de casarse con Cortázar y metida en el trabajo de la traducción, prefirió no dedicarse a ser escritora, seguramente para no enfrentarse a esa maldición que persigue a las parejas de escritores, en la que uno sobresale o uno es visto como más interesante que su pareja".

La poesía recogida estaba en una parte de la casa familiar mezclada con otros papeles del domicilio, donde Fénelon había ordenado los papeles y la biblioteca diez años antes de la muerte de Aurora. Las agendas estaban en un cajón de un pequeño despacho, donde Cortázar habría escrito Rayuela.

"Tras ver el material, vimos que tanto la poesía como los cuentos eran interesantes y estaban prácticamente todos terminados", cuenta Fénelon, quien invluyó una transcripción de esa larga entrevista en el volumen publicado por Alfaguara.

[Aurora Bernárdez y Vargas Llosa en 2013]


LOS INTERESES DE UNA VIDA

De los cuadernos, Fénelon se hizo cargo de su recopilación desde 1979 y los escritos se organizaron por temas: sus viajes a Santiago (1956), al argentino río Belgrano (1960) o las localidades españolas de Deià (1979), Sanlúcar (1989) y Barcelona —el último en febrero de 2002—.

[OBJECT]Ilustran su interés por la escritura o por el arte en general entradas de esas agendas como las que dedica a Pizarnik, Saint-John Perse, Silvina Ocampo, Jane Austen, P.D. James, Cortázar, Keats, Beckett, Henry Moore, Tintoretto, el Guernica o Andy Warhol.

Tras la transcripción de unos sesenta poemas, "El libro de Aurora" recoge los ocho relatos que escribió, ambientados mayormente en la Buenos Aires de su infancia: "La merienda", "Capelladas", "Una visita", "El finado", "Adelaida rota", "Madame Nicole", "Irene" y "Arrancada", este último "bastante autobiográfico", como la propia autora aclara en una nota final.

En esa entrevista, confiesa Fénelon, Bernárdez se reveló además como "una brillante conversadora, tocada por la gracia de la ironía y dotada de una memoria prodigiosa: 'Es tan difícil hacerme hablar en público como hacerme callar en privado'", le advertía.

A pesar de estar separados, Bernárdez se mantuvo siempre en contacto con Cortázar, que la nombró albacea testamentaria mucho antes de su muerte, y acabó cuidando de él cuando enfermó.


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