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Viernes , 25.05.2018 / 10:48 Hoy

Psicópata americano

Artistas estadunidenses y mexicanos radicados en EU hacen un análisis del gobierno de Trump a un año de su arribo a la Casa Blanca. Algo positivo ha surgido: la resistencia de las letras estadunidenses contra este régimen racista

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Jorge González

El escritor estadunidense Paul Auster ha definido a Donald Trump como un “psicópata incapaz de leer un libro”; Stephen King lo llama “nuestro presidente idiota”, y Salman Rushdie ve en él, no a un jefe de Estado, sino a un “vulgar depredador sexual”.

En EU nadie se ha callado nada contra el republicano. Afuera tampoco.

Para la creadora de Harry Potter, la británica J. K. Rowling, el presidente es “un fascista en todo, salvo en el nombre”. Más rotunda, la escritora canadiense Margaret Atwood asegura que “Hillary Clinton ha sido más hombre que Trump” antes y después de la contienda electoral.

Desde que asumió el poder —hace exactamente un año—, el mandatario de la nación más poderosa del planeta ha envenenado también el mundo de la cultura estadunidense.

En la discusión del Presupuesto 2018 pidió dejar fuera los programas nacionales para las artes y las humanidades y frenar todo apoyo a bibliotecas, radio y televisión públicas de EU, pese a que solo representan 0.001 por ciento del gasto federal.

Es la primera vez que un presidente propone eliminar los subsidios a la cultura desde que Lyndon B. Johnson los instauró en 1965.

Trump ignoraba que esos programas han permitido la publicación de 7 mil libros, de los cuales 16 ganaron el Premio Pulitzer, y han sido torales para que bibliotecas, museos y universidades hayan preservado documentos de Mark Twain, Emily Dickinson, Walt Whitman y Albert Einstein.

Para tranquilidad de la comunidad artística, el Congreso de EU frenó la decisión, pero el amago del mandatario ahondó la división con los escritores y artistas de su país. Para hacer frente a este tipo de amenazas, Paul Auster anunció que a partir de 2018 encabezará el PEN America.

Además, por todo el país siguen en pie pequeñas trincheras culturales que resisten a la forma de hacer política de Trump desde el teatro, la literatura y las artes plásticas.

El año pasado, antes de ser ungido candidato republicano, más de 400 escritores estadunidenses firmaron una carta de abierta oposición a su campaña.

“Trump atrae a los elementos más viles y violentos de la sociedad; alienta la agresión de sus seguidores, intimida a los disidentes y denigra a las mujeres y minorías (…) La historia de las dictaduras —recordaban entonces autores como Stephen King, Junot Díaz y Colm Toibin— es la historia de la manipulación y la división, de la demagogia y la mentira”.

En mayo pasado hubo un choque memorable entre los partidarios del presidente y Public Theatre, la icónica e inestimable institución de las artes de Manhattan, por la puesta en escena de la obra Julio César, de Shakespeare, en Central Park.

Oskar Eustis, director artístico de la institución, vistió a su Julio César de traje azul y corbata roja, y le añadió una cresta dorada en el copete. Como lo dicta el texto del dramaturgo inglés, César/Trump muere apuñalado por un grupo de conspiradores.

La prensa de derecha (con Breitbart News y Fox News a la cabeza) vio en la obra una invitación para asesinar a un presidente en funciones y desató tal golpeteo mediático que Delta Airlines y Bank of America retiraron sus fondos al Public Theatre.

“¿Trump es Julio César?”, se le preguntó a Eustis el día del estreno.

“¡Por supuesto que no! Durante más de 400 años se ha contado esta historia. No inventamos ni una línea. Esto es Shakespeare”.

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En su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Premio Pulitzer 2008, Junot Díaz hace referencia al fukú, una maldición o condena que persigue a la familia Cabral durante tres generaciones.

Decir fukú es decir mala suerte. Para los argentinos, fukú es mufa. Para los gringos es slum, aunque en los últimos meses parece que su presidente se ha convertido en su propio fukú.

“Hay un vasto segmento del planeta que lo ve como el imbécil reaccionario que es”, dice Díaz a Laberinto, escritor estadunidense de origen dominicano.

“Para nosotros que crecimos pobres y tuvimos el color de la migración en Estados Unidos, el trumpismo (racismo) siempre ha estado presente, aunque nunca a esta escala. Uno sobrevive lo mejor que puede: leo, organizo, enseño, aprendo, hago comunidad, resisto”, asegura el profesor de escritura creativa del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Se cumple un año de Trump en la Casa Blanca…

Ha habido años mejores, pero es lo que es. Uno se centra en lo que hace, en cómo puede ayudar y te quedas cerca de las personas que comparten esta lucha. La solidaridad hace la diferencia.

¿Ya hemos visto lo peor de la sociedad de EU?

La demagogia racista de Trump ha dado poder a grupos neonazis, nativistas y homofóbicos. Esto no es nuevo, pero la impunidad con que se mueven no se veía desde los años 60 del siglo pasado. También es increíble el arduo trabajo que realizan los racistas para negar la injusticia racial en este país: el mundo se sorprendería.

García Márquez, Vargas Llosa, Roa Bastos y Miguel Ángel Asturias retrataron a los dictadores de América Latina. ¿Será Trump materia prima de la literatura?

Sospecho que su estupidez, hipocresía, venalidad y cobardía serán irresistibles para los futuros escritores.

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El encono de Trump ha tocado también a México y a sus migrantes en EU. El republicano amenaza con expulsar a 11 millones de indocumentados, insiste en que el país pague el muro fronterizo y ha puesto en la mayor de las incertidumbres a 800 mil dreamers.

Andrea Arroyo, artista plástica mexicana radicada en Manhattan desde los años 80, ha padecido directamente esta amenaza racista. En febrero pasado quedó atónita con un comentario en televisión de Juan Pablo Andrade, director de Diversidad de la oficina de Trump: “Ella es una artista que apoya a Hillary Clinton y usa su tiempo presentando a POTUS (President Of The United States) como racista, enemigo de las mujeres, nazi e incluso como inconstitucional, lo cual es profundamente irrespetuoso”.

La noche en que se confirmó la victoria de Trump sobre Clinton, Arroyo fundó el movimiento Unnatural Election (Elección Antinatural), una convocatoria por Internet a los artistas de todo el mundo para poner el arte en guardia ante lo que ya representaba el republicano.

Hasta ahora se han sumado 230 artistas de 38 países con dibujos, pinturas, ilustraciones, diseño gráfico, foto, video, performance, collage, bordado y textos. Las obras han sido expuestas hasta ahora en Nueva York, Nueva Jersey y Alaska, y pueden verse en www.unnaturalelection.com.

“Unnatural Election nació de la rabia ante el triunfo de Trump. He vivido en Nueva York por décadas y no conocía la vulnerabilidad de la democracia”, dice la artista, quien ha participado en 40 exposiciones individuales y 200 colectivas.

“Esa noche mi percepción cambió: comprendí que las fuerzas retrógradas en EU son muy poderosas y que casi la mitad de la población las apoya”, añade Arroyo, cuyos trabajos se han publicado en portadas de The New Yorker y The New York Times.

La misma opinión tiene Felipe Galindo, Feggo, creador de la popular serie de dibujos “Crónicas de Manhatitlán”, donde une a la Coatlicue con Marilyn Monroe, la Virgen de Guadalupe y la Estatua de la Libertad, Frida Kahlo y Santoclós, y hace remar trajineras por el río Hudson.

“Con Trump vivimos un nuevo tipo de extremismo. No llega a la violencia física, pero ejerce una violencia moral contundente”, dice el artista nacido en Morelos, asentado en Nueva York, y colaborador habitual de The New Yorker, The New York Times y The Wall Street Journal.

¿El arte ha sido suficiente para oponerse a Trump?

El arte no ha derrocado gobiernos, pero es una antena que capta lo que piensa y siente la comunidad. El papel del caricaturista político es cuestionar el poder. Esa crítica también está presente en el Guernica de Picasso, los murales de Diego Rivera y las caricaturas de Rius.

¿Los artistas se sienten amenazados en la era Trump?

La comunidad artística de Nueva York se aterró con su llegada, luego empezó a unirse, a resistir, a apoyar, a publicar, a no tener miedo, a salir a las calles a protestar como no se hacía desde la guerra de Vietnam o la época del desarme nuclear.

¿Trump tiene seguidores entre los artistas?

No he conocido a nadie, salvo el que hizo su retrato.

*

En el primer año de Trump al frente de la Casa Blanca han surgido nuevos movimientos artísticos y culturales contra el republicano.

Las hermanas Chris y Allison Tobey crearon en Portland, Oregon, la organización Women Writers Against Trump (Mujeres Escritoras contra Trump) justo el día que el magnate asumió el poder. Ambas organizan lecturas públicas de textos y poemas a las que asisten autoras de todo el estado.

Es una forma modesta de “resistir”, pero clara en su rechazo a las maneras burdas del republicano de atacar a minorías, inmigrantes y derechos civiles.

Artist Repertory Theater diseñó su temporada de este año a partir de temas como la tensión racial, la posverdad, la supremacía blanca y el cambio climático en un intento de “enfrentar y responder visceralmente” al presidente, según su director artístico, Dámaso Rodríguez.

El centro comunitario Open Signal y el estudio de cine Lower Boom financiaron el cortometraje Nemesis, sobre la “fragilidad masculina blanca” en tiempo de la posverdad.

Una de las más famosas Drag Queens de Portland, Pepper Pepper, narra en la obra Diva Practice la incertidumbre que genera un presidente de derecha entre los colectivos de diversidad sexual.

La revista The New Yorker ha publicado este año dos números con críticas artísticas al presidente, sobre todo cómic alternativo e ilustración hecha por mujeres.

The New York Times se negó a suspender su apoyo económico a Public Theater tras la polémica generada por la obra Julio César. “Como institución que cree en la libertad de expresión en las artes y los medios, apoyamos el derecho de Public Theater a organizar sus producciones como lo deseen”, aclaró el diario. En el mismo sentido se pronunció la matriz de CNN.

*

Jorge Volpi acaba de publicar Contra Trump (Debate, 2017), un “panfleto” político a la manera del que Carlos Fuentes presentó en 2004 contra los excesos de George W. Bush por las invasiones de EU a Afganistán e Irak y la tortura documentada en Abu Ghraib.

El autor apunta en el libro que el triunfo del magnate surge de factores como el desencanto de las clases medias en el futuro, el repudio del votante a los políticos profesionales, la incapacidad de los republicanos para frenarlo a tiempo y los medios de comunicación que repitieron sus mentiras.

¿Fallaron los políticos?

El surgimiento de un líder mesiánico es culpa del sistema político que lo permite, que luego se equivoca en combatirlo o que colabora para que eso ocurra. Trump no llegó al poder solo por su capacidad mediática, sino por el concurso de ese sistema que no tuvo candados para detenerlo.

¿Las instituciones de EU podrán contener los excesos del presidente?

Hasta ahora han podido contenerlo en alguna medida. Es claro que ha intentado cumplir todas sus promesas de campaña, y si bien ha fracasado en varias ocasiones, no desiste. Siguen adelante sus propuestas de dinamitar el Obamacare y el TLC, y de construir el muro con México.

¿Está Trump para ser materia de la literatura?

Es un personaje terriblemente negativo para el mundo, pero interesante para la literatura por sus abusos y excesos. Se trata de una figura que encarna lo peor de nuestra época, en un país donde no esperábamos su aparición. Pronto habrá novelas sobre Trump. Seguro.

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