¿Compras comida orgánica? Quizá estés tirando tu dinero

Estudios científicos recientes sugieren que los productos orgánicos podrían no ser tan sanos ni tan nutritivos como muchos creen.
Estudios señañan que los alimentos orgánicos podrían no ser tan nutritivos después de todo.
Estudios señañan que los alimentos orgánicos podrían no ser tan nutritivos después de todo. (Flickr/Bethel Organic Foods)

Ciudad de México

Desde hace algunos años, muchas personas han modificado sus hábitos de compra y consumo para elegir alimentos y complementos alimenticios etiquetados como “orgánicos”, ya sea por la creencia de que éstos son más nutritivos que los alimentos convencionales, o bien, por razones éticas o de conservación del medio ambiente. Sin embargo, estudios científicos recientes muestran que dichos productos orgánicos —que en general son más caros— no necesariamente son tan buenos para la salud como muchos sostienen.

Para empezar, ¿qué es un producto orgánico? Según una definición muy básica, un alimento orgánico es aquel que se obtiene mediante la agricultura orgánica; es decir, aquella que promueve el equilibrio ecológico, conserva la biodiversidad y los ciclos naturales de los recursos renovables del planeta. Pero la etiqueta de “orgánico” no se refiere a qué tan saludable es un alimento. Entonces, ¿de dónde provino esta idea? Al parecer, de la mercadotecnia. Los productores y distribuidores de alimentos orgánicos nos han hecho creer que el término “orgánico” es un sinónimo de saludable, y este argumento se ha convertido en un poderoso detonante de compra: según estadísticas del mercado estadunidense, 72 por ciento de los consumidores adquieren comida orgánica por razones de salud.

No obstante, un estudio publicado en los Annals of Internal Medicine encontró que no existe una diferencia sustancial en el contenido nutricional de los alimentos orgánicos en comparación con los producidos convencionalmente —de hecho, la densidad nutricional varía más en función de las condiciones climáticas en que creció el alimento que por el método con que fue cultivado. Dena Bravata, de la Universidad de Stanford es categórico al respecto: “No existe mucha diferencia entre la comida orgánica y la convencional, si eres una persona adulta y tomas tu decisión exclusivamente por motivos de salud”. Un estudio posterior, que apareció en el British Journal of Nutrition, encontró que en efecto los alimentos orgánicos aportan más nutrientes que los convencionales, pero que la diferencia entre ambos es mínima.

Otro tema que preocupa a los consumidores de comida orgánica es el uso de pesticidas sintéticos en los alimentos convencionales. Ante eso, vale la pena aclarar que tanto los productores de alimentos transgénicos como los de comida convencional u orgánica usan pesticidas para proteger sus cultivos de organismos que pueden arruinarlos. Y, de hecho, algunos pesticidas orgánicos son tan dañinos como los pesticidas sintéticos: todo depende de la cantidad que emplee el productor.

El riesgo que se corre con respecto a la comida orgánica es que la gente que no cuenta con los recursos para adquirir estos costosos productos evite consumir productos no orgánicos por razones de salud y no esté nutriéndose adecuadamente. El nutriólogo Toby Amidor ha detectado que existe un creciente grupo de gente de bajos recursos que no puede comprar productos orgánicos y de plano prefiere dejar de comer frutas y verduras convencionales porque piensa que le harán daño. Lo importante es comer las suficientes frutas y verduras; elegir alimentos orgánicos, más que una obligación, es una cuestión de preferencias —señaló Amidor.

FM