• Regístrate
Estás leyendo: Próxima estación: el espanto
Comparte esta noticia
Martes , 16.10.2018 / 08:03 Hoy

Próxima estación: el espanto

A fuego lento


Publicidad
Publicidad

Hay novelas volcadas hacia la experimentación formal, novelas de personaje, novelas ancladas en un argumento de sobra efectista, novelas exploradoras de mundos interiores… y hay novelas, digamos, de atmósfera: son capaces de proyectar un lugar como suma y arquetipo de muchos otros. Lobo (Almadía, México, 2017) pertenece a esta categoría arquitectónica, tanto como El desierto de los tártaros de Dino Buzzati o Rascacielos de J. G. Ballard.

El Lobo es un pueblo fantasma apenas habitado, sin cura ni policías ni regidor, cercano a una hacienda en ruinas adonde va a dar la protagonista —Berenice—, una mujer que ha roto sus vínculos con la Ciudad de México y aspira a obtener una plaza en un inefable centro de investigación. La hacienda es una extensión de El Lobo: una presencia en desahucio por cuyos corredores vaga una académica que arrastra el descrédito luego de un largo historial de lances maniacos y depresivos. Anuncia, por si fuera poco, el destino de un país entero. Mientras los pocos habitantes que pueblan sus alrededores llevan consigo el estigma de alguna tara mental, del mutismo o la resignación, en su interior reina la monotonía. Discípula y académica juegan a conducir un proyecto interesado en erigir un sistema capaz de interpretar signos de toda especie que ni siquiera atinan a nombrar.

Así, entre figuras espectrales o sonámbulas y un paisaje hostil, Bibiana Camacho va imponiendo una atmósfera cargada de amenazas nunca nombradas, mucho menos vistas pero ominosamente presentidas. Hay algo en un cercano más allá, no tardamos en saber, que utiliza el sigilo para cazar a sus presas mientras duermen bajo el techo protector de sus casas, cruzan una vereda o extravían el camino. Si por momentos se inclina hacia el terror es porque el realismo con el que describe la vida intrascendente de los personajes se antoja el tono más justo para transformar los espantos cotidianos en magma literario.

Muchos de esos espantos cotidianos suelen materializarse en la desaparición de personas con la indiferencia de autoridades políticas y judiciales. Lobo no huye de tal espanto: se lanza tras él mediante una estrategia de sugerencias, de descripciones de los ambientes físicos donde interviene a sus anchas. En ese sentido, se desmarca con soltura de esas novelas —ya tan comunes— que se entregan cándidamente a la denuncia o a la simplificación sociológica.

Bibiana Camacho ha sabido expresar la vulnerabilidad psicológica de los individuos a través de las vibraciones casi imperceptibles que emite su mundo exterior —el nuestro, el que se hace llamar mexicano—, a un tris de convertirse en el solar de caza de los infames y los depredadores.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.