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Domingo , 24.06.2018 / 10:05 Hoy

Publica el INAH investigación sobre el simbolismo del oro

El libro "Los señores del oro. Producción, circulación y consumo entre los mexicas" fue presentado en el Museo del Templo Mayor.

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Milenio Digital

Resultado de una acuciosa investigación de más de tres años, el libro Los señores del oro. Producción, circulación y consumo de oro entre los mexicas permite adentrarse en el conocimiento del metal, en su proceso de obtención e importancia como símbolo de estatus de la clase gobernante, comentaron especialistas durante la presentación del volumen en el Museo del Templo Mayor.

De la autoría de Óscar Moisés Torres Montúfar, y editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la publicación da cuenta de cómo llegaba el metal a México-Tenochtitlan, vía el tributo y el comercio, y se destinaba a los altos gobernantes, como el huey tlatoani (gran señor); éste mostraba su estatus portando una diadema de oro, símbolo de nobleza y jerarquía, así como narigueras, orejeras, brazaletes y colgantes, elaborados con dicho material y con piedras y plumas preciosas.

El autor, ganador del Premio INAH 2015 por esta investigación en la categoría de Historia y Etnohistoria, mencionó que los gobernantes mexicas también utilizaban este metal para sellar alianzas y acuerdos políticos y diplomáticos. Así ocurrió durante la llegada de los españoles, cuando Moctezuma Xocoyotzin remitió una gran cantidad de regalos de oro al ejército de Hernán Cortés y sus aliados indígenas, según lo descrito por el cronista Bernal Díaz del Castillo.

El investigador de El Colegio de México dijo que los centros de extracción del oro se ubicaban en la sierra de los actuales estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Una vez que estas poblaciones fueron conquistadas por los mexicas se les exigía que periódicamente suministraran materias primas: telas de algodón, plumas preciosas y oro (el cual podía ser en polvo, en cañutos de pluma o en barras).

"En Tenochtitlan no hubo gran cantidad de oro, como en otros sitios prehispánicos de Sudamérica, sin embargo, una de las apuestas de este libro es dar a conocer que la escasez de este metal fue un factor histórico. Si el oro hubiera sido una materia prima abundante no habría sido valioso, al haber estado al alcance de un gran núcleo de población".

Producto de la consulta de numerosas fuentes históricas: crónicas de los conquistadores, frailes y funcionarios de la Corona, y los seis inventarios coloniales que consignan las piezas enviadas por los conquistadores a la metrópoli española, entre ellos los códices Matrícula de Tributos, Mendocino y Azoyú, y las relaciones geográficas del siglo XVI, el libro será, por muchos años, la obra de consulta obligada para quienes quieran adentrarse en el conocimiento de este metal, opinaron el historiador Hugo García Capistrán y el arqueólogo Leonardo López Luján.

Hugo García, historiador de la Universidad Nacional Autónoma de México, refirió que el autor teje una trama con ayuda de las fuentes históricas para lograr uno de sus objetivos: mostrar la manera en que un grupo humano se interesó en el proceso de elaboración y consumo de objetos manufacturados con oro, con la intención de exhibir su superioridad.

"Torres Montúfar —prosiguió— adentra a los lectores en el mundo de esta materia prima: el trabajo artesanal, los diversos tipos de objetos manufacturados, la circulación entre la sociedad mexica y el simbolismo dentro de la cosmovisión nahua".

Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, dijo que si se considera que cada vez se hacen menos libros de esta extensión y calidad, Los señores del oro representa una ardua labor de investigación, la cual fue apoyada por el INAH.

Óscar Moisés Torres es un autor de estirpe, porque procede de una familia de científicos e intelectuales que forman parte del INAH, la bióloga Aurora Montúfar y del ingeniero geólogo Jaime Torres. Además fue un alumno distinguido de Alfredo López Austin.

En el plano anecdótico, Leonardo López Luján recordó que siendo muy joven Torres Montúfar hizo su servicio social en una de sus excavaciones, al tiempo que se forjó una amistad que permanece hasta hoy y que le permitió ser su asesor de tesis de licenciatura, la cual fue el punto de partida de la publicación.

En representación de Eduardo Matos Moctezuma, el arqueólogo Diego Matadamas, leyó el discurso del investigador emérito del INAH quien celebró contar con un volumen en el que se congrega de manera sistemática el conocimiento en torno al oro entre los technocas, desde su elaboración hasta su circulación y usos en la vida diaria y ritual.

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