La profecía de Carlos Fuentes

El Santo Oficio.
Carlos Fuentes
Carlos Fuentes (Cuartoscuro)

Ciudad de México

El invencible optimismo del cartujo se tambalea. Atemorizado, se santigua y encomienda su alma al Creador. No le queda otra cosa cuando las predicciones de Carlos Fuentes parecen volverse realidad y el país se encuentra en el callejón de los espantos.

Dos meses antes de su muerte, ocurrida el 15 de mayo de 2012, el escritor habló con el monje del probable regreso del PRI a la Presidencia de la República. Lamentó la naturaleza endeble del entonces candidato Enrique Peña Nieto, quien en diciembre de 2011 había derrapado en la FIL de Guadalajara cuando un reportero le preguntó sobre los “tres libros que han marcado su vida”. El mexiquense se hizo bolas, tartamudeó, pidió ayuda y se extravió en el laberinto del desconcierto.

¿Existe un desdén de nuestros políticos por la cultura?, le preguntó el trapense a Fuentes. “Si existe, deben ser lo suficientemente inteligentes para no mostrarlo —aseguró—. Si yo hubiera sido Peña Nieto en la FIL de Guadalajara, hubiera respondido que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos era mi libro favorito y con eso libraba el problema. Lo malo, en su caso, no es que no haya leído, es que no sepa contestar una pregunta, que no sepa evadir un problema, y va a tener muchos”.

Los primeros meses de Peña Nieto en la Presidencia superaron las expectativas y el “momento mexicano” asombraba al mundo cuando sucedió la masacre de Iguala y todo se derrumbó. Entonces, el amanuense volvió a recordar las palabras de Fuentes en aquellos momentos previos a la elección presidencial de 2012, disputada por Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto, abanderados, respectivamente, del PAN, el PRD y el PRI. “Hay tres partidos y hay muchos problemas —decía el escritor—. Lo interesante es que los problemas son muy grandes y los partidos muy pequeños, y sus candidatos también; unos peores que otros, pero ninguno se ve capaz de resolver los problemas de este país. Quién sabe qué vaya a pasar, pero si no se afrontan ahora los problemas de México, tarde o temprano van a presentarse con más virulencia, con más energía, y pondrán en más dificultades a quienquiera que esté gobernando el país a partir de 2013”.

Durante más de 20 meses, adulado en México y el extranjero, Peña Nieto no dejó de verse en el espejo de los triunfadores. Sus éxitos parecían desmentir las palabras de Fuentes, y como todo le salía bien ignoró la sana costumbre de la autocrítica. En esto también había sido puntual el autor de La región más transparente, cuando le dijo al fraile: “El poder se engolosina consigo mismo y con sus soluciones, y cree que no hay otras. Lamentablemente los presidentes están rodeados de lambiscones, y todos le dicen: ‘qué bueno lo que hace usted’. Pocos se atreven a decirle ‘qué mal’, ‘váyase por otro lado’”. O no es usted tan guapo ni tan eficiente como creía.

Queridos cinco lectores, con la voz de Piero cantando “Mi viejo” (el de “la tristeza larga, de tanto venir andando”), El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.