Yo soy mi propio padre

Lo que en un principio parecía un panorama disperso y etéreo, poco a poco cobró forma de un cuaderno de escritura, diario, ensayo fragmentario.
Federico Campbell. "Padre y memoria". Océano. México, 2014
Federico Campbell. "Padre y memoria". Océano. México, 2014 (Especial)

México

Hace cinco años, Federico Campbell (Tijuana, 1941-Ciudad de México, 2014) tuvo la idea de reunir en un libro una serie de ensayos y artículos con dos vertientes: la paternidad abordada en la obra de varios escritores y la memoria vista como un instrumento indispensable tanto en la ciencia, el arte y la neurofisiología. Lo que en un principio parecía un panorama disperso y etéreo, poco a poco cobró forma de un cuaderno de escritura, diario, ensayo fragmentario. Padre y memoria se publicó en una coedición de la Universidad Autónoma Metropolitana con Ediciones Sin Nombre. Y lamentablemente le ocurrió lo que sucede con títulos de ediciones universitarias: circulan poco, casi a cuenta gotas. No obstante, Campbell tuvo el acierto de proponer la reedición de estos textos a una editorial que pudiera llegar a más lectores.

Exactamente un mes después de la muerte de Federico, se puso a circular este entramado de ideas, confesiones, conjeturas y descripciones fisiológicas. Acaso en el momento en que todavía no nos acostumbrábamos a la idea de que un narrador como Campbell ya era parte de nuestra memoria.

El propio Campbell solía decir que a lo largo de la vida uno emprende, como Juan Preciado, el viaje a Comala para encontrar a Pedro Páramo. “Pero más o menos a mitad del camino de la vida, uno reconstruye al padre que le faltó. Tal vez la escritura no sea sino un esfuerzo por resarcir la figura del padre perdido”. Y también añadía una cita de Virginia Woolf: “Los padres no son como fueron, sino como los recordamos”.

En 2001, Campbell rememoró a su padre en La clave Morse. La novela plantea que treinta años después de la muerte de sus progenitores, tres hermanos se reúnen a hablar de sus padres y descubren que cada uno tuvo una percepción distinta de ellos. Aquí el autor retrata a Federico Campbell Mayén, un telegrafista, originario del norte del país, que tuvo una relación no tan estrecha y vinculada con cada uno de sus hijos. El novelista tuvo muy en cuenta lo que otros autores (Franz Kafka, Adelaida García Morales, Paul Auster, James Ellroy y Barry Gifford, entre otros) han hecho: utilizar su propia experiencia filial para inventar a sus propios padres y, de paso, a sí mismos.

Campbell aplicó la desaparición de la anécdota, por eso recurrió a otras voces para dibujar al mismo personaje. Tomó en cuenta lo que dice Juan José Saer: “Narrar no consiste en copiar lo real sino en inventarlo. Lo que distingue a la biografía de la narración es que la narración, indiferente a los hechos, es sobre todo crítica. La biografía, en cambio, más obediente por necesidad a la apariencia, trabaja con una noción incuestionable de la realidad.”