El arte debe ser provocación, dice José Jaime Ruiz

El libro, según explica a MILENIO el escritor regiomontano, “es más una catarsis interior, no colectiva, aunque aluda a esto último”.
Es director de la revista literaria "PD".
Es director de la revista literaria "PD". (Jesús Quintanar)

México

En su faceta de periodista, José Jaime Ruiz apuesta por hacer una crítica del mundo que le rodea; como escritor, su búsqueda corre en un sentido más íntimo, pero con un objetivo hacia afuera: recordar que el arte y la literatura siempre deben ser una provocación.

“De repente somos muy conservadores en eso del arte, ya no hay sacudidas, ni improperios, y nos quedamos con un arte conservador”, cuenta el escritor (Monterrey, 1963), a propósito del libro El mensaje de los cuervos (Editorial Posdata, 2015), en el cual se funden confesiones, minificciones, aforismos y poesía.

Explica que es “un juego en el cual el ser humano tiene que someterse a lo lúdico, a lo que nos conviene vivir, y no tanto a ese pesimismo del que hablaba antes. Más que sentencias se trata de aforismos, y hay inmoralidad en ellos, porque no quiero decir ‘la misa ha terminado’, al contrario: si te divierte, te seduce y te cambia el siguiente minuto de tu vida, ya con eso tengo”.

El libro contiene reflexiones que surgen sobre lo cotidiano, los asuntos de violencia en diversas partes del país, pero como una conversación en la que lo importante es alejarse de la solemnidad y establecer ese diálogo a partir de una manera de ver al mundo, no tanto de interpretarlo.

“A veces se busca exorcizar a nuestros demonios, pero de una manera mucho más relacionada con los presocráticos, con los moralistas franceses. Es una forma de catarsis, pero pasiva, no es el grito que lanzas en la calle, ni la alarma ni gritos profanos. Es más una catarsis interior, no colectiva, aunque aluda a lo colectivo”, explica el escritor, también director de la revista literaria PD.

Cuando Ruiz habla del aforismo lo hace a la manera en que lo define Gabriel Zaid: es un ensayo breve que ni siquiera aparece como una consigna. Es más un medio para rendirle homenaje al lenguaje y, con ello, a la lectura y a la escritura.

“A pesar de todo, a la lectura hay que disfrutarla, tener cierto placer por el lenguaje. No soy pesimista en relación con la literatura, sino con habitar en este mundo; aún creo en ese diálogo con los diferentes autores, con sus lecturas, con los que amas, con los que regresas a leer. Pero no hay un mensaje, no es un ejercicio de sacerdocio, nada más es el aullido de un autor en la intemperie”, dice.

Un aspecto que le interesaba al gestar el libro era establecer un diálogo con Monterrey, pero de una manera muy crítica ante una ciudad tan conservadora, donde a veces es muy difícil ejercer el periodismo por lo que llama “una doble moral muy vigente”.

“‘No queremos casinos en Monterrey’, dicen, pero ves todos los vuelos charter a Las Vegas. Eso es la doble moral: te preguntas cómo las autoridades estuvieron seducidas por la delincuencia. Ahora que agarraron al Z-42, te preguntas cómo es posible que haya tenido dos helicópteros y nadie sabe cómo se importaron, cómo volaba en la ciudad. Hay una connivencia de la cual uno tiene que ser muy crítico”, advierte.

Pero Ruiz está convencido de que la literatura solo tiene un compromiso con la literatura misma, no tanto con la denuncia, porque a veces creemos que vivimos en el peor de los mundos posibles, sin darnos cuenta que la humanidad ha pasado por diversas dificultades. Y aquí seguimos.